Septiembre, un mes de cambios

img_3234Hay meses en los que reinan el descanso y el relax propio de las vacaciones; meses en los que la ilusión por ver a la familia o por un viaje planeado salpican todos y cada uno de los días del mismo; otros se convierten en auténticas cuestas hacia arriba; y los hay propicios para hacer balances y propuestas de futuro. Para mí Septiembre es un mes en el que, por diversos motivos, mi predisposición es al cambio, a modificar aquellas cosas que considero que pueden mejorar.

En primer lugar, porque es el mes en el que cumplo años y, no sé por qué extraña y desconocida fuerza de la naturaleza, este acontecimiento nos invita a reflexionar sobre nuestra vida y a plantearnos ciertos cambios en la misma, en algunos casos y coincidiendo con las denominadas ‘crisis’ suelen ser bastante drásticos y radicales; pero por el momento este no ha sido mi caso. Además, llega después de las vacaciones, periodo en el que suelo dedicar bastante tiempo a pensar y analizarme, la bajada de revoluciones en mi día a día ayuda y facilita poder dedicarme a aquellos aspectos a los que durante el año no presto demasiada atención. El comienzo del curso también colabora a la hora de hacer lista de nuevos y buenos propósitos.

Así, como este verano ha sido muy tranquilo, tal y como indicaba en un post anterior, el tiempo empleado en reflexionar ha sido más que considerable, fundamentalmente en mis tardes de playa, y por lo tanto las consecuencias o efectos también. Entre las muchas decisiones que he tomado y los cambios que he iniciado, comparto algunas:

  1. Cambio de aires. Aunque vivimos en un lugar muy céntrico y tranquilo de la ciudad, nuestra intención es estar cada vez más en contacto con la naturaleza y disfrutar de una casa orientada al exterior en un ambiente tranquilo y que nos ayude a desconectar. De este modo, nos encontramos en plena búsqueda de casa y ya tenemos ‘fichada’ la zona a la que nos queremos mudar. Sin prisa pero sin pausa, esta es nuestra filosofía.
  2. Espacio confortable y apetecible. Por lo que os contaba más arriba, lo de ir sin prisas, seguiremos haciendo del piso en el que ahora vivimos un espacio que nos encante y nos invite a disfrutar mucho de él, queremos vivir en casa y vivir nuestra casa.
  3. Plantas y flores cerca. Ayudarán a que nuestro hogar sea más alegre y confortable.
  4. Comida sana. Entre los retos que nos planteamos con el comienzo de curso está el de comenzar a comer más saludable, eliminando alimentos de nuestra dieta, reemplazando otros y descubriendo algunos nuevos, apostando por lo ecológico y lo local.
  5. Menos tiempo, más productivo. La falta de tiempo ha sido uno de los principales motivos que me ha hecho sentir mal durante este año, así que ajustando mejor los tiempos y la organización pretendo reducir los tiempos de trabajo pero hacerlos más productivos, con lo que tendré más tiempo para las cosas que me apetecen y me apasionan.
  6. Recuperar rutinas saludables. Volver a incorporar a mi día a día aquellas cosas de las que disfruto y que me hacen bien, pero a las que había renunciado por la falta de tiempo: lectura y café de los domingos, leer antes de dormir, noches de cine, paseos largos, escapadas de fin de semana… Aquí cada uno puede tener sus propias alternativas, pero entre las mías no van a faltar mis cafés con las amigas de siempre  (Rebeca y Mari Carmen) ya que el destino ha querido volvernos a juntar en la misma ciudad y con las ‘fareras’ compañeras de trabajo que se convirtieron en mucho más que eso.
  7. Nuevos retos. Estar motivado es fundamental para sentirse bien por lo que yo me he puesto algunas metas: escuela de idiomas, doctorado y un proyecto que llevo a medias con mi hermana muy vinculado a este blog y que mejorará la calidad y el interés de estos blogs.
  8. Queremos ser uno más. Y esto no necesita mucha explicación. Iré informando de los avances.

