10 cosas que me encantan

Este verano, pese a que no he viajado mucho; algo que habitualmente me ayuda mucho a despejar la mente y fijar objetivos y prioridades para el curso; he podido dedicar bastante tiempo a la reflexión, a hacer esas paradas de ritmo y de pensamiento que, aunque a las que somos inquietas nos resultan complicadas de conseguir, una vez alcanzadas aportan un sentimiento de paz, de calma y de estar bien con uno mismo. En estos momentos de inspiración he podido hacer balance y evaluación de mis últimos años, considerando aquello que creo ha sido acertado y lo que no lo fue tanto, para mirar al futuro con decisión, para ponerme nuevas metas y retos, proyectos personales que me motiven y que hagan del tiempo que está por venir una aventura excitante. Algunos proyectos son muy personales, otros en pareja. Pero de esto hablaré en próximas ocasiones.

Lo que me gustaría hacer en este post, que promete tener más ediciones, es algo que también he ejercitado estas vacaciones, pequeñas paradas en mi día a día para disfrutar de aquellas cosas que me gustan, para identificarlas y para incluirlas de una forma u otra en mi rutina porque me hacen la vida más bonita, aunque suene un poco cursi. Disfrutar de aquellas cosas que, por pequeñas que sean, me hacen feliz y me encantan.

  1. Las charlas y confidencias de fin de semana con mi hermana. Podemos hablar de asuntos trascendentales que pretenden dar solución a los problemas del mundo, del libro que se está leyendo y que habla sobre el cerebro del niño o, simplemente, del último pintalabios que hemos probado, pero esos momentos son especiales. Desafortunadamente no vivimos en la misma ciudad y tenemos que esperar a que llegue el sábado o el domingo para disfrutarlos, aunque, sin duda, sabemos como aprovecharlos.
  2. Los imanes para el ‘frigo’ de ciudades de todo el mundo. Es como si por la mañanas mientras me tomo el café, de un solo vistazo, recorriese todos esos lugares que me traen tan buenos recuerdos. En cada uno de mis viajes y en cada una de las ciudades que visito suelo hacerme con alguno de estos, además de los muchos que me traéis los que conocéis mi debilidad.
  3. Hacer maletas. Al contrario de lo que les ocurre al resto de los mortales, esta es una tarea que disfruto mucho porque la ilusión y la expectación va creciendo con cada uno de los looks que escojo y meto en el equipaje. Detrás de cada elección está la visualización de ese momento.
  4. Los carteles e indicaciones en otros idiomas. En cada uno de mis viajes recojo fotografías de estos curiosos elementos.
  5. Una copa de vino blanco fresco. Una afición que descubrí en mi escapada a Viena donde, además de ser costumbre disfrutarlo a mediodía, tienen una interesante producción de esta variedad.
  6. Las tardes de domingo de café y lectura en casa. Una costumbre que había perdido en los últimos tiempos por mi constante sensación de prisa y de que no llego… pero que estoy tratando de recuperar casi por salud.
  7. Los viajes en tren. Disfrutar del paisaje, la lectura y la charla… es como si se parase el tiempo..
  8. Los libros de recetas. Aunque difícilmente consigo cocinar algo decente.
  9. Los desayunos especiales. Que normalmente haces los fines de semana cuando no tienes que salir corriendo.
  10. Cualquier cosa que me recuerde a la Navidad. De hecho, según decía este verano mi cuñado Raúl ni en agosto he terminado de quitar los adornos de adviento, ya que aún cuelga algún reno o estrella de mis muebles. Así que para lo que queda… los dejo y me ahorro volver a ponerlos.
He ilustrado este post con fotos pequeñas de mi Instagram.
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Road Trip To Milano

Hace algún tiempo os contaba por aquí cómo me lo montaba para hacer del fútbol mi aliado. Bien, pues después de sobrevivir a una primera escapada Champions con ‘mi madridista’ a Lisboa -hace dos años, si no recuerdo mal -el pasado mes de mayo volvíamos a repetir experiencia con un viaje exprés a Milán reviviendo dicha final ente Real Madrid y Atlético de Madrid. En esta ocasión, como en la anterior, nos decantamos por hacer el trayecto en coche, aunque tengo que reconocer que de forma obligada ante la ausencia de vuelos asumibles sin necesidad de pedir hipoteca. Circunstancia que alargaba un poquito más el viaje y lo convertía en un auténtico road trip en pareja.

