Los grupos del Whatsapp los carga diablo

11822918_10153555047373914_3828991758186549827_oHay pocas cosas que a mí me pongan de los nervios, pero acumular grupos de whatsapp en mi teléfono es una de ellas. ¿Quién idearía este maldito invento del demonio? Y lo que es más desconcertante aún ¿con qué mezquino propósito? Seguro que fue por despecho. Algo tan tremendamente perverso sólo puede atender a tales intenciones. Del trabajo, de la asociación de vecinos, del gimnasio, de los amigos del pueblo, de los compañeros de carrera, de la familia, para la despedida de soltera de Raquel, para preparar el cumpleaños de Eva… Yo me pregunto cómo ‘narices’ –por no decir otra cosa – organizábamos hace unos años las cosas sin grupos, ni whatsapp, ni listas de envío genéricas, por ejemplo.

Si además a estos sumamos que cada uno tiene sus ritmos, sus tiempos y sus horarios y que difícilmente estos coinciden con los de los demás, los grupos se convierten en el mayor generador de estrés de nuestro siglo. ¿No os irrita mirar vuestro teléfono encima de la mesa del despacho mientras vuestro jefe os hace una lista de tareas pendientes y ver 87 alertas de whatsapp mientras la pantalla se va encendiendo con la llegada de cada uno de estos mensajes nuevos? Ahí, la vida pone a prueba mi autocontrol. Y qué decir de cuando vas en el coche o estas en la ducha, situaciones prohibidas para el uso o manejo de este dispositivo, y empiezas a escuchar un ‘pi pi’ detrás de otro… ¡Me llevan los demonios!

Y cuando definitivamente puedes consultar el grupo te encuentras con cientos de comentarios que leer y que, con el objetivo de ahorrar tiempo, reduces a los más inmediatos sin enterarte prácticamente de nada. Y claro, preguntas:

  • ¿Qué ha pasado que no me entero de nada?

Con lo que vuelven las decenas de mensajes para explicar lo que apenas unas líneas más arribas ya ha sido expuesto. ¿Alguien lo entiende? Y todo esto sin entrar en el uso de los grupos para entablar conversaciones entre dos personas o el uso inadecuado de los mismos para mandar fotos, vídeos, chistes… ¡No puedo con esta tipología de usuario! Me reservaré para mí las palabras y apelativos que pasan por mi cabeza cuando me cruzo con alguno de estos. Pero claro tampoco renunciamos a estar en los grupos; es un poco aquello de ni contigo ni sin ti.

Sin embargo, tengo que reconocer que hay grupos que se convierten en una auténtica fiesta, hasta el punto de que tengo algunos sin los que no podría pasar. En esta categoría se incluye por supuesto el que mantengo junto a mi madre y mi hermana, a través del que nos damos el parte diario y los buenos días y buenas noches. Y también estaría el que ‘alimento’ con amigas y que sólo nosotras podemos descifrar, porque además de que hablamos de cosas que exclusivamente nos interesan a nosotras, como lo brillante que tiene el suelo la una o la vida marital y social de la otra; lo hacemos al estilo KGB utilizando códigos que nadie jamás podría interpretar.

 Éste, en los últimos días y como consecuencia de los muchos acontecimientos que comentar, se ha convertido en una auténtica adicción en el que muchas veces decimos lo que a la cara quizás no nos atreveríamos a contar. Pero sobre todo, es un ejercicio de terapia para desconectar con líneas y líneas de chat que se acumulan entre confesiones, predicciones y alguna que otra barbaridad. Pero sobre todo, risas y más risas que también compartimos en este entorno virtual.

Aunque siendo sincera, yo siempre prefiero la vida real.

 

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Pongamos que hablo de Madrid

COSITAS 003Cantaba y canta Sabina, esperemos que por mucho tiempo –aunque a ver quién es el guapo que apuesta dos duros por esto con la presunta vida de excesos del artista. Y no digo presunta con intención de echarle un cable y suavizar sus exuberancias, sino porque ya sabemos que hay hombres que, como en el juego del parchís, se comen una y cuentan veinte; aunque algo me dice que éste no es el caso –que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Y aunque cantado suena bonito, hoy tengo que defender la tesis contraria. Van a creer que tengo algo en contra del de Tirso de Molina, pero el objetivo de este artículo, confíen en mí, es otro.

