No fuimos ni Romeo ni Julieta

DSC_0829Ocurría que la semana pasada me quedaba estupefacta al comprobar el revuelo que se montaba con la declaración en formato anuncio que hacía un joven a su misteriosa ‘chica del tranvía’. Que puede que ésta resultase un poco cursi y empalagosa, sí; y que quizás él un tanto cansino, no lo negaré; pero de ahí a tachar al pobre enamorado de acosador… Creo que nos hemos pasado de susceptibles buscando cosas donde no las hay. Probablemente no sea el Romeo del siglo XXI, pero tampoco es Jack el Destripador. Y es que hay líneas muy finas que no debemos cruzar, pero ni en un sentido ni en el contrario, porque al final va en perjuicio de todos.

Seguro que vosotros, fundamentalmente vosotras, habéis protagonizado algún momento violento o, al menos, desagradable con un intento de ‘conquistador’ desafortunado tanto en las formas como en el fondo, y desde luego esto no se puede justificar. Pero innegablemente habrán sido más las situaciones simpáticas, divertidas y hasta cómicas características de salir a ‘ligar’, que era lo propio en nuestros años. Una salía de fiesta con amigas y era rara la noche que no se acercaba algún chico preguntando por una de las demás, un valiente que invitaba a copas o un romántico que te confesaba su amor. Y en la mayoría de las ocasiones se quedaban en eso, anécdotas que una comentaba al día siguiente con el grupo en el café. Incluso de algunas de aquellas propuestas, hoy resultan matrimonios con hijos. Ni estaba en uno la voluntad de ofender o faltar, ni en el otro la suspicacia y el recelo de acusar.

En mis años de flirteo he de reconocer que, aunque no me interesase el joven, pocas veces un chico al que le hubiese gustado me hizo sentir mal. Algunos incluso, y pese a mi absoluta falta de interés, me llegaron a halagar. De varias historias guardo recuerdos bonitos que además, en muchos casos, son dignos de contar.

Aunque no me considero especialmente romántica y suelo huir bastante de lo tradicional, recuerdo una noche en Cartagena, cuando yo aún vivía en esta ciudad, en la que se puede decir que conocí a lo que llaman un verdadero ‘Don Juan’. Salimos en grupo, ahora mismo no recuerdo cuantos éramos, pero sí que tengo en mi memoria algunas de las personas presentes y hasta podría describir perfectamente lo que llevaba puesto aquella noche; por entonces podíamos pasar horas frente al armario y al espejo, al 50%, buscando el modelito perfecto. Un vestido rojo vintage de falda plisada, zapatos negros y un abrigo blanco de grandes solapas y botones que esa misma noche acabó con una copa encima e inservible para los restos. Cuando parecía que la fiesta terminaba, un chico con chaqueta estilo militar se acercaba a nosotras, a mí, y entablaba conversación a costa de ciertos autores de filosofía. Inteligente por su parte, ya que siempre me atrajeron los hombres interesantes. Después de un rato de charla amena nos despedimos y cada uno siguió su camino. Pero lo que parecía una historieta más de una larga noche acabó en ramo de flores a la redacción del periódico en la que trabajaba –único dato que el chico conocía de mí –con invitación incluida: ‘Déjame que te invite a cenar’, rezaba la tarjeta. Pese a que soy extremadamente vergonzosa para estas cosas y a que fui la protagonista de las bromas del equipo durante unos días, he de decir que jamás me sentí ofendida ni molesta. Todo lo contrario. Y aunque aquello nunca acabó en romance y no fuimos ni Romeo ni Julieta, yo también me armé de valor y me planté en los grandes almacenes en los que trabajaba para agradecer y reconocer su bonito gesto. Siempre me gustaron las personas valientes que arriesgan y que no tienen miedo a perder.