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Para hacer los kilómetros más llevaderos, decidimos hacer escala en Barcelona aprovechando para visitar a unos amigos, Gerard y Virginia, que amable y hospitalariamente nos dieron cena, cama, ducha y desayuno a la ida (ya contaré a la vuelta). Así, pusimos rumbo a Milán el jueves 26 de mayo por la tarde, después de comer unas tapas cerca de casa para evitar liarnos con la cocina y los platos. Esa misma mañana trabajamos los dos y a la vuelta, y tras la parada técnica que comentaba para reponer fuerzas, a casa a terminar el equipaje. En otro post prometo compartir mis trucos para preparar maletas en tiempo récord.

El trayecto se hizo muy rápido y ameno ya que fuimos imaginando lo que veríamos en Milán. También nos animamos con una improvisada sesión de karaoke con temazos de todos los tiempos, lo que resultó sorprendentemente divertido. De esto hay testimonio gráfico y sonoro en algún que otro vídeo, pero por vuestra salud auditiva y la de mi reputación creo estos no verán la luz jamás… Bueno, al menos de momento.

A nuestra llegada a Barcelona nos esperaban nuestros anfitriones en una preciosa casa a las afueras de la ciudad que perfectamente podría haber sido la casa de nuestros sueños. Un ratito de charla y conversación con buen vino y estupenda cena y a la cama que tocaba madrugar. Por la mañana, tras el desayuno y la incorporación a la expedición de Miguel, un compañero de aventuras del ‘madridista’, emprendimos la segunda parte del viaje. Ésta no fue tan divertida como la primera: los atascos en las autovías francesas, los peajes, y los conductores lentos o kamikazes, por no decir completamente locos, hicieron de nuestro paso por el país galo una auténtica pesadilla, pero que se vio finalmente compensada en una parada con vistas espectaculares.

¡Y llegamos a la costa italiana! Lugar que nos deparaba una bonita sorpresa: cena con vistas en Arenzano. Casi de casualidad acabamos en ‘La Oficina’ un restaurante de comida tradicional italiana que si nos dicen lo que hay que hacer para llegar jamás lo hubiésemos pisado, pero la ignorancia encaminó nuestros pasos a lo alto y a uno de los recuerdos más bonitos que guardo del viaje. Varias birras Moretti y una pizza de salmón y nata después, afrontamos la recta final hasta nuestro hotel a las afueras de Milán.

Imaginaos como llegamos al hotel de cansados… aseo personal, pijama y a la cama. Y por la mañana… ¡Precioso rincón escogido para nuestro descanso!

Y lo mejor… aún estaba por llegar. Pese a que conozco casi toda Italia de norte a sur, nunca había estado en Milán y me sentía ansiosa por disfrutar del Duomo di Milano, de un buen capuccino y de un auténtico helado italiano. La vista de la catedral, tengo que reconocer que es increíblemente abrumadora. ¡Emocionante!

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Durante la primera parte de la jornada hubo mucho más de fútbol que de turismo, pero también disfrutamos del ambiente que se vivía en las calles de Milán llenas de españoles animando a sus equipos.

Cuando todos partían para el estadio, Angélica -italiana que vive en Milán y que se prestó gustosa a hacerme de guía por la ciudad -y yo aprovechamos la tarde para pasear, tomar un helado en la Piazza del Duomo -10 euros por un helado, el más caro que he tomado jamás, pero mereció la pena -hacer algunas compras por las fantásticas zonas comerciales de la ciudad y hasta pude cumplir algunas tradiciones del lugar. En cuanto al shopping, como imaginaréis para mucho no dio, pero sí que me hice con un bonito vestido negro midi de encaje con un estilo muy italiano (ya pondré foto), además de regalitos varios para familia y amigos. Después localizamos un local estratégico para tomar una cerveza mientras disfrutábamos del partido.

La tarde fue estupenda, pero he de reconocer que la compañía lo fue más. ¡Gracias Angélica!

La vuelta la hicimos felices, yo por disfrutar de los encantos de Milán y ‘mi madridista’ porque volvía con la undécima a casa. Pero aún nos quedaba una fantástica velada más en Barcelona disfrutando de uno de los sitios de moda en el barrio del Born con nuestros anfitriones en la ciudad condal: Virginia y Gerard. ¡Chicos sois geniales! ¡Gracias por todo!

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Como veis, aunque no me gusta el fútbol, no hay mal que por bien no venga…

Como regalo os dejo la canción que puso la banda sonora a nuestro Road Trip a la italiana.