Un par de semanas atrás volvía a Madrid, “donde regresa siempre el fugitivo”, como hago de forma recurrente desde que estudiase allí hace más de diez años. Lo hacía en tren, algo que disfruto especialmente, sobre todo si me toca un buen vagón del Altaria que pide a gritos ya una renovación, y sola, algo no tan propio de mis escapadas a la capital. Esta última circunstancia me permitía vivir la experiencia centrada en mí, única y exclusivamente en mis sensaciones, y no imaginan como lo agradecí. Fueron sólo unas horas, pero recordé y recuperé mi Madrid, parte de lo que viví y quizás también de lo que fui.

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Durante el trayecto, conmigo uno de mis libros de cabecera ‘Alta Fidelidad’ –en su versión en inglés –algo que parecía premonitorio. Al contrario que Sabina, yo me bajé en Chamartín. Atocha, aunque pueda parecer más bohemio y castizo, me genera mucho estrés con el incesante trasiego de pasajeros y de trenes a diferentes destinos que comparten anden. Siempre temí colarme en el que no era y acabar en cualquier lugar inesperado. ¿Alcobendas, Móstoles o quizás Fuenlabrada? A mi llegada, esas mariposas en el estómago propias de los nervios del primer amor, de aquel que impresiona y arrolla por la falta de seguridad. Directa al metro… ¡Ay el metro de Madrid! Cuántas horas dedicaría a vivir en sus vagones la ciudad. Tantas que llegué a odiarlo tanto como quererlo. Como suele ocurrir con todo, lo mucho cansa y lo poco agrada. Un billete sencillo, que aún guardo de recuerdo, línea 10 y cinco paradas hasta el hotel en Gregorio Marañón.

Y al surgir, Madrid. Como siempre, Madrid. Madrid con sus coches y atascos, sus pocos grados de menos (comparado con Murcia), sus domingos de rastro y sus paseos de anonimato. Tras el check-in y una ducha rápida, no podía resistirme a salir, a andar, a caminar Madrid.

Cuando la tarde se puso bien, un regalo en forma de visita a la Malasaña de callejuelas, terrazas, barras, cervezas e incluso la ‘Vía Láctea’. Una visita a los bares cuya música hace que olvides qué hay de puertas para afuera. A los bares que no diferencian entre la tarde, la noche o la madrugada. A los bares que sirven de inspiración a músicos, artistas y periodistas. Caña a caña, conversaciones entre amigos, colegas, que recuerdan sus años de universidad… Años que, quizás, aquí no se ven tan lejanos ya.

Cita a ciegas

En cuestiones de pareja es verdad que muchas veces hay que hacer la vista gorda. Como también se suele bromear, haciendo uso de un chiste terriblemente malo, al decir que la convivencia descubre muchas cosas que en el noviazgo ‘no vio’. Sin embargo, y pese a que el amor implica cierto grado de miopía, jamás me hubiese imaginado que podría ser tan ciego. Hace unas semanas descubría en televisión un programa sobre primeras citas que por su temática y formato no hubiese llamado mi atención nunca, pero la recomendación de un amigo me animó a darle una oportunidad. Desde entonces, y sin salir aún de mi asombro, es raro el día que no veo un trocito del mismo, más como estudio sociológico y, por supuesto, fuente de inspiración para mis artículos, pero también por la estupefacción que me produce descubrir algunos comportamientos que o bien creía erradicados o bien jamás había asociado al género humano.

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Mural en Lorquí realizado por los alumnos del Instituto.

Empezaré diciendo que, aunque las redes sociales pusieron muy de moda las citas a ciegas con gente que sólo se conocía a través de su perfil o avatar, muy mal me tendría que ver yo para aceptar un encuentro en estas condiciones. Si conociendo a una persona y con años de noviazgo la vida siempre te depara sorpresas, imagínate enfrentarte a lo incómodo de ese primer momento con alguien de quien no conoces nada. Es verdad que en redes, al menos y sólo a veces, intuyes el aspecto físico que ‘tu contrario’ puede tener gracias a alguna fotografía, aunque eso tampoco te asegura mucho porque he visto auténticos expedientes X en transformaciones del mundo virtual a la realidad. Pero si os soy sincera a mi parecer esto es lo de menos. Si me tengo que sentar a cenar con un completo desconocido y teniendo en cuenta “lo mal que está el ‘mercado’”, por lo que me cuentan mis amigas, que sea feo es el menor de los males.

