¿Pero serían cuernos?

dr.jpgCada día disfruto más de la conversación con amigos, conocidos y extraños porque con los años he aprendido a sacar valor de todos y cada uno de esos encuentros pese, e incluso, a lo tedioso y aburrido que puedan resultar algunos. Sin embargo, las buenas conversaciones están caras de ver, de ahí que yo las disfrute tanto. Una buena charla con una persona interesante y en un buen ambiente puede llegar a producirme casi, y digo casi, el mismo placer que un buen orgasmo –entiéndase la comparación algo exagerada -. Además, ambas situaciones pueden ser difíciles de experimentar para algunas personas. Y aunque este no es mi caso, cuando encuentro alguien con quien saborear charlas agradables, enriquecedoras y con fundamento me felicito a mí misma por el hallazgo y las vivo y las mantengo intensamente, pese a que mi interlocutor pueda ser un extraño o un recién llegado a mi entorno.

Precisamente en una de estas conversaciones hace un par de semana, entre amigas y con unas cuantas cervezas de por medio, una de las nuestras nos hacía una confesión reveladora de esas que sólo se hacen a altas horas de la madrugada y cuando el nivel de alcohol y/o ruido garantizan que no será más que un pasajero recuerdo. Lo que no advirtió es que yo bebía sin alcohol porque esa noche conducía y tenía todos mis sentidos predispuestos. Cuando hablábamos y discutíamos sobre la posible atracción que podían despertar ciertas personas que no son especialmente agraciadas, nos reveló que ella ‘le hacía el amor’ -intentando utilizar un término menos fuerte del que ella empleó -a las mentes, no a los cuerpos; dando un paso más allá en la defensa del sex-appeal de los feos.

Hasta el momento, algo había leído, oído e incluso escrito sobre los que se denominan ‘sapiosexuales’, aquellos que se sienten atraídos por los intelectos; es decir, que se interesan por personas que gozan de grandes conocimientos. Incluso reconozco que a mí siempre me han gustado y enamorado aquellas personas de las que tenía la posibilidad de aprender algo, y que la admiración, en mi caso, es imprescindible para la seducción. Sin embargo, lo de ‘tirarse’ –sigo sin utilizar el dichoso término –a las mentes se me escapaba por completo. Hacer el amor, para mí, es un acto completamente físico, corporal e incluso emocional, pero jamás lo había visto como algo intelectual. Por lo que tenía que indagar más aún en ese concepto.

Para intentar explicarnos su argumento nos introdujo a Platón y el verdadero significado del amor platónico que, lejos de la creencia popular extendida, nada tiene que ver con aquel que es imposible o inalcanzable, sino que se refiere a la contemplación de la belleza del alma:

“A continuación, debe considerar más valiosa la belleza de las almas que la del cuerpo, de suerte que si alguien es virtuoso del alma, aunque tenga un escaso esplendor, séale suficiente para amarle”.

‘El Banquete’

Asegurando además que la unión y el acto físico en absoluto son necesarios, ya que el placer y el regocijo se obtiene de esta curiosa admiración supra-corporal entre cerebros. Teoría que podría justificar también mi fascinación por una buena conversación que exponía al comienzo.

Sin embargo, había algo que no me cuadraba en todo esto. Después de unas cuantas explicaciones, preguntas y argumentos me di cuenta de que de todos sus ‘ilustrados’ enamorados ninguno era del todo feo. Con lo que, en tales casos, para contemplar la belleza de sus mentes una estaba ya un poquito más predispuesta. Yo aún seguía sin entender cómo la simple observación podía resultar suficiente y cómo uno se podía tirar una mente sin el más mínimo acercamiento entre los cuerpos.

Y mientras yo me preocupaba en esos pensamientos, otra compañera exclamaba:

– ¡Entonces follarte –ahora sí lo utilizo –otra mente no se pueden considerar cuernos!

Rompecorazones

Tom-Waits-portrait-1988-billboard-1548Hace unos días, escuchando un programa de radio que hablaba sobre los ‘rompecorazones’ de la música de otro tiempo pensaba en lo fácil que hubiese sido dejarse cautivar por las voces de alguno de estos iconos de la historia de la música en sus años mozos –que se dice en mi tierra –teniendo en cuenta que, algunos de ellos, incluso entraditos ya en unas cuantas primaveras, siguen teniendo ese fantástico swing, ese rollo, tan propio de los grandes de su género y al que una no puede resistirse. Porque debo confesar que a mí se me enamora por el oído. Tanto por lo que uno tiene que decir, como por el modo de hacerlo. Tan importante es el fondo como la forma. No hay nada que me seduzca más que una buena conversación de la que, en mis mejores sueños, se desprende un hombre interesante y, en el mejor de los casos, una voz sugerente. Pues imaginemos si además esa voz nos canta… ¡Y cómo cantan!

Les pongo en situación. Cómo no iba a caer una rendida a los pies del grandísimo Elvis, incluso en sus momentos de mayores excesos y rarezas, si en una estampa en blanco y negro te susurra al oído la letra y la melodía de ‘Suspicious Minds’, una de mis canciones favoritas, diciendo algo así como que no dejes que algo tan bueno muera. ¿Acaso no oyen esa voz? Esa tremenda voz que te baila en el estómago después de atravesarte entera. Pocas como la suya para seducir y conquistar. Así que de éste, yo hubiera sido blanco fácil.

