Dudo, luego existo

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Foto en El Retiro de nuestra escapada familiar, uno de los mejores momentos del año

Hay muchas cosas que me cuestan trabajo en esta vida. Por desgracia creo nunca he sido excelente en nada aunque, con mucho esfuerzo, he conseguido ser bastante ‘mañosa’ para casi todo. Disculpad la modestia. Esto puede ser una ventaja o un inconveniente, según se mire, pero yo prefiero no reflexionarlo demasiado y simplemente adaptarme a las circunstancias y aprovecharme de ellas; porque también soy bastante práctica y fundamentalmente porque es algo que difícilmente puedo remediar. El caso es que una de las cosas que más difícil me resulta es la toma de decisiones. En según qué cosas suelo pensármelo mucho antes de adoptar una determinación, y es algo que detesto. Me gustaría tener el arrojo y el carácter de afrontar elecciones con más seguridad y ser capaz de elegir sin todo el protocolo de duda previo, que además te destroza los nervios y, en mi caso, también el estómago. Pero evidentemente, no sería yo.

Creo que mis titubeos se deben a mi miedo a las posibles consecuencias, o más bien a aquellas que me pierdo al hacer la elección. No me preocupa tanto lo que pueda pasar, porque siempre he afrontado las cosas como han venido, sino lo que deje de ocurrir y me pierda al decidirme por una cosa en vez de la contraria. Soy muy consciente de que no vivimos más que una vez y, claro, me gustaría que mi paso por aquí fuese lo más apasionante posible. Sí, fundamentalmente emocionante. Para qué decir bueno, si es indudable que las cosas malas también van a venir. Tampoco serviría hablar de una estancia tranquila, pues casi lo mejor de la vida es frenético y enloquecedor. Prefiero la intensidad a la calma. Incluso creo que prefiero poco pero intenso a mucho y tedioso, aunque debido a esta falta de seguridad de la que hablo en algunas ocasiones esto tampoco lo tengo muy claro, porque no es agradable hablar de una marcha temprana.

A lo que iba. Que soy incapaz de decidirme incluso en las cosas más intrascendentes y sencillas. Me cuesta elegir hasta el color de la botella de acero inoxidable que pretendo comprarme para el trabajo en mi intento de reducir drásticamente los plásticos en mi vida después de ver el documental ‘A Plastic Ocean’, que por cierto os recomiendo; pero ese es otro asunto del que ya os hablaré en otra ocasión. Si esto es así en tal caso, imaginaos en las cosas de mayor importancia o dificultad… Y así todo el día, pues vivir es ir decidiendo constantemente.

Espero que algunos de vosotros os sintáis algo identificados con esta circunstancia porque como dicen: mal de muchos… ¡Pues eso! Pero eso no es todo ya que, incluso después de haber hecho una elección, pueden ser muchos y diversos los condicionantes que me hagan cambiar de decisión. Cosa que también puede ocurrir bastante a menudo y, aunque es una faena, esto sí que lo considero saludable, pues es parte de nuestro crecimiento personal y además sustenta la tesis de que todos nos equivocamos.

De ahí viene mi completo asombro al tropezarme con algunas personas que denotan un convencimiento absoluto de la fiabilidad de sus pensamientos y decisiones por encima de cualquier argumento que uno trate de esgrimir en su contra. No sé si ellos estarán en lo correcto o seré yo, ya saben mi dificultad para decidirme… Pero lo único que tengo claro es que, cada vez, dudo más de todo.

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Vacaciones 2017: Cádiz, Sevilla y Madrid

Hace tiempo que no pasaba por aquí, pero necesitaba unas vacaciones casi de todo. El año resultó ser muy completo y por lo tanto, pese a mi gran satisfacción con todos los logros alcanzados y las situaciones resueltas, también agotador. Incluso para mí, que no sé parar quieta ni un minuto. Sin embargo, llega septiembre y es hora de volver a las rutinas, al trabajo y también era hora de pasar por aquí de nuevo. Se me ocurre que la mejor forma de hacerlo, y la menos dura para mi persona, es contar un poquito sobre mis días de vacaciones y descanso. Escribir sobre mis viajes es para mí como viajar otra vez. Volver a disfrutar de esos días, esos paisajes, esos olores y sabores… de todas las buenas sensaciones que conllevan la despreocupación y la vida relajada sin horarios.