Para quien no conozca de la existencia de este show os pongo en antecedentes. Este reality empareja a dos desconocidos en una primera cita a ciegas, me imagino que tras pasar un cuestionario o test de afinidad, para que compartan velada y descubran el amor verdadero entre espárragos, almejas y muffins de chocolate mientras una cámara graba todos y cada uno de sus movimientos. Para empezar, no me parece lo más apropiado ponerse ciego comiendo y bebiendo con alguien con quien no has compartido nunca mesa y mantel y que podría convertirse en tu príncipe azul en cuestión de minutos. Se dan situaciones bastante comprometidas y poco apropiadas para enamorar. Ni que decir tiene que si no eliges el menú con un poco de vista la catástrofe puede acabar con las pocas opciones que tenías de abandonar la soltería. Desde mi punto de vista las cenas copiosas no son el mejor escenario para que en una primera cita surja el amor.

Pero gustos a parte no os sorprenderéis si os digo que en estas citas no se escapa uno normal. Para empezar, y aunque todos estamos acostumbrados a mentir un poco en cuestiones de edad, un señor calvo con barba, bigote y una hija de 23 no puede pretender pasar por uno de 33. Mal empezamos. No por el embuste sino por lo ridículo del mismo. Para mentir uno tiene que hacerlo bien. Tampoco esta bien sacar al ex, ni tus alergias, intolerancias o perversiones sexuales. Tiempo habrá. Pero lo que está terminantemente prohibido, a mi modo de ver, es dejarse embriagar por lo romántico del momento y caer en el ridículo más espantoso dedicando una canción, ya sea versión o composición propia. Yo me corto las venas. Y un consejo más, chaval si te ves en estas un ‘Brad Pitt’ no debes ser. ¡Ojito con el listón!

Sea como fuere, aunque no me declare fan de este tipo de encuentros, reconozco que asumido con absoluto sentido del humor y una vez en la vida puede incluso resultar divertido como experimento. Sin embargo, creo que en el amor es mucho mejor no forzar porque éste surge desde la más absoluta naturalidad.

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Foto de la semana pasada paseando por Murcia con camiseta nueva de Mango.

Al Norte por el Noroeste (North by Northwest)

Ésta tenía que ser una escapada al sur, paradójicamente; pero la enfermedad nos ha tenido en casa todo el fin de semana, con lo que nuestros planes de viajecito romántico a Granada se han visto suspendidos y aplazados, en todo caso, para otra ocasión. Tengo que decir que, pese a todo, no nos lo hemos montado mal del todo en casa: mucho cine, manta, sofá, pijama, buena comida y lectura. Unos días de desconexión y relax que si no fuera por la tos y la fiebre no habrían estado del todo mal. Pero en fin, parece que está así media España, con lo que mal de muchos…

Sin embargo, buceando y ordenando fotos en mis discos duros han aparecido unas fotografías de una escapada navideña que hacíamos al norte a visitar a unos amigos y como las fechas acompañan para hablar de viajes relámpago, he pensado que era un buen momento para compartir.

Salíamos un viernes por la mañana dirección Oviedo, pero como suele ser habitual en nuestras rutas, con parada obligada en Madrid para disfrutar del buen ambiente nocturno y de algún paseo mañanero, sin tiempo de más, pero con eso nos basta. Cogimos un hotel en el centro para evitar desplazamientos y después de dejar el equipaje y ducharnos salimos a tomar unos vinos por el casco histórico de la ciudad, con recorrido por la Puerta de Sol y la Plaza Mayor, que en Navidad, pese al tumulto, tienen un encanto especial. Y puedo asegurar que lo pasamos bastante bien y descubrimos algún que otro vino blanco para sumar a nuestra lista de favoritos. Por la mañana, desayuno tranquilo al sol, un par de paradas técnicas de shopping y carretera al norte.