Pero evidentemente, no es el único. El sensual y misterioso poeta canadiense que cantaba a Suzanne y Marianne, bien podría haber incluido una Monique en su lista. Y es que pese a su, en apariencia, ‘relativa’ falta de sex-appeal, al enigmático Cohen, según cuentan las malas lenguas, le sobró con un encuentro fugaz en un ascensor para conquistar a la indomable Janis. Al menos por una noche. Una única noche que, también en lo musical, dio para mucho. Cómo decir no a su elegante figura caminando por los estrechos pasillos del Chelsea Hotel, que tanto ha hecho por engrandecer las leyendas de las estrellas de la música y por propiciar tórridos y furtivos encuentros entre toda una generación. Lugares míticos que se prestan al romance con esos hombres que te saben hablar, o recitar.

Walk (walking) on the wild side (Caminando por el lado salvaje), que cantaba otro grande de la música, Lou Reed, aparece la ruda figura y voz de Tom Waits, el feo más sexy de la historia de rock. Su turbulento existir, su querencia a los problemas, su vida al límite y su numerosos vicios, junto a su ahogada voz y esa dulce mirada, incluso infantil en ocasiones, le convierten en mi absoluta debilidad. El primero entre los favoritos. ¡Siempre me gustaron las causas perdidas, las almas atormentadas y las melenas graciosamente alborotadas! No habría podido negarle una copa sentada al pie de una barra de bar, incluso sabiéndome fácil de enamorar por un hombre que jamás tendrá redención.

A estos podríamos sumar unos cuantos más. Ninguno de ellos especialmente guapo, alto o fuerte. Más bien todo lo contrario, feos, delgados o excesivos, en todo, pero con voces tremendamente sexys y ejemplares de auténticos ‘heartbreakers’.

Se acaba el amor… ¿de tanto usarlo?

IMG_2392Con motivo de San Valentín –hace ya unas semanas –discutía con unas compañeras si el amor cambia o no con el paso del tiempo. Es una realidad que el nerviosismo y la ansiedad de los primeros días no se viven tras varios años. Pensándolo bien, tampoco sería saludable. Sin embargo, me negaba a aceptar que la rutina, el día a día y la convivencia devastasen determinados comportamientos en una relación. Y me vengo preguntando, desde entonces, si será verdad aquello de ‘se nos acabó el amor de tanto usarlo’ que cantaba ‘La Jurado’.

El hecho que desataba el debate resultó ser un comentario sobre los regalos que habíamos recibido por Navidad de parte de nuestros respectivos. En mi caso, con sólo unos pocos años de relación –tengo que decir además que es una persona tremendamente generosa –me sorprendía con una batería de regalos que yo catalogaría en el epígrafe de caprichos; artículos que por su precio o por no ser de necesidad no sueles comprarte tú pero que te mueres por tener. En el caso de la compañera que suma ya más de diez años de matrimonio y dos hijos relataba que ella recibió el regalo que quería pero que acompañó a su marido a comprarlo. Por último, la más experta, confesaba que ella no había tenido regalo de Navidad. Es evidente que hay una clara diferencia, pero podría ser anecdótica.

Otro de los aspectos en los que dicen que se nota este paso del tiempo es en la conversación. Al principio te lo cuentas y te lo preguntas todo, lo que has hecho en el trabajo, con quién has hablado, cómo te has sentido, cómo te ha ido el día… Incluso hay veces que no puedes esperar a llegar a casa para compartirlo y lo haces vía whatsapp, manteniendo un contacto casi constante con tu pareja. Con los años y los hijos, en el caso de tenerlos, los diálogos se restringen a las necesidades y anécdotas con los pequeños o a los requerimientos de la casa. Después de toda una vida juntos, tal y como la propietaria de la cafetería donde habitualmente desayunamos nos contaba, con su gracia particular, las conversaciones se limitan a:

  • ¿Qué hay de comer?
  • ¿Qué hay de cenar?
  • ¡Vámonos a la cama!

El móvil también es un chivato. Me preguntaba una amiga si yo a él le mandaba besos y corazoncitos. ¡Evidentemente! Le contestaba. Además, a diario le escribo para darle los buenos días y avisar cuando he llegado al trabajo, ahorrándole así la preocupación y desasosiego por saber si ha ocurrido algo. Con el tiempo, según cuentan, empiezas a pensar que si ocurre algo al final se enterará. El fondo de pantalla también está directamente relacionado con los años, dependiendo si lo llevas o no lo llevas a él. Y un rasgo inequívoco son los hábitos televisivos. Al principio te da igual lo que ver siempre que sea a su lado. Después, te mantienes en el mismo espacio pero haciendo uso de otros aparatos: Tablet o, en su defecto, móvil. Y el último paso es instalar una pantalla en la cocina o habitación y ampliar la distancia entre ambos.

Está claro que la rutina normaliza ciertas conductas y comportamientos y que el tiempo diluye y apacigua el ímpetu. Pero es importante hacer un pequeño esfuerzo y sorprender, no de forma constante, pero si en su debido momento. Porque se reduce el romanticismo, y quizás el sexo, pero no se acaba el amor ni el entendimiento.