Yo ya estoy manos a la obra con la mayoría de estas ideas y de momento me siento muy bien con los pasos que vamos dando, por lo que os animo a hacer estas pequeñas paradas de reflexión porque uno aprende mucho y además os podéis fijar que dan mucho de sí.

 

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La vida de mis sueños

Últimamente está súper de moda hablar de la vida de tus sueños, la profesión de tus sueños, la casa de tus sueños o el hombre de tus sueños. De todo un proyecto de vida diseñado a conciencia para “ser feliz”. Práctica en la que, por otro lado, nos iniciamos a una edad exageradamente temprana. Aún recuerdo cuando siendo una niña, de las que todavía juega con muñecas, compartía confidencias con mi hermana y amigas en las que aseguraba que con 20 años estaría casada y con uno o dos hijos. Años después descubriría lo diferentes que iban a ser mis veinte. A esa edad soñaba con ser una mamá joven, pero mi concepto de juventud no sería el mismo con el tiempo. Por aquel entonces, mi madre, que tenía la misma edad que yo ahora, me parecía mayor. ¿Qué hubiera hecho yo con un hijo a esa edad? ¡Pues anda que con un marido!

Después de acabar el instituto y estudiar la carrera de mis sueños en Madrid, que tras cinco años resulta que no era tal –debo confesar que esperaba más de lo que entonces era la licenciatura de periodismo –empecé a trabajar; por supuesto aceptando trabajos que distaban mucho de mis expectativas y de ser los de mis sueños, pero empecé a aprender lo que es y a saborear el periodismo. Mujer joven, recién licenciada y sin obligaciones familiares es sinónimo de muchas horas de redacción. Sin embargo, y aunque no lo tildaré de idílico, lo disfrutaba. Puse empeño y dedicación en mi trabajo, con lo que desde joven he ocupado puestos relativamente importantes, con más responsabilidad de la que hubiese imaginado, lo que siempre me hará sentir orgullosa. Ahora, a mis 32, puedo decir que trabajo en algo que me apasiona, y aunque siguen sin ser las condiciones de mis sueños, las que en una situación ideal te planteas; comparto dos trabajos para llegar a fin de mes, lo que me ocupa mucho tiempo y no me deja deleitarme con ellos todo lo que quisiera; pero me siento muy afortunada de dedicarme a mi profesión y de contar con unos ambientes laborales envidiables.

En cuanto a la casa de mis sueños, en diferentes épocas de mi vida he compartido pisos de alquiler con muchas personas, y un piso de estudiantes puede ser cualquier cosa que queramos, literalmente, pero nunca tu casa ideal. Por eso siempre piensas que cuando trabajes y tengas pareja tu hogar será como siempre has soñado. Pero claro, nadie te dice que no te lo vas a poder permitir, con lo que a los treinta sigues viviendo de alquiler, comprando muebles de Ikea y esperando el momento adecuado para colgar cuadros y cortinas; mientras ojeas la web de Idealista.com fustigándote con los fantásticos áticos de dos plantas con terraza. Aunque yo reconozco que, pese a que hacemos un uso excesivo de las persianas, en ausencia de cortinaje, en casa no vivimos nada mal y somos muy felices, que al fin y al cabo es lo que importa.

De la pareja, qué te voy a contar que tú no sepas. Que uno se enamora antes de pasar al otro el test de conveniencia o, mejor dicho, de convivencia, que lo complica todo. Pero así es el amor; si discutes, malo; pero si no, también. Y aquí siempre me consideraré muy afortunada por quien comparte mis días.  Y esto pasa con todo, con el físico, que aunque no te ves mal del todo, siempre te harías un retoquito; el coche, porque te gustaría otra cosa, pero sigues llevando el viejo auto heredado de tu madre y que antes pasó por tu hermana…

Decía Calderón de la Barca que “la vida es sueño”, pero yo prefiero vivir realidades porque “los sueños, sueños son”.