Sabíamos que íbamos a Asturias y que obviamente el paisaje sería verde, pero no imaginamos cuanto… La sorpresa fue mayúscula al ver el lugar en el que se alojaban nuestros anfitriones. Aunque también tengo que decir que hay que ser valiente, audaz e intrépido para alcanzarlo, y digo alcanzarlo literalmente. Ni el Google Maps detectaba la ubicación. Una preciosa casa de madera arriba de un empinadísimo y estrechísimo camino que aún no sé cómo conseguimos completar… Aunque teníais que ver cómo lo bajaban los foráneos. Estas fueron nuestras vistas al llegar…

Si me hubieran dicho que describiese el paraíso, probablemente lo huera hecho así. Sin embargo, aún me quedaba mucho por ver, aunque parezca mentira. Nuestros anfitriones: Alex, Ana y Pelayo hicieron de ésta una estancia inolvidable. Nos recibieron con cerveza fría, vino, rock, ostras y este fantástico atardecer.

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Además de una estupenda velada entre amigos con semejantes manjares.

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Y amanecer y anochecer allí era un auténtico sueño…

Aprovechamos la escapada para visitar de forma exprés Oviedo y Gijón donde disfrutamos del mar, bebimos sidra, comimos fabada (por supuesto) y compramos moscovitas y carbayones en la Confitería Rialto, todo como auténticos turistas.

Sin embargo, nada hubiese sido lo mismo sin la amabilidad, la entrega y la hospitalidad de nuestra ‘familia’ asturiana. Chicos, esta es mi forma de daros las gracias. ¡Un beso a los tres!

Y el lunes por la mañana, carretera y manta y de vuelta a casa.

El año que se ha ido…

Diciembre 2014

Despedíamos el mes de Diciembre del año pasado con la celebración del primer cumpleaños del pequeño Raúl, todo un acontecimiento que dejó momentos muy emotivos e incluso alguna que otra lágrima entre los más ‘flojos’ de la familia.

También disfrutamos de una Navidad muy especial. Quién hubiera dicho que sería la última así…

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¡Te extrañamos Papá! Este año no ha sido lo mismo sin ti.

 

Enero 2015

Para comenzar el año nos inventamos una pequeña escapada a Madrid para disfrutar del increíble ambiente navideño de la ciudad en esos días y aprovechar para hacer las últimas compras de Reyes. ¡Qué días tan estupendos!

Y a la vuelta, la sensación del momento (adquirida en la capital los días previos), el famoso palo selfie dejaba ratitos divertidos en el trabajo.

 

Febrero 2015

Éste es un mes propicio, al menos en mi caso, para dedicar un tiempo a la reflexión y la organización de los planes y proyectos de futuro (para el resto del año), tanto personales como profesionales. Con lo que deja muchos días de trabajo, listas y momentos de evasión para pensar en lo que uno quiere conseguir y cómo hacerlo.

Por supuesto, también comienzan las rutinas y los esfuerzos para alcanzar los propósitos de año nuevo. En mi lista del año pasado se incluía, entre otras cosas, aprender a cocinar para conseguir un menú semanal rico, variado y saludable.

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Además, Febrero dejó preciosas estampas invernales en mi pueblo con excursión incluida para disfrutarlas.

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Marzo 2015 

Marzo se llevó lo que más quería… de forma repentina y traicionera, sin avisar. Y ya, nada más importó.

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Abril 2015

Abril trajo momentos para asimilar.

Y también retos y aventuras profesionales muy interesantes que conseguían distraer la mente por momentos.

Celebramos la primera de las tres jornadas de Comunicación Digital organizadas por romMurcia Radio con la presencia del entonces CM de @policia Carlos Fernández.

Y hasta ‘casamos’ un amigo (Sergio y María Ángeles) en un día de viento.

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Mayo 2015

Lo profesional, no dejó casi tiempo a lo personal. Al habitual trabajo diario se le sumó el cambio de instalaciones de la emisora, las elecciones municipales y autonómicas y el segundo encuentro de las Jornadas de Comunicación Digital, en el que conocí en persona, tras varios años de admiración y meses de teléfono, al periodista y jefe de la sección musical de El País Fernando Navarro con el que aprendí de su amor y respeto al periodismo.

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Aunque el trabajo era el protagonista, a estas alturas de año y teniendo el cuenta el clima del que disfrutábamos ya en Murcia, era inevitable tener la cabeza puesta en las vacaciones de verano.

 

Junio 2015 

El primer día de junio, resultó increíble porque ‘La vida a veces’ te sorprende con nuevas personas y encuentros.

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Entrevistando al periodista cultural Carlos del Amor en las jornadas de Comunicación Digital de romMurcia.

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El buen tiempo, dejó breves escapadas de fin de semana con la cabeza en las propuestas para el mes de agosto… ¿Italia? ¿Francia? ¿Inglaterra? ¿Portugal?