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Comencé agosto trabajando, pues había que dejar algunas cosas cerradas antes de marchar. Sin embargo, es un mes tranquilo en la ‘oficina’ y resulta muy productivo cada minuto que se dedica en el despacho. Así, el viernes 4 de agosto, después de una mañana de trabajo, partíamos a Caravaca para comer con la familia y despedirnos hasta el regreso. De ahí, poníamos rumbo a Sevilla, parada de dos días antes de llegar a Cádiz, nuestro destino. Reconozco que no conocía la ciudad y que, pese al calor de esas fecha, las temperaturas fueron bastante llevaderas y la disfruté muchísimo.

El primer día, llegamos prácticamente a la cena, para lo que elegimos uno de los sitios de tapas más típicos en la ciudad: Bodega Santa Cruz – Las Columnas, muy cerquita de la catedral. Bulliciosa bodega de barrio con barra de madera y simpáticos camareros. No teníamos mucha hambre pero sí mucha sed y la cerveza la sirven bien fresquita, como a mí me gusta. Después aprovechamos la noche para pasear por el centro histórico y decidimos ir hasta Triana, lugar donde teníamos el hotel, caminando por la orilla del río y así bajar un poquito la cena. Por la mañana, tras el desayuno maratón de compras por las calles peatonales del centro y visita a la catedral y los sitios más emblemáticos del centro. Comida por allí en una taberna y siesta en el hotel, dedicando las horas de más calor a descansar. Por la tarde, fuimos paseando hasta Plaza de España y pasamos allí prácticamente el resto de la jornada hasta la hora de cenar, que decidimos repetir en ‘Las Columnas’ y después disfrutar de, posiblemente, las mejores vistas de la ciudad de Sevilla y de la Catedral en la terraza ‘Pura Vida’, del Hotel Fontecurz, con un mojito en la mano y un concierto del solista sevillano ‘Carrasquilla’ que nos encantó y nos endulzó la velada con muchísimo arte (Os dejo algo suyo por aquí).

El domingo por la mañana, road to Jerez, donde teníamos el hotel que sería centro de operaciones para nuestras escapadas por Cádiz. Elegimos un hotel pequeño, de 30 habitaciones, y con muchísimo encanto en el centro del Jerez histórico: Asta Regia Jeréz y resultó ser un completo acierto, por el precioso lugar y por la fantástica gente que nos atendió esos días. La habitación era casi un pequeño apartamento con despacho, vestidor y un baño con bañera y ducha. ¡Nos encantó! Para comer, atendimos a las recomendaciones de Ana, una de las responsables del hotel que ayudaron a que nuestro viaje saliera redondo, y fuimos a: Las Banderillas, un tabanco, así llaman allí a los establecimientos que mezclaban el concepto de vida social de la taberna y la vocación comercial del despacho de vinos. Increíble relación calidad-precio. Por la tarde, nos acercamos a Sanlucar a ver la puesta de sol y a cenar a la Taberna ‘Casa Balbino’, una de las más típicas en la zona para comer los famosos langostinos. Además, el paseo por el pueblo es muy agradable.

El segundo día, visitamos Cádiz. Ya la conocía pero no deja de encantarme caminar por sus calles, por el Barrio de la Viña, por la zona de la Catedral y, por supuesto, por la playa de La Caleta. Comimos en ‘El Faro’, visita obligada si se está en la ciudad y tomamos el postre en un antiguo café del siglo XX restaurado en el que comer, escuchar música o degustar sus ricos dulces. Después, puesta de sol en La Caleta.