Las vacaciones de la #MokaFamily

Comencé el verano prometiendo que haría un post sobre el eterno dilema de cómo enfrentarse al equipaje cada periodo de vacaciones. Sin embargo, como bien sabréis a estas alturas, falté a mi palabra… ¡Aunque no será por maletas hechas y deshechas! Y es que estas vacaciones han sido un poco extrañas. Yo las denomino, las de los planes frustrados. Las cosas no son como uno o una las planea, sino como al final ocurren. Por lo que lo verdaderamente importante, por encima de organizar, es saber adaptarse y reconducir las circunstancias para poder disfrutar lo que se tiene. Aquí va mi aventura, por si os interesa y también os ayuda.

Como cada año, mis vacaciones, por motivos laborales, son un poco intermitentes ya que tengo que realizar diversos paréntesis a lo largo de las mismas para atender compromisos. Algo con lo que ya cuento e intento prepararlas de forma que estas interrupciones no perturben demasiado el descanso y la desconexión. El verano pasado conseguimos enlazar los días suficientes como para hacer un estupendo viaje por Viena y Praga, del que ya os lo conté todo. Sin embargo, en esta ocasión los planes eran un poco más tranquilos y modestos, pero no menos divertidos ya que el objetivo principal era pasarlos #ConLaGranFamilia, y aunque el desarrollo fue distinto a la previsión tengo que decir que estuvimos junto a las personas que queremos, y eso es lo que verdaderamente importa.

La primera parada era en una zona rural del noroeste de la Región de Murcia, en una bonita casa de campo que pese a ser estupenda, no se adaptó del todo a nuestras expectativas, ya que la diminuta piscina y los ejércitos y huestes de avispas que merodeaban por aquel paraje no lo hacían del todo el destino de nuestros sueños. Sin embargo, tras empacar comida para un mes -aunque sólo íbamos una semana – y todos los trastos de los ‘chiquis’ decidimos probar suerte y dedicar los días a hacer excursiones por la zona, visitar pueblos de la comarca y jugar al monopoly; además de escribir y leer cuando los peques lo permitían. Aunque la experiencia fue incluso más breve de lo previsto – por un percance que quedó sólo en un susto importante tras acudir al hospital, el desplazamiento de nuevo a la ciudad para atención sanitaria nos hizo desistir de nuestra estancia campestre – guardo bonitos recuerdos de esos días, como la escapada a un precioso pueblo llamado ‘Letur’ en la que descubrimos unas preciosas vistas, una premiada piscina natural y un fantástico restaurante en una ubicación idílica en el que disfrutamos de una estupenda cena familiar. Además de estas razones, he de decir que pasar los días con mi hermana y mi madre, a las que no puedo disfrutar todo lo que me gustaría porque viven en otra ciudad, compartiendo confidencias supuso una carga importante de energía para mí. ¡Y qué diré de hacerlo también con los pequeños de la casa…!

Una breve escapada a Denia puso un bonito broche a esta primera fase de las vacaciones con excursiones a calas maravillosas, tardes de compras y noches de charla y conversación en familia realmente agradables.

En este momento, toca trabajar un poco. Y a la vuelta, unos días en la playa en los que, pese a ‘ciertas incomodidades’ en forma de mosquitos gigantes y colchones mata-personas, hubo tiempo para disfrutar de reconfortantes baños, atardeceres en el mar, ratitos de lectura y muchos muchos momentos de reflexión que ayudan a poner las cosas en orden para el resto del año y en los que puse las bases para proyectos personales que espero vean la luz en lo que queda de este y año y el que viene. También disfrutamos de una romántica cena a la orilla del mar que nos supo a gloria. 

De nuevo, de vuelta en la ciudad para atender las obligaciones. Y para quitarnos la sensación de no haber hecho nada en pareja -al menos los dos solos -, nos escapamos tres días a Granada para unas vacaciones un poco más románticas, con paseos al anochecer, cenas de mucho vino y risas y la intimidad que quizás habíamos echado de menos. Intimidad que disfrutamos y exprimimos en las pocas horas de las que disponíamos, pues tenía que volver al trabajo. Además, Granada es una ciudad que no deja indiferente a nadie, pese a haberla visitando en infinidad de ocasiones. Esta vez, nos alojamos en un hotel recién estrenado al lado de la Alhambra, lo que incluía unas preciosas vistas al despertar en el paquete. 

Así que entre unas cosas y otras, este verano tampoco hemos parado. ¡Imaginad la cantidad de maletas hechas y lavadoras puestas! Sin embargo, el disfrutar de momentos  con ‘mi gente’, pase lo que pase, siempre merece la pena.

¡Buen comienzo de curso a todos!

 

Viajando con niños. Barcelona

Cuando uno viaja con más gente tiene que adaptarse al grupo, las concesiones de unos por las cesiones de otros. Pero cuando viaja con niños el concepto de concesión es mucho más estricto, las licencias son siempre en su favor ya que hay que tratar de cambiar o romper lo mínimo sus rutinas. Sin embargo, y afortunadamente, esto no implica que la experiencia sea menos divertida, tal y como hemos comprobado en nuestra reciente escapada a Barcelona con la #FamiliaPatare, el equipo que forman mi hermana Raquel, su marido Raúl y los pequeños: Raúl y Manuela; las personas con las que más nos gusta hacer cualquier cosa a la #MokaFamily Así, con la excusa de un viaje de trabajo que mi hermana tenía a esta ciudad que nos encanta, nos apuntábamos todos y organizábamos una escapada en familia (aunque faltaba mi madre, que por una guardia en el trabajo no se podía unir a la tropa).