Lo que ha unido Ikea…

picspam07-2.pngNo voy a escribir sobre Trump y las elecciones americanas, demasiado habréis escuchado y leído ya de este asunto y, como popularmente se dice, “lo que te rondaré morena”. Pero sí sobre una información que leía hace unos días. Son pocas las noticias que pueden ya llamar mi atención a través de redes sociales. Es tanta la cantidad, que mi cabeza ya no discrimina. Pero entre las que consiguen distraerme o atraerme destacan, con importante ventaja sobre las demás, aquellas que cuentan con un toque de humor, implícito o explícito, o cierta dosis de excepcionalidad, rareza o singularidad. Así, la semana pasada, mientras ‘cotilleaba’ en Facebook leía el siguiente titular: “Ikea Shanghái prohíbe a las personas mayores reunirse en su cafetería para tener citas a ciegas”, o su versión latina –que sinceramente me gusta mucho más –“A Ikea se la agotó la paciencia con los viejitos que buscan el amor en su tienda de Shanghái”. Irremediablemente sentí la necesidad de continuar leyendo el resto de la noticia, práctica a la que, reconozcámoslo, cada vez somos menos aficionados. Claro, luego criticamos los titulares porque nos parecen sesgados e incompletos, tachando a los periodistas de manipuladores. Y créanme, haberlos haylos, pero no se imaginan ustedes lo complicado que resulta a veces resumir el contenido de todo un artículo en tan solo ocho o diez palabras, en los mejores casos, y que además resulte atractivo para que tu jefe de redacción te lo apruebe. Además, uno no puede pretender estar informado ni hacerse un criterio sobre algo leyendo apenas dos líneas. Yo sé que el tiempo es oro y que es de lo que la mayoría adolecemos, pero si no puede usted saber de todo, seleccione.

Bueno, a lo que vamos. Al continuar con la noticia descubría que este grupo de población se daba cita todos los martes y jueves en la cafetería de la tienda sueca para encontrar el amor, lo que me pareció tremendamente explotable por la marca, que lleva el siéntete como en casa por bandera en sus campañas de marketing y comunicación. Pero claro, estos apenas consumían y además dejaban poco espacio para el resto de clientes, con lo que la compañía tenía que limitar su presencia en la misma. Por su parte, los ‘ancianitos’ sienten que se han quedado sin el único lugar en el que podía enamorarse, ya que “el resto de locales están copados por la gente joven”. La decisión se ha convertido en una polémica abierta en el país entre detractores y defensores de los ‘viejitos románticos’.

Pero a mí, lo que realmente me resultaba más sorprendente de la información es que eligiesen Ikea como referencia para encontrar a su media naranja ya que si hay algo capaz de acabar con un matrimonio es una visita a los almacenes del gigante de muebles suecos. Si uno no se separa en la sección de cocinas, lo hace en la de muebles de baño o en la de ropa de cama. Esto y las páginas webs de citas extraconyugales son lo que más ha hecho en este país por el divorcio. Sin embargo, nos empeñamos una y otra vez en seguir haciendo pasar esta prueba de fuego a nuestras parejas. Si sobrevivimos a un día en Ikea el amor será eterno. Yo suelo acudir un par de veces al año, aunque reconozco que no me importaría hacerlo más. ¡Es como jugar a las casitas siendo grande! En este momento recuerdo varias escenas de la película ‘500 días juntos’ –a quien lo la haya visto se la recomiendo –y aquella en la que Tom (Joseph Gordon-Levitt) se sorprende y pregunta, mientras está tumbado en ‘su’ cama con Summer (Zooey Deschanel), qué hace una familia de japoneses en su baño. Pero si uno no se pelea durante el trayecto, que resulta lo más parecido a un laberinto, que sea prudente… aún queda el montaje.

Así que, llegados a este punto, yo recomendaría a la cadena revisar su posición sobre los ‘viejtos’ y tomar nota de la experiencia romántica en sus instalaciones para su próximo anuncio: ‘Lo que ha unido Ikea, que no lo separe el hombre’; o también: ‘Lo que no ha desunido Ikea, que no lo separe el hombre’…