El tercer día en Cádiz, pasamos la mañana en Conil, visitando el bonito pueblo y haciendo algunas compras y comimos en ‘Los Hermanos’. ¡No puede haber local más típico! Después, tarde de playa en Caños de Meca y algún gin tonic en ‘La Jaima’.

El cuarto día, visitamos Tarifa y después de comer descansamos en la playa de Bolonia hasta la puesta de sol. De vuelta en Jerez, ducha y nuevo ‘outfit’ para salir a cenar por allí y despedirnos de la ciudad. Recomendación absoluta: ‘Albores’. Un fin de fiesta por todo lo alto.

Esta fue la primera escapada del verano, ya que después de volver al trabajo cuatro o cinco días, continuamos con las vacaciones con un viaje a Madrid con toda la familia. Todos los años dedicamos unos días a pasarlos juntos. Para ello reservamos un bonito y céntrico apartamento en la capital, cuando se viaja con niños esta opción siempre resulta más cómoda y práctica. Además, en este caso ellos mandan, así que, aunque tuvimos tiempo para una noche fantástica de risas tomando un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor, una mañana de compras en Fuencarral, una visita al restaurante ‘Serafina’ y otro par de noches de vino y tapas en el apartamento, las actividades intentamos centrarlas en ellos: Museo de la Ciencia, parque del Retiro, jardines de Sabatini, teatro de títeres… y algunas otras actividades más.

En resumen, han sido unas vacaciones sin viajes de largo trayecto, pero disfrutando de estupendos momentos. Como dice un amigo, hay que estar feliz con uno mismo y serás feliz en cualquier parte.

 

¡Y qué suerte tenerte!

dsc_0472Aún recuerdo cuando cerrábamos bares los fines de semana y llegábamos a casa prácticamente al alba, muertas de hambre y directas a hacernos con las sobras de la cena que quedasen en el frigorífico. Noches en vela que recuperábamos quedándonos en la cama hasta mediodía, cuando tu madre (y la mía) nos despertaba para el arroz, como cada domingo.

¡Y cómo hemos cambiado! Aunque tú sigues sumando noches de centinela atendiendo los llantos y reclamos de tus pequeños. Sólo que éstas ya no se recuperan. Horas que acumulas semana a semana y que, pese a que pasan factura al ánimo y al cuerpo, intentas llevar de la mejor forma con café, ducha y maquillaje. Pero tú nunca has necesitado pintura. Siempre has sido guapa y lo serás siempre. Primero, porque genéticamente tienes a quién parecerte, sólo te faltaron sus ojos azules que sí ha ‘sacado’ tu hija; y porque además tu cara refleja lo que llevas por dentro. Siendo la pequeña supiste ser la mayor en algunos momentos, aunque también tuviste tus cosas de ‘rebelde’. Responsable y exigente, tanto que incluso nos tocó sufrir por eso. Un nueve nunca fue para ti suficiente. Tan mal acostumbraste a nuestros padres que a mí me supuso un constante esfuerzo, y nunca estuve a la altura. Tampoco lo pretendí. Brillante en lo que te propusieses y con la enorme capacidad de atraer y enamorar a la gente. Yo, siempre celosa de tus amigas por no tenerte conmigo lo suficiente. Aunque también tuvimos nuestros momentos. Peleas constantes que acababan cuando yo volvía a buscarte, porque ya sabes que nunca fui rencorosa. A ti te costaba un poquito más desenfadarte. Por no hablar de tu carácter… Vehemente defendiendo tus causas y tus argumentos pero siempre dispuesta a ceder si al final lo veías conveniente.

IMG_2092 (2).jpg¡Y cuánto hemos pasado! Compartiendo miedos constantes que cumplieron sus amenazas. Noches y horas de hospital que tambaleaban nuestro mundo siendo aún muy inocentes, pero que sin duda alguna nos hicieron más fuertes.