La primera decisión importante es el medio de transporte, ya que con niños tan pequeños hay que valorar muy bien las horas de trayecto y la opción menos tediosa para ellos. Pensando que cinco horas en coche serían demasiadas, nos decantamos por el tren, ya que esta posibilidad permite que el pequeño Raúl pueda correr y jugar por el vagón del tren sin tener que estar sujeto a una silla durante todo el viaje, y la cafetería supone un respiro también para los mayores. Además evitábamos el cansancio de conducir tantas horas seguidas. Pensando en ellos también cambiamos hotel por un pequeño apartamento cercano a la Sagrada Familia, ya que sería más fácil organizar los desayunos y las cenas a distintas horas para el personal. Con las dos grandes cuestiones resueltas, con suficiente antelación, comenzamos el viaje.

Salíamos de Alicante el sábado 2 de Julio después de comer en la propia estación y con un montón de bultos y maletas que, sorprendentemente, conseguimos manejar bastante bien entre los cuatro adultos. Y es que viajar con niños también implica esto, ir cargados como burros; aunque, tal y como he aprendido de mi hermana estos días, con la experiencia uno consigue reducir sus necesidades al mínimo para poder atender las de los pequeños y compensar. El trayecto fue bastante entretenido pues Raúl, que nunca había viajado en tren antes, se sorprendía por todo y conseguía entretenerse bastante bien. La pequeña pasó gran parte del viaje durmiendo, y los demás haciendo turnos para descansar, atender a Manuela o jugar con el pequeño a los coches. A la llegada a Barcelona cogíamos el que sería nuestro segundo transporte de los muchos que probamos estos días: un taxi directo a la que sería nuestra casa durante estos días. Mientras unos deshacían maletas y organizaban a los niños, otros bajamos al supermercado a hacernos con algunas cosas que faltaban para la cena y el desayuno; pese a que Raquel, como buena madre previsora, había venido cargada de comida, aperitivos y fruta perfectamente preparada en pequeños tupper. Velada tranquila en casa y pronto a la cama para poder madrugar y disfrutar de la ciudad.

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Poco a poco nos fuimos levantando todos, y haciendo turnos en los dos baños conseguíamos una organización bastante eficiente para poder desayunar temprano y salir a recorrer la ciudad. La primera parada fue en la Sagrada Familia. Unas cuantas fotos y poco más, ya que la masiva afluencia de turistas no hacía de este un lugar muy atractivo para andar con los pequeños. Después, aprovechando que los niños dormían en sus carritos, dimos un gran paseo por Barcelona hasta llegar a Las Ramblas, donde hicimos un alto para hacernos con algunas prendas de abrigo en las rebajas, ya que nos sorprendía el frío con ropa demasiado veraniega. Después, aperitivo rápido para reponer fuerzas y seguíamos la ruta por El Paseo de Gracia hasta la hora de comer, para la que habíamos reservado en uno de nuestros restaurantes favoritos de la ciudad ‘Botafumeiro’ donde disfrutamos de un ratito estupendo de buena comida y sobremesa. Por la tarde, dedicamos el tiempo a los peques y nos trasladamos hasta los Jardines de Joan Brossa de los que habíamos leído eran un espacio estupendo para jugar, pero cuál fue nuestra sorpresa al llegar y descubrir que en esta ubicación se celebraba un macro festival de música electrónica, lo que evidentemente cambiaba un tanto su fisionomía y su público habitual; sin embargo, la zona de juegos estaba bastante retirada de la zona de conflicto y con música de fondo pudimos pasar aquí un ratito agradable. Incluso nos animamos a probar el teleférico y el funicular. De vuelta a casa cogimos unas pizzas y cenamos en familia y en pijama en nuestra coyuntural ‘residencia’.

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El lunes nos tomamos la salida con más calma y tras pasar por una preciosa librería infantil que ya teníamos fichada por Internet ‘Luz de luna’ y en la que hicimos algunas compras, cometimos el error de plantarnos en el Parque Güell en pleno centro del día, de tal modo que el calor y los numerosos turistas nos obligaban a desistir de nuestro propósito de visitarlo al completo y tras un ratito de juegos en el jardín (con unos amigos que viven allí cerquita y vinieron a saludarnos: Alejandro, Mari Carmen y la pequeña Celia) volvimos al centro para comer de tapas en ‘La Boquería’. Tras un paseo por el mercado y comprar fruta cortada en uno de los numerosos puestos que las ofrecen, nos dirigimos al Barrio del Born donde paseamos y tomamos un café y después al puerto, donde disfrutamos de un fantástico ratito de descanso y risas tirados en el césped. De vuelta a casa cenamos en un estupendo restaurante de tapas en el Barrio del Born y a casa a descansar.

El martes poníamos rumbo a casa, pero antes de salir pudimos disfrutar de un bonito paseo, con rato de parque incluido, por el barrio  y tras comer en la estación, de nuevo al tren para llegar a la hora de dormir.

