¿Somos solidarios?

“La solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos”, Juan Pablo II.

Foto UNICEF

Foto UNICEF

En los últimos días, y con la crisis de refugiados sirios como contexto, he podido conocer gente realmente solidaria, gente que cree en ese bien común y en la máxima de que todos somos responsables de todos. Responsables de las vidas que se pierden en Siria, responsables de las que acaban en alguna costa europea y, también, responsables de vidas marcadas por el miedo y la tristeza para siempre.

Refugiados SiriosGente, como las más de 6.000 personas que ya han firmado la petición en change.org para poner en marcha los trámites para acoger refugiados sirios en la Región de Murcia. Gente, como los cientos de ciudadanos que han creado en Murcia una Plataforma de Ayuda a Refugiados Sirios y las 25 familias que ya han ofrecido sus casa para acogerlos. Gente que trabaja sobre el terreno para crear ‘Espacios Seguros’ para los más pequeños en los que “intentamos que desarrollen una vida casi normal”, como me cuenta en una entrevista en ‘Café Solidario’, en romMurcia Radio, Almudena Olaguibel, experta en política infantil de UNICEF.

La entrevista completa AQUÍ porque “España es un país de CORAZÓN”.

Anuncios

¿Y qué puedo hacer yo?

CRISIS REFUGIADOS SIRIAHay noches en las que piensas que no habrá nada que te devuelva el consuelo, nada que te reconforte. El pasado miércoles todo apuntaba a que me iría a la cama como una gran parte de los españoles, con la dolorosísima imagen de un niño pequeño ahogado en una playa griega cuando intentaba llegar a Europa en mi retina y en mi cabeza, pero sobre todo en mi conciencia y en mi corazón. Periódicos, informativos, redes sociales.. la instantánea se convertía en el símbolo de la crisis Siria y de la dramática situación que viven miles de refugiados.

Como saben, y si no lo saben ya se lo digo yo, suelo utilizar un tono bastante divertido y ameno en mis artículos y acostumbro a hablar de asuntos distraídos e incluso, en algunos casos, frívolos y triviales. ¡Bastante tiene uno con lo que tiene! Por lo que en este ‘Café con Moka’ lo que intento, cada semana, es hacer pasar un buen rato, sin más. Sin embargo, mi ánimo no está para dicha empresa en esta ocasión. Como es lógico, uno no puede permanecer incorruptible ante este acontecimiento y, además, no concibo que pueda ser de otro modo.

Mucho se ha especulado y discurrido en las últimas horas sobre lo acertado o no de publicar la trágica instantánea, incluso sobre la legalidad o no de la misma al poder estar vulnerando los derechos de un menor. Se habla del morbo y el amarillismo de la prensa contemporánea pero, y aunque no suelo comprometer mis opiniones de forma tan pública y notoria, me van a permitir que en esta ocasión apele a la necesidad de mostrar al mundo lo que ocurre, con todas sus consecuencias. Por supuesto, no es cómodo, ni mucho menos fácil, contemplar estos dramas humanos y continuar con tu vida y quehaceres ordinarios, pero esta contrariedad no puede impedirnos conocer la realidad. ¿Cuántos niños han muerto en el mar intentando alcanzar el sueño de Europa? ¿Cuántos titulares hemos leído con cifras de fallecidos que se cuentan por decenas y centenas? Sin embargo, parecemos no saber leer o, lo que es peor, tratamos esta información como lo que vemos, meros números, sin atender a que detrás de cada cifra, de cada unidad, hay una vida frustrada. Por eso, porque somos como el apóstol Tomás “si no meto mis dedos en los agujeros de sus clavos y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré” –no puede haber ejemplo más gráfico –desgraciadamente, pues ojalá fuera de otro modo: “Dichosos los que creen sin ver”, muchas veces nosotros también necesitamos ver.

Una sola imagen ha conseguido remover las conciencias aletargadas de la población que miles de titulares no han alcanzado a despertar. Creo firmemente en la necesidad del trabajo que realizan hoy día los fotoperiodistas porque son capaces de representar como nadie más la realidad. Son, para mí, los principales valedores de la palabra Periodismo en su sentido más noble.

Sin embargo, como adelantaba al comienzo, otra imagen conseguía restituir parte del ánimo perdido: una fotografía que alguien (José Pérez) compartía en su muro de Facebook con decenas de ciudadanos austriacos que voluntaria y espontáneamente se daban cita y hacían cola en una estación, en un anden, esperando la llegada de los trenes con refugiados sirios para ofrecerles vivieres. ¡No todo está perdido! El ser humano es capaz de cometer las peores atrocidades que ni siquiera uno pueda imaginar, y la historia está cargada de ejemplos, pero es verdad que esta misma especie está preparada para emprender los más maravillosos logros consiguiendo unirse y colaborar por el bien propio, el común y, también, el ajeno. Lo importante, en estos casos, es dejar atrás la queja y el lamento, preguntarse qué puede hacer uno y sumarse a los que seguro también se lo han preguntado. Aquí en Murcia también ha nacido una iniciativa popular para pedir al Gobierno de la Región que acoja refugiados sirios y sólo tienes que firmar:

AQUÍ 

Y aunque muchas veces y por distintos motivos me pregunto, en qué país vivimos, esta vez a los gobiernos, a los políticos y a los partidos sólo les voy a pedir un poco más de humanidad en sus programas.