 ¡Y cuántos nos reímos! No fuimos niñas de mundo (la primera vez que fuimos a Murcia creo que éramos prácticamente adolescentes) pero en nuestra juventud y sin experiencia salimos a llevárnoslo todo por delante, aún siendo ‘paletas’ de pueblo (en el mejor sentido de la palabra). Aún recuerdo tus primeras anécdotas en la Facultad de Derecho queriendo abonar los préstamos en la biblioteca o asistiendo a clase, entre pijos, con aquel chándal que tus amigas no se pondrían ni para pasear al perro.

¡Y cómo presumió nuestro padre! Siempre soñó con poder darnos una carrera. Que orgulloso y satisfecho se sentía de vernos licenciadas y de saber que valió la pena todo su esfuerzo. Sin embargo, su mayor legado fue aquella forma tan especial de vivir, de pasar por el mundo disfrutando.

¡Y qué suerte tenerte! De pequeñas nos sentábamos en el pasillo a llorar las dos por el castigo de una, la unión siempre nos hizo fuertes.

¡Feliz cumpleaños, hermana!

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No sólo de propósitos vive el hombre

IMG_7306.jpg¡Último día del año! Tan sólo un día más, o un día menos, según se mire, un día cualquiera en nuestras vidas llenas de días, horas, minutos y segundos que dejamos pasar, en ocasiones, sin pena ni gloria. Tiempos perdidos, en muchos casos, en lo insignificante. Sin embargo, estos momentos de cambios suelen ser propicios para pensar en balances, para comenzar proyectos e incluso para hacer borrones y cuentas nuevas en nuestras vidas, como si todo se arreglase en unas pocas horas, sin pensar en que lo duro y lo difícil de este trabajo –vivir –se lleva a cabo el resto del tiempo. A veces no es fácil saber lo que uno quiere, frecuentemente más sencillo es determinar lo que no quiere, pero una vez que lo conoce sólo ha decidido el camino, queda emprender la marcha y mantener el rumbo, lo que resulta más complicado de todo. Por eso es importante que fijemos bien éste.

En estas fechas solemos banalizar con lo que le pedimos al nuevo año y con aquello a lo que nos comprometemos: a ir al gimnasio, a adelgazar, a dejar de fumar… que no digo yo que todo esto no sea beneficioso para la salud de uno mismo, y ni aún así no lo cumplimos. Pero ¿alguna vez pensamos en el resto? No es habitual que entre nuestros propósitos de año nuevo se cuelen decisiones buenas para los demás. No señalo a nadie, mi caso es el primero. Y no se trata de imponernos grandes gestas que cambien la historia del universo porque ninguno de nosotros somos tan eminentes y, probablemente, aunque lo intentásemos no tendríamos la capacidad de hacerlo; pero sí podemos ser protagonistas de pequeños gestos que perturben positivamente la vida de alguien, y por ello también las nuestras. Se trata de hacer lo que está en nuestra mano, a nuestro alcance, incluso sin grandes esfuerzos, simplemente proyectando nuestros mejores sentimientos.

En cuanto a los balances… pues no suelen ser ni blancos ni negros, siempre hay matices; aunque unos tendemos a empañar todo de negro dando importancia absoluta a los peores momentos y olvidando que siempre hay y hubo algo bueno. Por otro lado, los más optimistas tratamos de ver el vaso medio lleno, esperando y aguardando mejor ventura para el año nuevo, lo que es del todo injusto pues, por un lado, de los periodos más oscuros también se aprende y, por otro… de qué podemos lamentarnos. Para nosotros (mi familia) no ha sido un año fácil en cuanto a sentimientos, las ausencias han marcado muchos de nuestros momentos. Sin embargo, mi hermana Raquel nos dio una bonita lección con su brindis de Navidad. Brindó porque este año ninguna bomba ha derrumbado nuestras casas; brindó porque este año ninguno hemos muerto aplastado por las mismas; brindó porque no hemos tenido que abandonar nuestras casas y nuestra tierra; brindó porque sus hijos no tienen una enfermedad grave o sin cura; brindó porque ni un solo día ha faltado el pan en nuestra mesa… por todo esto, y muchas cosas más, brindó. Brindamos.

Y después de esto, ¿cómo crees que ha sido tu año?