Cuatro días muy intensos en los que disfrutamos de viajar con niños y aprendimos algunas lecciones muy importantes sobre las escapadas en familia que esperamos poner en práctica muy pronto:

  1. Decidirse por un medio de transporte que facilite y haga más ameno el viaje a los pequeños.
  2. Mejor apartamento que hotel, para adaptarse a los horarios de los niños sin problemas.
  3. Reducir las necesidades de los adultos en términos de equipaje para poder atender las de los pequeños.
  4. Imprescindible llevar siempre aperitivos y snacks preparados que puedan servir de merienda o cena improvisada. Así como algunos productos básicos para sus comidas.
  5. Es importante mantener sus horarios y rutinas, en la medida de lo posible, para que los peques estén cómodos y el viaje sea satisfactorio.
  6. Reservar en locales con espacio suficiente para poder ubicarse con los carritos.
  7. Alternar en las rutas turísticas sitios de interés para los adultos con parques o espacios de juegos que entretengan a los pequeños.

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¡#FamiliaParate gracias por hacer de éste un viaje diferente para nosotros!

Cita a ciegas

En cuestiones de pareja es verdad que muchas veces hay que hacer la vista gorda. Como también se suele bromear, haciendo uso de un chiste terriblemente malo, al decir que la convivencia descubre muchas cosas que en el noviazgo ‘no vio’. Sin embargo, y pese a que el amor implica cierto grado de miopía, jamás me hubiese imaginado que podría ser tan ciego. Hace unas semanas descubría en televisión un programa sobre primeras citas que por su temática y formato no hubiese llamado mi atención nunca, pero la recomendación de un amigo me animó a darle una oportunidad. Desde entonces, y sin salir aún de mi asombro, es raro el día que no veo un trocito del mismo, más como estudio sociológico y, por supuesto, fuente de inspiración para mis artículos, pero también por la estupefacción que me produce descubrir algunos comportamientos que o bien creía erradicados o bien jamás había asociado al género humano.

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Mural en Lorquí realizado por los alumnos del Instituto.

Empezaré diciendo que, aunque las redes sociales pusieron muy de moda las citas a ciegas con gente que sólo se conocía a través de su perfil o avatar, muy mal me tendría que ver yo para aceptar un encuentro en estas condiciones. Si conociendo a una persona y con años de noviazgo la vida siempre te depara sorpresas, imagínate enfrentarte a lo incómodo de ese primer momento con alguien de quien no conoces nada. Es verdad que en redes, al menos y sólo a veces, intuyes el aspecto físico que ‘tu contrario’ puede tener gracias a alguna fotografía, aunque eso tampoco te asegura mucho porque he visto auténticos expedientes X en transformaciones del mundo virtual a la realidad. Pero si os soy sincera a mi parecer esto es lo de menos. Si me tengo que sentar a cenar con un completo desconocido y teniendo en cuenta “lo mal que está el ‘mercado’”, por lo que me cuentan mis amigas, que sea feo es el menor de los males.

Para quien no conozca de la existencia de este show os pongo en antecedentes. Este reality empareja a dos desconocidos en una primera cita a ciegas, me imagino que tras pasar un cuestionario o test de afinidad, para que compartan velada y descubran el amor verdadero entre espárragos, almejas y muffins de chocolate mientras una cámara graba todos y cada uno de sus movimientos. Para empezar, no me parece lo más apropiado ponerse ciego comiendo y bebiendo con alguien con quien no has compartido nunca mesa y mantel y que podría convertirse en tu príncipe azul en cuestión de minutos. Se dan situaciones bastante comprometidas y poco apropiadas para enamorar. Ni que decir tiene que si no eliges el menú con un poco de vista la catástrofe puede acabar con las pocas opciones que tenías de abandonar la soltería. Desde mi punto de vista las cenas copiosas no son el mejor escenario para que en una primera cita surja el amor.

Pero gustos a parte no os sorprenderéis si os digo que en estas citas no se escapa uno normal. Para empezar, y aunque todos estamos acostumbrados a mentir un poco en cuestiones de edad, un señor calvo con barba, bigote y una hija de 23 no puede pretender pasar por uno de 33. Mal empezamos. No por el embuste sino por lo ridículo del mismo. Para mentir uno tiene que hacerlo bien. Tampoco esta bien sacar al ex, ni tus alergias, intolerancias o perversiones sexuales. Tiempo habrá. Pero lo que está terminantemente prohibido, a mi modo de ver, es dejarse embriagar por lo romántico del momento y caer en el ridículo más espantoso dedicando una canción, ya sea versión o composición propia. Yo me corto las venas. Y un consejo más, chaval si te ves en estas un ‘Brad Pitt’ no debes ser. ¡Ojito con el listón!

Sea como fuere, aunque no me declare fan de este tipo de encuentros, reconozco que asumido con absoluto sentido del humor y una vez en la vida puede incluso resultar divertido como experimento. Sin embargo, creo que en el amor es mucho mejor no forzar porque éste surge desde la más absoluta naturalidad.

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Foto de la semana pasada paseando por Murcia con camiseta nueva de Mango.

Road Trip To Milano

Hace algún tiempo os contaba por aquí cómo me lo montaba para hacer del fútbol mi aliado. Bien, pues después de sobrevivir a una primera escapada Champions con ‘mi madridista’ a Lisboa -hace dos años, si no recuerdo mal -el pasado mes de mayo volvíamos a repetir experiencia con un viaje exprés a Milán reviviendo dicha final ente Real Madrid y Atlético de Madrid. En esta ocasión, como en la anterior, nos decantamos por hacer el trayecto en coche, aunque tengo que reconocer que de forma obligada ante la ausencia de vuelos asumibles sin necesidad de pedir hipoteca. Circunstancia que alargaba un poquito más el viaje y lo convertía en un auténtico road trip en pareja.