Y despedimos la temporada de Murcia Más Cerca.

 

Julio 2015

Toca resguardarse del calor en el pueblo…

Y despedirse del trabajo por un tiempo.

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Agosto 2015

¡NOS VAMOS DE VACACIONES!

 

Septiembre 2015

Cumpliendo años y nuevas temporadas…

 

Octubre 2015 

Familia aquí y allí (en el pueblo y en Murcia)…

y mucho mucho trabajo, pues los comienzos (de temporada) siempre son difíciles.

Aunque poco, también hubo tiempo para el descanso…

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Noviembre 2015 

Obligación y devoción. Compartiendo el tiempo…

 

Diciembre 2015

Despidiendo un año difícil, pero al fin y al cabo mi año.

Y, sobre todo, esperando las sorpresas del 2016.

Todo lo que os debo

Hoy, pensando en toda la buena gente que tengo a mi lado, me acordaba de este artículo que escribí ya hace un tiempo para el periódico La Opinión de Murcia (29 Marzo 2014) y que comparto ahora con vosotros. Cuando todos estamos preocupados por si llegamos o no a fin de mes, yo hago un balance de mis ‘posesiones’. 

256954_10151096402693914_1801958299_oMe he propuesto demostrar que en una España de endeudados, porque quién no tiene una astronómica hipoteca que pagar hasta el fin de sus días, deber no siempre tiene un significado negativo. Así, con papel y lápiz en la mano me dispongo a hacer balance de mi columna de ‘haberes’ y ‘deberes’. 

253170_10151133246513914_479848498_nCon quienes primero contraemos una deuda es evidentemente con nuestros progenitores, y si empezamos diciendo que ellos les debemos la vida, parece lógico que el resto de ‘compromisos’ carezcan de importancia; sin embargo, hoy seré lo más detallada posible en mi inventario. 

A mi padre le debo mis ojos, mi optimismo ante la vida, mi afición a la cerveza, mi buen gusto musical, mi primera película en el cine y algún concierto de Raphael. A mi madre, un modelo y referente de mujer, hija, esposa, madre y trabajadora incansable, mi sentido de la responsabilidad mi carácter, mi pelo fino y algunas fotos para destruir con un look de hombreras y diademas enormes. A mi única hermana, una compañera de juegos, aventuras y desventuras de por vida, mi mejor amiga y confidente, algún que otro castigo y azote compartido y mi afición a los blogs de moda, al maquillaje y a comprar por Internet. A algunos maestros y profesores les debo parte de mi ‘saber’ acumulado, mi interés por el arte y la literatura, mi afición a leer y escribir y haber corregido mi enorme letra y espantosa ortografía. A mis compañeros de clase, alguna que otra respuesta copiada en un examen.

8908_10151645223878914_694710504_nA mi primer noviete de verano le debo las mágicas noches estivales, alguna bronca paterna y mi, afortunadamente, único contacto con la música bacalao, que se decía entonces. A mi primer amor de instituto, mi primer festival de rock, mi primera carta de amor, el primer te quiero, los primeros besos con mariposas y mis primeras lágrimas de desamor. A Magín le debo uno de mis libros favoritos, ‘El Lobo Estepario’. A mi amigo Paco, el descubrir que hay personas que te entienden con una mirada, y junto a Jaime, Harry y Carlitos, uno de los festivales más divertidos de mi vida. A Natalia le debo muchos momentos de nervios compartidos, estupendas tardes de miércoles en la radio, mis uñas cuidadas y aprender que “el chocolate, un minuto en la boca y diez años en las cartucheras”. A Carmen mis ‘cafés-terapia’ cada mañana y entender que “el peinado es importante”.

A las personas que han convivido conmigo les debo haber aprendido a ser mejor persona, menos egoísta y a entender que una pareja siempre son dos y que hay que compartir tanto los buenos como los malos momentos. A Yayo le debo mi primera prueba radiofónica, y a José Augusto mi oportunidad en la radio, mi amor por ésta, mi mejora constante y mi empeño diario, y otras muchas cosas más que no procede desvelar aquí.