Qué injustos son a veces nuestros juicios.

Fotografías

Fotografía Papá .jpgMe encantan las fotografías. Siempre me han gustado. Y no me refiero sólo al hecho de fotografiar, sino también a lo que éstas significan en si mismas. Detrás de cada fotografía hay una historia, un momento y un recuerdo ya imborrable. La memoria, nos damos cuenta con los años, es traicionera y engañosa. Pero una foto, una foto es un instante imperturbable. Quizás mi afición esté relacionada con el miedo a desaparecer, a que llegue el día en que nadie me recuerde, a que la muerte me borre por completo y para siempre. A mí, o a aquello a lo que quiero. Mientras queden vestigios, uno es eterno. No en vano se habla de inmortalizar un instante. Por eso me fascina capturar lo que amo y disfruto, pensando que así permanecerá invariablemente.

Las fotografías nos ayudan a recordar, nos permiten traer a la mente sensaciones, emociones y sentimientos. En una instantánea no existe el paso del tiempo, se es joven y, muchas veces, también feliz para siempre. Además, son testimonios de una época. Hay fotos que hacen historia, fotos que merecen premios, fotos de héroes y traidores, de derrotados y vencedores, fotos de besos y de crímenes… pero las buenas fotos son las que nos hacen sentir, las que nos hacen llorar o reír, las que excitan, inquietan, perturban o trastornan.

Hay fotografías en papel, las de siempre, las de toda la vida, esas que archivamos en antiguas cajas de zapatos y que de cuando en cuando, cuando toca, sacamos para repasar en familia. Las memorables fotos en blanco y negro, que engrandecen tantos momentos. Y desde hace algunos años, las fotografías digitales que permiten atrapar cada instante y con las que hemos eliminado la excepcionalidad de este acontecimiento para convertirlo en una rutina diaria. Fotografías que podemos borrar y repetir y que guardamos en un bolsillo, en un teléfono.

Hoy quiero contar la historia de una de tantas de esas fotos, la de ésta: La foto de mi padre. No sé cuándo ni cómo se tomó, sólo que fue en un momento de su adolescencia y en su pueblo natal, La Copa de Bullas. Sé que ésta y otras fotografías de su pasado forman parte de un libro ‘Futbolísticamente Bullas en fotos’ que aún no ha visto la luz y desconozco si la verá, aunque nada me gustaría más que hacerme con un ejemplar del mismo. Y por supuesto sé lo que nos hizo sentir al verla.

Después de que falleciera mi padre, hace poco más de un año y medio, pensábamos ya que ninguna foto suya nos podría sorprender, de tantas y tantas veces que las hemos mirado. Es imposible que nosotras jamás lo olvidemos, pero el tenerlas en nuestras manos e ir pasando una y otra nos hace sentirlo más cerca. También intentamos así que su nieto, que era prácticamente un bebé cuando se marchó, lo guarde siempre en su memoria. Sin embargo, esta semana, en un día más de trabajo y prisas recibía un mensaje privado por Facebook de un usuario peculiar: ‘Bullas nuestro pueblo’. En el mismo me decían que habían encontrado unas fotografías de juventud de mi padre y me las adjuntaban. ¿Me habría reconocido en mi perfil? ¿Vería algo de lo que he publicado sobre mi padre en el mismo? ¿Conocía a mi padre o simplemente las encontró de casualidad? Eran muchas las incógnitas que se planteaban y enorme la emoción de verlas, de verle a él tan joven, tan risueño y tan él. Por supuesto, las compartí con mi madre y hermana que, como yo, no pudieron evitar la emoción. Pero yo, por mi carácter inquieto y curioso, tenía que descubrir qué había detrás. Las fotos eran parte de esta colección para la edición de un libro que alguien –JAC Amor –cedió para este fin y que otro alguien, quien está detrás de dicho perfil en la red social y que conoció a mi padre en su adolescencia, tal y como me confesó, nos quiso ‘regalar’. Aunque lo verdaderamente importante de estas fotos no es de dónde han venido, sino hasta donde han llegado.