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Para hacer los kilómetros más llevaderos, decidimos hacer escala en Barcelona aprovechando para visitar a unos amigos, Gerard y Virginia, que amable y hospitalariamente nos dieron cena, cama, ducha y desayuno a la ida (ya contaré a la vuelta). Así, pusimos rumbo a Milán el jueves 26 de mayo por la tarde, después de comer unas tapas cerca de casa para evitar liarnos con la cocina y los platos. Esa misma mañana trabajamos los dos y a la vuelta, y tras la parada técnica que comentaba para reponer fuerzas, a casa a terminar el equipaje. En otro post prometo compartir mis trucos para preparar maletas en tiempo récord.

El trayecto se hizo muy rápido y ameno ya que fuimos imaginando lo que veríamos en Milán. También nos animamos con una improvisada sesión de karaoke con temazos de todos los tiempos, lo que resultó sorprendentemente divertido. De esto hay testimonio gráfico y sonoro en algún que otro vídeo, pero por vuestra salud auditiva y la de mi reputación creo estos no verán la luz jamás… Bueno, al menos de momento.

A nuestra llegada a Barcelona nos esperaban nuestros anfitriones en una preciosa casa a las afueras de la ciudad que perfectamente podría haber sido la casa de nuestros sueños. Un ratito de charla y conversación con buen vino y estupenda cena y a la cama que tocaba madrugar. Por la mañana, tras el desayuno y la incorporación a la expedición de Miguel, un compañero de aventuras del ‘madridista’, emprendimos la segunda parte del viaje. Ésta no fue tan divertida como la primera: los atascos en las autovías francesas, los peajes, y los conductores lentos o kamikazes, por no decir completamente locos, hicieron de nuestro paso por el país galo una auténtica pesadilla, pero que se vio finalmente compensada en una parada con vistas espectaculares.

¡Y llegamos a la costa italiana! Lugar que nos deparaba una bonita sorpresa: cena con vistas en Arenzano. Casi de casualidad acabamos en ‘La Oficina’ un restaurante de comida tradicional italiana que si nos dicen lo que hay que hacer para llegar jamás lo hubiésemos pisado, pero la ignorancia encaminó nuestros pasos a lo alto y a uno de los recuerdos más bonitos que guardo del viaje. Varias birras Moretti y una pizza de salmón y nata después, afrontamos la recta final hasta nuestro hotel a las afueras de Milán.

Imaginaos como llegamos al hotel de cansados… aseo personal, pijama y a la cama. Y por la mañana… ¡Precioso rincón escogido para nuestro descanso!

Y lo mejor… aún estaba por llegar. Pese a que conozco casi toda Italia de norte a sur, nunca había estado en Milán y me sentía ansiosa por disfrutar del Duomo di Milano, de un buen capuccino y de un auténtico helado italiano. La vista de la catedral, tengo que reconocer que es increíblemente abrumadora. ¡Emocionante!

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Durante la primera parte de la jornada hubo mucho más de fútbol que de turismo, pero también disfrutamos del ambiente que se vivía en las calles de Milán llenas de españoles animando a sus equipos.

Cuando todos partían para el estadio, Angélica -italiana que vive en Milán y que se prestó gustosa a hacerme de guía por la ciudad -y yo aprovechamos la tarde para pasear, tomar un helado en la Piazza del Duomo -10 euros por un helado, el más caro que he tomado jamás, pero mereció la pena -hacer algunas compras por las fantásticas zonas comerciales de la ciudad y hasta pude cumplir algunas tradiciones del lugar. En cuanto al shopping, como imaginaréis para mucho no dio, pero sí que me hice con un bonito vestido negro midi de encaje con un estilo muy italiano (ya pondré foto), además de regalitos varios para familia y amigos. Después localizamos un local estratégico para tomar una cerveza mientras disfrutábamos del partido.

La tarde fue estupenda, pero he de reconocer que la compañía lo fue más. ¡Gracias Angélica!

La vuelta la hicimos felices, yo por disfrutar de los encantos de Milán y ‘mi madridista’ porque volvía con la undécima a casa. Pero aún nos quedaba una fantástica velada más en Barcelona disfrutando de uno de los sitios de moda en el barrio del Born con nuestros anfitriones en la ciudad condal: Virginia y Gerard. ¡Chicos sois geniales! ¡Gracias por todo!

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Como veis, aunque no me gusta el fútbol, no hay mal que por bien no venga…

Como regalo os dejo la canción que puso la banda sonora a nuestro Road Trip a la italiana.

La vida de mis sueños

Últimamente está súper de moda hablar de la vida de tus sueños, la profesión de tus sueños, la casa de tus sueños o el hombre de tus sueños. De todo un proyecto de vida diseñado a conciencia para “ser feliz”. Práctica en la que, por otro lado, nos iniciamos a una edad exageradamente temprana. Aún recuerdo cuando siendo una niña, de las que todavía juega con muñecas, compartía confidencias con mi hermana y amigas en las que aseguraba que con 20 años estaría casada y con uno o dos hijos. Años después descubriría lo diferentes que iban a ser mis veinte. A esa edad soñaba con ser una mamá joven, pero mi concepto de juventud no sería el mismo con el tiempo. Por aquel entonces, mi madre, que tenía la misma edad que yo ahora, me parecía mayor. ¿Qué hubiera hecho yo con un hijo a esa edad? ¡Pues anda que con un marido!

