Mi buena gente

IMG_5511Hay personas que llevan contigo toda la vida y se convierten en imprescindibles en tus mejores y peores momentos, personas en las que sabes que siempre podrás confiar y que jamás te han fallado. Personas que han demostrado sobradamente que merecen un sitio a tu lado, que están cerca aunque estén lejos. Pero hay otras que aparecen de forma repentina e inesperada cuando crees que no necesitas más, cuando ni siquiera quieres más y, en contra de tus expectativas, te roban el alma en un momento.

Resulta facilón dudar del género humano cuando día a día nos encontramos ante tremendas injusticias, sinrazones y perversidad del hombre contra el hombre. Varias veces al día nos repetimos en nuestras cabezas: “Nos hemos vuelto todos locos. Sí, el mundo entero está loco” al contemplar tanta crueldad y, lo que es peor, tanta indiferencia. Sin embargo, incluso en medio de tanta atrocidad, uno encuentra un ejemplo al que agarrarse para mantener y defender la fe en las personas.

En algunos casos son protagonistas de grandes hazañas reconocidas por todos y retratadas por los medios de comunicación, pero en la mayoría de los casos son gentes discretas que calladamente y con gestos humildes defienden la humanidad de nuestra especie. Cuando te cruzas con alguien así no te deja indiferente. Yo, los encuentro todos los días en mi trabajo, por la calle, haciendo la compra… incluso en Facebook o en Twitter. Un simple gesto los identifica y son más de los que imaginamos. Los hay que siempre sonríen, pero también están aquellos que se esconden tras un rostro sereno. Y cuando un ser de estas características irrumpe directamente en tu vida te resistes que a se marche porque te inundan de luz, dan respuesta a tantas preguntas… vamos que molan.

Estoy segura de que a todos, mientras leéis estas palabras, os han venido al recuerdo varios nombres y rostros que se ajustan perfectamente a este perfil. Todos tenemos ejemplos de buenas personas en nuestra vida. De esta forma, sin pretenderlo, yo he ido incorporando buenas gentes a mi vida que no sólo hacen más fácil la existencia sino que dando ejemplo, sin pretenderlo, te hacen a ti mejor. Algunos de ellos parecen no tener nada en común contigo, incluso consideras que su aparición ha sido completamente fortuita y que en ‘circunstancias’ normales nunca los hubieras conocido. Pero, amigo mío… las casualidades no existen. Soy de las que piensa que todo tiene un por qué y un para qué.

Yo, que me considero una mujer bastante sociable, y que cuento por centenas los amigos, no sólo en Twitter y Facebook, confieso que he intentado preservar intacto mi círculo más cercano durante varios años, sin que nadie entrase o saliese de él. Así, considerando que la confianza absoluta en otra persona no es algo fácil de conseguir, entendiendo que estaba más que colmada y sabiéndome afortunada por quien tenía junto a mí, éste se mantuvo intacto durante un tiempo.

Y de repente, apareció ella. Se podría decir que nuestro encuentro fue casi cualquier cosa menos amistoso. Un par de frases cruzadas en un contexto inesperado y nuestros destinos quedaron ligados -¡Quién me lo iba a decir a mí! –para siempre. A mí, me impactó su constante y generosa sonrisa; a ella mí sincera respuesta y mi curioso argumento a su primer y único requerimiento. Y ahí quedó todo. Tiempo después, la causalidad nos hizo coincidir.

Para conmigo, su vocabulario no recoge la palabra ‘no’ o ‘imposible’; siempre tiene un comentario alegre o, en los peores momentos, una tímida sonrisa con la que mejorar mi ánimo y hemos conseguido entendernos con sólo una mirada. Incluso nuestra particular ‘adicción’ nos ha traído algún que otro disgustillo cuando pasamos horas y horas conectadas vía Iphone. En los recuerdos más divertidos y en los más tristes asoma a mi lado, como la canción: ‘Hago chas y aparezco a tu lado’, así de forma natural, sin forzar nada, que es la forma más bonita. Pasión en todo, es la palabra que la define. Si hasta le gusta mi cara de tortuga en las fotos…

Pero por si fuera poco, no vino sola. En su ‘aterrizar’ trajo consigo a otra persona, Antonio, que en la distancia, en la sombra y de forma discreta acompaña y perfecciona su persona, complementa su espíritu y a la vez el mío. Como se suele decir ‘le falta el mundo’ para complacerla y, por ende, a mí también y a quien me rodea. Es de esas personas que hacen bien.

Para ellos: Sois parte de mi ‘buena gente’.

Publicada en el diario La Opinión el 1 de Mayo de 2015

 

 

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