GRACIAS

Septiembre, un mes de cambios

img_3234Hay meses en los que reinan el descanso y el relax propio de las vacaciones; meses en los que la ilusión por ver a la familia o por un viaje planeado salpican todos y cada uno de los días del mismo; otros se convierten en auténticas cuestas hacia arriba; y los hay propicios para hacer balances y propuestas de futuro. Para mí Septiembre es un mes en el que, por diversos motivos, mi predisposición es al cambio, a modificar aquellas cosas que considero que pueden mejorar.

En primer lugar, porque es el mes en el que cumplo años y, no sé por qué extraña y desconocida fuerza de la naturaleza, este acontecimiento nos invita a reflexionar sobre nuestra vida y a plantearnos ciertos cambios en la misma, en algunos casos y coincidiendo con las denominadas ‘crisis’ suelen ser bastante drásticos y radicales; pero por el momento este no ha sido mi caso. Además, llega después de las vacaciones, periodo en el que suelo dedicar bastante tiempo a pensar y analizarme, la bajada de revoluciones en mi día a día ayuda y facilita poder dedicarme a aquellos aspectos a los que durante el año no presto demasiada atención. El comienzo del curso también colabora a la hora de hacer lista de nuevos y buenos propósitos.

Así, como este verano ha sido muy tranquilo, tal y como indicaba en un post anterior, el tiempo empleado en reflexionar ha sido más que considerable, fundamentalmente en mis tardes de playa, y por lo tanto las consecuencias o efectos también. Entre las muchas decisiones que he tomado y los cambios que he iniciado, comparto algunas:

  1. Cambio de aires. Aunque vivimos en un lugar muy céntrico y tranquilo de la ciudad, nuestra intención es estar cada vez más en contacto con la naturaleza y disfrutar de una casa orientada al exterior en un ambiente tranquilo y que nos ayude a desconectar. De este modo, nos encontramos en plena búsqueda de casa y ya tenemos ‘fichada’ la zona a la que nos queremos mudar. Sin prisa pero sin pausa, esta es nuestra filosofía.
  2. Espacio confortable y apetecible. Por lo que os contaba más arriba, lo de ir sin prisas, seguiremos haciendo del piso en el que ahora vivimos un espacio que nos encante y nos invite a disfrutar mucho de él, queremos vivir en casa y vivir nuestra casa.
  3. Plantas y flores cerca. Ayudarán a que nuestro hogar sea más alegre y confortable.
  4. Comida sana. Entre los retos que nos planteamos con el comienzo de curso está el de comenzar a comer más saludable, eliminando alimentos de nuestra dieta, reemplazando otros y descubriendo algunos nuevos, apostando por lo ecológico y lo local.
  5. Menos tiempo, más productivo. La falta de tiempo ha sido uno de los principales motivos que me ha hecho sentir mal durante este año, así que ajustando mejor los tiempos y la organización pretendo reducir los tiempos de trabajo pero hacerlos más productivos, con lo que tendré más tiempo para las cosas que me apetecen y me apasionan.
  6. Recuperar rutinas saludables. Volver a incorporar a mi día a día aquellas cosas de las que disfruto y que me hacen bien, pero a las que había renunciado por la falta de tiempo: lectura y café de los domingos, leer antes de dormir, noches de cine, paseos largos, escapadas de fin de semana… Aquí cada uno puede tener sus propias alternativas, pero entre las mías no van a faltar mis cafés con las amigas de siempre  (Rebeca y Mari Carmen) ya que el destino ha querido volvernos a juntar en la misma ciudad y con las ‘fareras’ compañeras de trabajo que se convirtieron en mucho más que eso.
  7. Nuevos retos. Estar motivado es fundamental para sentirse bien por lo que yo me he puesto algunas metas: escuela de idiomas, doctorado y un proyecto que llevo a medias con mi hermana muy vinculado a este blog y que mejorará la calidad y el interés de estos blogs.
  8. Queremos ser uno más. Y esto no necesita mucha explicación. Iré informando de los avances.