Después de acabar el instituto y estudiar la carrera de mis sueños en Madrid, que tras cinco años resulta que no era tal –debo confesar que esperaba más de lo que entonces era la licenciatura de periodismo –empecé a trabajar; por supuesto aceptando trabajos que distaban mucho de mis expectativas y de ser los de mis sueños, pero empecé a aprender lo que es y a saborear el periodismo. Mujer joven, recién licenciada y sin obligaciones familiares es sinónimo de muchas horas de redacción. Sin embargo, y aunque no lo tildaré de idílico, lo disfrutaba. Puse empeño y dedicación en mi trabajo, con lo que desde joven he ocupado puestos relativamente importantes, con más responsabilidad de la que hubiese imaginado, lo que siempre me hará sentir orgullosa. Ahora, a mis 32, puedo decir que trabajo en algo que me apasiona, y aunque siguen sin ser las condiciones de mis sueños, las que en una situación ideal te planteas; comparto dos trabajos para llegar a fin de mes, lo que me ocupa mucho tiempo y no me deja deleitarme con ellos todo lo que quisiera; pero me siento muy afortunada de dedicarme a mi profesión y de contar con unos ambientes laborales envidiables.

En cuanto a la casa de mis sueños, en diferentes épocas de mi vida he compartido pisos de alquiler con muchas personas, y un piso de estudiantes puede ser cualquier cosa que queramos, literalmente, pero nunca tu casa ideal. Por eso siempre piensas que cuando trabajes y tengas pareja tu hogar será como siempre has soñado. Pero claro, nadie te dice que no te lo vas a poder permitir, con lo que a los treinta sigues viviendo de alquiler, comprando muebles de Ikea y esperando el momento adecuado para colgar cuadros y cortinas; mientras ojeas la web de Idealista.com fustigándote con los fantásticos áticos de dos plantas con terraza. Aunque yo reconozco que, pese a que hacemos un uso excesivo de las persianas, en ausencia de cortinaje, en casa no vivimos nada mal y somos muy felices, que al fin y al cabo es lo que importa.

De la pareja, qué te voy a contar que tú no sepas. Que uno se enamora antes de pasar al otro el test de conveniencia o, mejor dicho, de convivencia, que lo complica todo. Pero así es el amor; si discutes, malo; pero si no, también. Y aquí siempre me consideraré muy afortunada por quien comparte mis días.  Y esto pasa con todo, con el físico, que aunque no te ves mal del todo, siempre te harías un retoquito; el coche, porque te gustaría otra cosa, pero sigues llevando el viejo auto heredado de tu madre y que antes pasó por tu hermana…

Decía Calderón de la Barca que “la vida es sueño”, pero yo prefiero vivir realidades porque “los sueños, sueños son”.

Temporada Champions

“¿Por qué, por qué, los domingos por el fútbol me abandonas?”, que cantaba Rita Pavone allá por los sesenta en ‘El Partido de Fútbol’. No sabía ella aún que la práctica televisada de este deporte, con lo años, no se limitaría sólo a los fines de semana. Canción ésta que, por cierto, fue la primera y la única que he escuchado cantar a mi abuela en sus 93 años de vida. Y eso que a mi abuelo, además de ser un santo varón, jamás le gustó el fútbol; y ésta (mi abuela) nunca fue de muchas fiestas. Pero el mensaje caló en la sociedad de aquella época, que vivía el fútbol como un cisma entre hombres y mujeres, y aún hoy día protagoniza muchas de las riñas de pareja más típicas.

Y es que las diversas competiciones deportivas se acumulan en la parrilla televisiva durante toda la semana. A la Liga se suman la Copa del Rey, la Champions, la UEFA Europa League, la Súper Copa de Europa, el Mundialito de Clubes, y para los amantes de la Selección, también, la Eurocopa y el Mundial. No crean que yo soy una experta en la materia, pero siendo una mujer práctica, una ha aprendido a hacer sus planes semanales en función de los partidos que tocan, por lo que es importante tenerlos controlados. Así, en primer lugar, evito los cabreos y, además, aprovecho esas horas muertas. Lejos quedaron los disgustos con mi padre por el mando. Bien es verdad, que con los años también he perdido afición por la tele y que sólo en contadas ocasiones y si ‘echan’ alguna peli buena o porque me he enganchado a otra serie americana disfruto de su contemplación, lo que me da ventaja. Sin embargo, reconozco que ésta es una problemática que se da muy a menudo en las familias, bien porque sólo hay una televisión en casa (como es mi caso) y, aunque hay excepciones, las mujeres no somos muy de fútbol; o bien, porque nosotras teníamos otra intención para la velada. Pero yo hace tiempo que me di cuenta que ésta era una batalla perdida viviendo con un ‘devoto’ del Real Madrid, por lo que en mi planning semanal incluyo estos acontecimientos como tiempo para ‘mis cosas’, que pueden ser desde escribir estos artículos, leer, o planchar, a tomar algo con una amiga, salir de compras o poner mi manicura a punto. 

