Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto

Por nuestro estilo de vida la muerte no es un asunto que nos interese demasiado. En general, hablamos poco de nuestra propia muerte. Es un asunto que solemos esquivar y por el que, solo cuando no nos queda más remedio, pasamos de puntillas para manifestar algún último legado o voluntad. No ocurre así en otras culturas en las que la muerte es un estadio más de la propia vida y en las que incluso se la despoja del fuerte componente lúgubre y sombrío que posee para nosotros. Sin embargo, ya que no elegimos cómo nacer sería muy interesante y pedagógico poder elegir cómo queremos morir –en el sentido más emocional e incluso ceremonial o protocolario-.

Reflexionaba sobre esto hace unos días cuando, pese a este tabú occidental, descubrí, por casualidad, que a Facebook no se le escapaba que miles de perfiles irán quedando con los años sin actividad. Así, esta red social ahora incluye la opción de nombrar un contacto de legado, alguien que administraría tu cuenta tras tu fallecimiento. Y está muy bien pensado, porque éste es un bien más y si decidimos concienzudamente a quién ceder todas nuestras pertenencias no es menos importante pensar en el legado inmaterial. Yo esto si lo había considerado, quizás porque en mi caso lo intangible, a día de hoy, supera en valor a lo material.

Y pensando en la muerte, en la mía –que espero no llegue demasiado pronto, sobre todo por la criatura que aún tengo que criar –asumí que teniendo ésta que llegar mejor decidir cómo quería afrontarla para que incluso en ese momento, que debería ser tan personal, se me pudiese identificar a mí, por encima de lo que pudiesen considerar los demás, que en estos casos suelen ser los que al final deciden ante la evidente ausencia de voz del protagonista organizando cómo actuar.

Me acordé entonces también de una copla que escuchaba en la infancia ‘Vasija de Barro’ y que comenzaba así: “Yo quiero que a mi me entierren como a mis antepasados, en el vientre oscuro y fresco de una vasija de barro”. Debe ser éste uno de los temas ecuatorianos más conocidos, pero pocos saben que nació de una noche de borrachera y que salió de las diferentes manos de varios poetas, pintores y artistas. En ese momento decidí que como en esta canción quiero ser yo quien escriba mi propia muerte eligiendo cómo quiero que de mi hablen cuando mi voz solamente sea eco de esta inmensidad.