Yo ya estoy manos a la obra con la mayoría de estas ideas y de momento me siento muy bien con los pasos que vamos dando, por lo que os animo a hacer estas pequeñas paradas de reflexión porque uno aprende mucho y además os podéis fijar que dan mucho de sí.

 

10 cosas que me encantan

Este verano, pese a que no he viajado mucho; algo que habitualmente me ayuda mucho a despejar la mente y fijar objetivos y prioridades para el curso; he podido dedicar bastante tiempo a la reflexión, a hacer esas paradas de ritmo y de pensamiento que, aunque a las que somos inquietas nos resultan complicadas de conseguir, una vez alcanzadas aportan un sentimiento de paz, de calma y de estar bien con uno mismo. En estos momentos de inspiración he podido hacer balance y evaluación de mis últimos años, considerando aquello que creo ha sido acertado y lo que no lo fue tanto, para mirar al futuro con decisión, para ponerme nuevas metas y retos, proyectos personales que me motiven y que hagan del tiempo que está por venir una aventura excitante. Algunos proyectos son muy personales, otros en pareja. Pero de esto hablaré en próximas ocasiones.

Lo que me gustaría hacer en este post, que promete tener más ediciones, es algo que también he ejercitado estas vacaciones, pequeñas paradas en mi día a día para disfrutar de aquellas cosas que me gustan, para identificarlas y para incluirlas de una forma u otra en mi rutina porque me hacen la vida más bonita, aunque suene un poco cursi. Disfrutar de aquellas cosas que, por pequeñas que sean, me hacen feliz y me encantan.

  1. Las charlas y confidencias de fin de semana con mi hermana. Podemos hablar de asuntos trascendentales que pretenden dar solución a los problemas del mundo, del libro que se está leyendo y que habla sobre el cerebro del niño o, simplemente, del último pintalabios que hemos probado, pero esos momentos son especiales. Desafortunadamente no vivimos en la misma ciudad y tenemos que esperar a que llegue el sábado o el domingo para disfrutarlos, aunque, sin duda, sabemos como aprovecharlos.
  2. Los imanes para el ‘frigo’ de ciudades de todo el mundo. Es como si por la mañanas mientras me tomo el café, de un solo vistazo, recorriese todos esos lugares que me traen tan buenos recuerdos. En cada uno de mis viajes y en cada una de las ciudades que visito suelo hacerme con alguno de estos, además de los muchos que me traéis los que conocéis mi debilidad.
  3. Hacer maletas. Al contrario de lo que les ocurre al resto de los mortales, esta es una tarea que disfruto mucho porque la ilusión y la expectación va creciendo con cada uno de los looks que escojo y meto en el equipaje. Detrás de cada elección está la visualización de ese momento.
  4. Los carteles e indicaciones en otros idiomas. En cada uno de mis viajes recojo fotografías de estos curiosos elementos.
  5. Una copa de vino blanco fresco. Una afición que descubrí en mi escapada a Viena donde, además de ser costumbre disfrutarlo a mediodía, tienen una interesante producción de esta variedad.
  6. Las tardes de domingo de café y lectura en casa. Una costumbre que había perdido en los últimos tiempos por mi constante sensación de prisa y de que no llego… pero que estoy tratando de recuperar casi por salud.
  7. Los viajes en tren. Disfrutar del paisaje, la lectura y la charla… es como si se parase el tiempo..
  8. Los libros de recetas. Aunque difícilmente consigo cocinar algo decente.
  9. Los desayunos especiales. Que normalmente haces los fines de semana cuando no tienes que salir corriendo.
  10. Cualquier cosa que me recuerde a la Navidad. De hecho, según decía este verano mi cuñado Raúl ni en agosto he terminado de quitar los adornos de adviento, ya que aún cuelga algún reno o estrella de mis muebles. Así que para lo que queda… los dejo y me ahorro volver a ponerlos.
He ilustrado este post con fotos pequeñas de mi Instagram.