Atrás quedan ya aquellas tardes en las que el romance comenzaba y acompañaba gustosa a ‘mi madridista’ en los partidos por verlo disfrutar… Seguro que a muchas os suena. Si bien, las cosas han cambiado, puedo decir que ninguno hemos sufrido demasiado en el proceso, pues él tiene libertad plena para disfrutar de su afición y yo, gano tiempo ‘de descuento’ para mis quehaceres, con lo que sobrellevamos bastante bien la ‘Temporada Champions’. Sin injerencias, sin disgustos. Puedo decir que para mí, el único fastidio se limita a algún que otro ‘jaleo’ inesperado durante los 90 minutos. Y creanme señoras que ganar una hora y media para sí misma una o dos veces por semana, compensa pagar el ‘Plus’.

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Tanto es así, que tras superar esta primera etapa he aprendido a rentabilidad sus salidas a ver al equipo, sumándome a la expedición y preparando escapadas rápidas allí donde fuese el partido. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Incluso aunque esto implique viajar a Portugal en coche para la final de la Champions 2014, en la que se enfrentaban el Real MadridAtlético de Madrid, con una caravana de hinchas del equipo blanco desde la capital hasta Lisboa, con parada estratégica en Salamanca para comer en una peña madridista… ¡Imagínense! Pero el amor, todo lo puede. Bueno, el amor y los dos fantásticos días que me ‘pegué’ visitando Lisboa. Tal fue la experiencia, que ya estamos cruzando ambos los dedos para que el Madrid llegué a la final y conocer Milán en Mayo. Aunque por si no hubiera suerte, estaremos atentos a los destinos y fechas para cuartos y ‘semis’.

Amos de Casa

117HContra todo pronóstico, han sido varios los caballeros que a lo largo de esta semana me han trasladado su conformidad con mi artículo de la semana pasada en el que describía cuan duro puede resultar, en ocasiones, el día a día de una mujer trabajadora con sus interminables listas de tareas profesionales, domésticas y familiares. Bien es verdad, que su apreciación más destacada coincidía con un ejercicio de autocrítica propio en el que reconocía algo así como que la ausencia de responsabilidad doméstica en el género masculino es directamente proporcional al celo y la incapacidad de delegación femenina. ¡Que les gusta a los hombres un mea culpa de la mujer.

Así, aunque me gustaría poder contar otra historia, la realidad es que, aunque siempre hay excepciones, muchas de nosotras somos parte y causa en el desequilibrio del reparto de tareas en casa. En primer lugar, por una cuestión sociológica los hombres de mi generación (nuestra generación) y anteriores han nacido, crecido y vivido en un entorno doméstico en el no sólo no era propio, sino que incluso no estaba bien visto, que los hombres ayudasen o colaborasen con los quehaceres. Y eran las madres las que alejaban a los hijos varones de la cocina. Todavía guardo en mi memoria como mi abuela, de 92 años, montaba en cólera cada vez que mi padre intentaba tan sólo poner a calentar la comida en el fuego a la espera de que mi madre volviese de trabajar. Para ella es inconcebible que un hombre pueda intervenir en la cocina, aunque la mujer tenga que solapar una guardia de 12 horas con la rutina doméstica.

Afortunadamente, los tiempos están cambiando y los chicos cada vez son más participes de los trabajos domésticos, sobre todo en aquellos casos en los que han vivido fuera de la casa familiar y han tenido que aprender a la fuerza. Sin embargo, nosotras continúanos cometiendo errores imperdonables en la convivencia de pareja que desembocan en hábitos y costumbres difíciles de modificar, ya que resultan cómodos para ellos. Esto se debe (como adelantaba la semana pasada) en gran medida a nuestra inclinación y querencia por controlarlo todo.

Así, reconozco que muchas veces prefiero hacer yo las cosas de primeras por no:

  1. ‘Perder’ el tiempo indicando qué es lo que tiene que hacer y cómo quiero que lo haga.
  2. Repasar, corregir e incluso rehacer lo hecho porque no está como a mí me gusta o como yo acostumbro a realizarlo.

Y, además, estoy segura de que muchas os sentís identificadas con esta afirmación. Visto así nos parece trabajo doble, pero no nos engañemos es un autoengaño del que ellos se aprovechan.

¿Cuántas veces habéis mandado a vuestra pareja a la compra y a la vuelta le habéis regañado porque los macarrones no son la marca que vosotras compráis? ¿En cuántas ocasiones habéis acabado quitándoles la fregona, escoba o aspirador de las manos porque no lo estaban haciendo bien, para terminar el suelo vosotras? ¿Y los platos? ¿Cuántas veces habéis acabado de fregarlos tras cientos de indicaciones y recriminaciones a sus esfuerzos? Por todo esto creo que nosotras también nos lo debemos hacer mirar.

Con esto no quiero eludir la responsabilidad que ellos tienen en su compromiso con las tareas del hogar, pero quiero ser justa y no cargarles todo el peso de la culpa, ya que reconozco que en muchos casos cercanos y en el mío propio nosotras también contribuimos en esto. Esta claro que ellos, por regla general, se comprometen menos con las tareas domésticas pero nosotras debemos aprender a delegar y relajarnos con el perfeccionismo para contribuir en convertirlos en buenos amos de casa… porque ¡Hay que ver qué sexys están en delantal!