He de confesar que no estoy siguiendo demasiado esta campaña electoral, que pocos defienden y menos aún apoyan, porque de todo se cansa una; aunque otrora -y no descarto que así vuelva a ser- la comunicación política haya sido uno de mis principales intereses. Y es que hubiese sido más razonable, económico, saludable y hasta, probablemente, democrático que un pacto entre partidos hubiese acabado con este ‘desgobierno’. Pero no sufran que no faltaré a mis principios en este artículo hablando de política al uso y mucho menos un viernes de mediados de junio, que los calores en Murcia no perdonan. Pero me apetecía mucho reflexionar en voz alta sobre el nuevo modelo o formato de campaña al que desde hace unos años vamos derivando, en el que más que buscar un presidente de Gobierno parece que hacemos casting para compañero de piso.
Me habrán visto pocas veces pronunciarme sobre estas cuestiones, más allá del estilismo de nuestros gobernantes o aspirantes a, pero está vez sí que daré mi opinión, y es que estoy totalmente en contra de la política espectáculo que impera en muchos medios de comunicación. Hace unas semanas en el cara a cara entre Rivera e Iglesias, Jordi Évole hacía una reflexión a ambos candidatos apuntando que habíamos visto presidenciables llorar, besarse en la boca, dar vueltas de campana en un rally e incluso cantar y tocar la guitarra. Y se preguntaba qué era lo que no íbamos a ver en televisión. Yo sinceramente no apostaría mi mano a nada por temor a perderla ya que creo que una vez sobrepasados ciertos límites ‘the show must go on’.
En mi humilde opinión considero que en un ‘casting’ de presidentes es innecesario e irrelevante saber a qué hora y con qué frecuencia le gusta a Rivera practicar sexo e incluso conocer que obra entre las pertenencias de Pablo Iglesias un juego de dados eróticos, porque mis intereses hacia sus personas distan mucho de ser sexuales. Pero no por ser ellos, o porque me gusten más o menos las coletas, me ocurre lo mismo con el resto de candidatos. Aunque parece que no comparto intenciones con otras compañeras de profesión que no tienen pudor en confesar que se vuelven locas con el culito de Sánchez. No sé quién lo hace peor, si unos por proponer o los otros por aceptar. Quiero unos candidatos formados, informados, preparados, cercanos, sinceros y honestos, entre otras cualidades, dejando claro que la cercanía está muy lejos de estas confidencias de programa del corazón. Políticos que demuestren solvencia para hacer de España un país mejor, que para las cañas y las juergas ya tengo yo a mis amigos. No sé cuál fue el origen de esto ni por supuesto dónde vamos a llegar pero creo que cierta intimidad familiar y personal da un aire de respeto a los candidatos. Creo que esto es algo que iba haciendo bastante bien Rajoy hasta que soltó un cachete a su hijo en un programa de radio deportivo. Habrá que esperar a lo que nos queda por ver.
Es evidente que la sociedad quiere espectáculo, pero creo que para eso están los realitis que mandan a Mila Ximénez, Yurena –o Tamara como siempre la conoceremos -e Isabelita Pantoja a pasar penurias a una isla. Y sino, para las próximas elecciones, en vez de mítines, encuentros o pegadas de carteles los mandamos a un Gran Hermano Moncloa a ver como hacen ‘edredoning’.


Si alguna vez os habéis preguntado por qué elijo o decido escribir, habitualmente, este Café Con Moka sobre asuntos, cuestiones y dilemas no excesivamente transcendentales, por decirlo de algún modo, se debe a que yo misma me reconozco; después de la intensidad de los días que vivimos, del bombardeo de información que recibimos y la densidad de la misma; fan absoluta de lecturas frescas, desenfadadas, triviales e incluso frívolas, que una puede leer sin más implicaciones, complicaciones o consecuencias. Como dice una amiga mía: “A veces necesito 15 días de pronto para desintoxicar” -refiriéndose a la revista- . Sin ir más lejos, hace un par de días, mientras ojeaba Facebook, pues esta red, junto a twitter, se ha convertido casi en mi resumen diario de noticias cuando acaba la jornada, encontré un artículo que intentaba analizar en la visión de varias mujeres lo que a nosotras nos resulta sexy de los hombres. Cual fue mi sorpresa al descubrir que no tenía mucho en común con la mayoría de las cosas que apuntaban mis compañeras. Así que decidí hacer mi propio estudio de mercado a través de whatsapp preguntando a mis amigas y valorando mis propias percepciones.

Dicen que el ejercicio es saludable. Imagino que todo el año. Aunque la mayoría sólo nos acordemos de practicarlo cuando se acerca el verano como parte importante de nuestra casi permanente ‘operación biquini’. También dicen que es adictivo, que engancha. Aunque sinceramente mis adicciones son de otro rollo y requieren muchísimo menos esfuerzo ( 😉 ya sabéis ): café, chocolate negro, coca cola… Todas ellas, curiosamente, ‘instrumentos’ para ponerme las pilas y aguantar el ritmo. Algo que seguramente también se consigue con el deporte, pero es que éste es infinitamente más sacrificado y para mí, por el momento, mucho menos placentero. Sin embargo, y pese a lo que nos cuesta calzarnos las zapatillas, con la llegada del buen tiempo una masa uniforme de ‘fofisanos’ nos apuntamos al gimnasio o salimos a la calle en tropel a practicar el ‘running’, hoy por hoy la forma más económica de realizar una actividad física. ¡O no!




Decía la abuela de una amiga que “ojalá fuese el revés y cuanto uno más comiese más adelgazase”. Jamás había oído esta propuesta que, además de que sería estupenda, viene a resumir el eterno dilema que muchas mujeres (y también algunos hombres) mantenemos anualmente con la báscula cuando llega el calor y empezamos a desnudar nuestros cuerpos a la par que a ser conscientes de aquello que sobra y que coyunturalmente disimulaban ciertas prendas. Truco que aunque no sirve en el caso de que el sobrepeso sea muy obvio, cuando hablamos de cierto ‘descuido’ con un par de kilos o tres es mano de santo. Y si además una tiene cierta gracia para combinar y elegir la ropa, puede obrar milagros.
