575431_10150794701823914_1351830491_nA Madrid le debo el retiro, el Prado y cinco años inolvidables de mi vida. A Jaén, mi primer trabajo en una redacción, y a Granada, el haber descubierto una de las ciudades más bonitas y acogedoras. A Cartagena le debo mi formación como periodista en la práctica, un grupo de amigos que me hicieron sentir como en casa y mi viaje a Sicilia, además de la Mar de Músicas. A Facebook, mi reencuentro con Rebeca; a Queen, una de mis canciones favoritas; a Tornatore, Cinema Paradiso; a los Rolling Stontes, Satisfaction para cantar en los karaokes; al cine, muchas lágrimas, risas y momentos de evasión; a los italianos, los macarrones con tomate; a los franceses, el chardonnay y el champagne…

Y así podría seguir otras setecientas palabras más, pero en resumen, me deuda es tal que jamás podré pagarla, así que sólo puedo decir: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto”.

Noches de desenfreno mañanas de ibuprofeno

IMG_0976La noche acabó con un pequeño ‘paseíto’ por un céntrico parking de la ciudad, plantas para arriba y plantas para abajo, probando suerte para dar con nuestro vehículo:

  • “Está en la segunda planta”.
  • “No. Será en la tercera. No pensaba que hubiésemos subido tanto, pero…”.

En la tercera tampoco tuvimos suerte.

  • “¿Y si es la primera?”

Pregunté yo, que no estuve presente a la llegada, pero intuí que si no daba una solución rápida podríamos estar subiendo pisos hasta el ‘tejado’. Ét voilà’ por fin pudimos poner rumbo a casa, después de que encargado del aparcamiento, nos espetase a la salida: “Os he visto por las cámaras de seguridad en todas las plantas, ¡Eh!”, con una sonrisa de medio lado en el rosto. La verdad que quien conducía en este caso no iba bajo los efectos perniciosos del alcohol, al menos no en exceso. Pero, como diría mi madre, tal era la ‘juguesca’ que llevábamos en el cuerpo que éramos incapaces de encontrar nuestra particular aguja en el pajar.

Este fue el final de la noche, pero el transcurso, como imaginaréis, tampoco deja que desear. No revelaré nombres, porque podría resultar un poco ‘bochornoso’ para algunos protagonistas, pero entre caña y caña, vino y vino, y copa y copa fueron unas cuantas las divertidas anécdotas de pareja de las que fui testigo. Tanto es así, que decidí apuntarlas en la aplicación de notas del teléfono para ir relatando algunas en esta columna de vez en cuando. Y es que justo la noche anterior, uno de los comensales de la cena, había salido de juerga regresando a casa ya entrada la mañana, con lo que durante la velada le tocó encajar algunos reproches maritales propios de estas escenas. Y si lo contemplamos fríamente, y sobre todo si lo vemos desde fuera, porque cuando nos ‘la hacen’ a uno la perspectiva cambia, la visión era bastante cómica.

El afectado en cuestión contaba como había sido una cita casi obligada:

  • “Mi amigo se lo merecía”.

Argumentaba. Amparándose en que atendía a la petición de ‘ayuda’ de un colega que estaba en la ciudad por un par de días y necesitaba compañía. Algo con lo que su mujer también convenía, pero quizás no tanto con las horas… El caso es que ella, se defendía diciendo que no había podido dormir hasta su llegada, pero que aunque así hubiese sido, encima él siempre la despierta.

  • “Y eso que voy de puntillas por toda la casa”.
  • “¿De puntillas por toda la casa? Pero si te oigo desde cuando bajas del taxi, hablando con el conductor, cuando coges el ascensor y, si aún dormía, es imposible no despertarse con el jaleo de llaves que formas en la puerta. Si a eso le sumas las escaleras que son de madera y chirrían y tus ‘escapadas’ de la cama recién acostado para beber agua o comer algo…”.
  • “¡Hombre si te pones así…!”.

En defensa propia, la afectada, recordaba como en una de esas visitas a la cocina (con toda la habitación a oscuras) oye como se levanta y con las dos manos al frente busca a tientas la puerta, con la mala fortuna que es con el armario empotrado con el que se encuentra, y entendiendo que esa era la salida comienza su batalla con las puertas del mismo intentando salir del dormitorio… Todo esto, claro, ante la atenta mirada de la mujer que contempla la escena desde la cama.

  • “Así lo dejé un buen rato, hasta que di la luz para que pudiera salir”.

Y es que, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra –aunque reconozco que en mi casa, el trasto soy yo –. Ahora también imaginaréis como amanecimos todos…