¿Y qué puedo hacer yo?

CRISIS REFUGIADOS SIRIAHay noches en las que piensas que no habrá nada que te devuelva el consuelo, nada que te reconforte. El pasado miércoles todo apuntaba a que me iría a la cama como una gran parte de los españoles, con la dolorosísima imagen de un niño pequeño ahogado en una playa griega cuando intentaba llegar a Europa en mi retina y en mi cabeza, pero sobre todo en mi conciencia y en mi corazón. Periódicos, informativos, redes sociales.. la instantánea se convertía en el símbolo de la crisis Siria y de la dramática situación que viven miles de refugiados.

Como saben, y si no lo saben ya se lo digo yo, suelo utilizar un tono bastante divertido y ameno en mis artículos y acostumbro a hablar de asuntos distraídos e incluso, en algunos casos, frívolos y triviales. ¡Bastante tiene uno con lo que tiene! Por lo que en este ‘Café con Moka’ lo que intento, cada semana, es hacer pasar un buen rato, sin más. Sin embargo, mi ánimo no está para dicha empresa en esta ocasión. Como es lógico, uno no puede permanecer incorruptible ante este acontecimiento y, además, no concibo que pueda ser de otro modo.

Mucho se ha especulado y discurrido en las últimas horas sobre lo acertado o no de publicar la trágica instantánea, incluso sobre la legalidad o no de la misma al poder estar vulnerando los derechos de un menor. Se habla del morbo y el amarillismo de la prensa contemporánea pero, y aunque no suelo comprometer mis opiniones de forma tan pública y notoria, me van a permitir que en esta ocasión apele a la necesidad de mostrar al mundo lo que ocurre, con todas sus consecuencias. Por supuesto, no es cómodo, ni mucho menos fácil, contemplar estos dramas humanos y continuar con tu vida y quehaceres ordinarios, pero esta contrariedad no puede impedirnos conocer la realidad. ¿Cuántos niños han muerto en el mar intentando alcanzar el sueño de Europa? ¿Cuántos titulares hemos leído con cifras de fallecidos que se cuentan por decenas y centenas? Sin embargo, parecemos no saber leer o, lo que es peor, tratamos esta información como lo que vemos, meros números, sin atender a que detrás de cada cifra, de cada unidad, hay una vida frustrada. Por eso, porque somos como el apóstol Tomás “si no meto mis dedos en los agujeros de sus clavos y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré” –no puede haber ejemplo más gráfico –desgraciadamente, pues ojalá fuera de otro modo: “Dichosos los que creen sin ver”, muchas veces nosotros también necesitamos ver.

Una sola imagen ha conseguido remover las conciencias aletargadas de la población que miles de titulares no han alcanzado a despertar. Creo firmemente en la necesidad del trabajo que realizan hoy día los fotoperiodistas porque son capaces de representar como nadie más la realidad. Son, para mí, los principales valedores de la palabra Periodismo en su sentido más noble.

Sin embargo, como adelantaba al comienzo, otra imagen conseguía restituir parte del ánimo perdido: una fotografía que alguien (José Pérez) compartía en su muro de Facebook con decenas de ciudadanos austriacos que voluntaria y espontáneamente se daban cita y hacían cola en una estación, en un anden, esperando la llegada de los trenes con refugiados sirios para ofrecerles vivieres. ¡No todo está perdido! El ser humano es capaz de cometer las peores atrocidades que ni siquiera uno pueda imaginar, y la historia está cargada de ejemplos, pero es verdad que esta misma especie está preparada para emprender los más maravillosos logros consiguiendo unirse y colaborar por el bien propio, el común y, también, el ajeno. Lo importante, en estos casos, es dejar atrás la queja y el lamento, preguntarse qué puede hacer uno y sumarse a los que seguro también se lo han preguntado. Aquí en Murcia también ha nacido una iniciativa popular para pedir al Gobierno de la Región que acoja refugiados sirios y sólo tienes que firmar:

AQUÍ 

Y aunque muchas veces y por distintos motivos me pregunto, en qué país vivimos, esta vez a los gobiernos, a los políticos y a los partidos sólo les voy a pedir un poco más de humanidad en sus programas.

Esas primeras veces

543040_10151246163593914_798992394_nDicen que para todo siempre hay una primera vez. Algo que resulta extremadamente obvio. Lo que también es verdad es que una primera vez nunca se olvida, ya sea por bueno o por malo, y que éstas nunca son fáciles, porque a la excitación del momento se suman los nervios y la inseguridad del que nunca lo ha ‘hecho’ aún. Una primera vez es la experiencia inaugural que tendrás sobre algo, los primeros pasos que das en una dirección y los aprendizajes iniciales en determinadas materias que te marcan para toda una vida. Esas primeras veces son las que van forjando nuestro carácter y personalidad… lo que somos y seremos.

Hay primeras veces increíbles que marcan hitos en la vida de las personas. ¿Quién no se acuerda de su primer coche? Por muy trasto que fuese. Siempre de segunda mano, por supuesto, y lleno de ‘colegas’. Un primer coche no envejece en la memoria, y uno siempre lo recuerda en sus mejores momentos, antes de los toques, los arañazos y de más contratiempos. Además, por muy retro que fuese el modelo, siempre será un coche ‘chulo’. Y estoy segura que muchos de vosotros pagaríais más de su valor, en estos momentos, por poder tener ese primer vehículo de nuevo, aunque fuese como recuerdo. Lo dice una que aún lo conduce. También es verdad que yo fui de las tardías en sacarme el carné y éste no lleva tantísimos años conmigo como podríais imaginar.

En Jaén, el verano del 2006 y en un periódico regional. Ese fue mi primer trabajo. Experiencia que uno tampoco puede olvidar por muchos puestos y empresas que puedan venir después. Reconozco que aún recuerdo el nombre de todos y cada uno de los compañeros de redacción, y eso que soy bastante mala para esas cosas, y por supuesto recuerdo el primer día que me tocó ‘hacer calle’ –como decimos en nuestra jerga –cubriendo un festival flamenco de la zona, el de Pegalajar. Estaba tan nerviosa que hasta perdí la chaqueta que llevaba por si refrescaba (¿en Jaén y en Agosto?). Curiosamente esta experiencia en tierras andaluzas coincidió con otra primera vez no tan gratificante, la primera vez que uno decide que no volverá a beber nunca más. Por desgracia, además, decidí compartir el momento con mi jefe, menos mal que éste resultó ser prácticamente un santo. A todo esto hay que sumarle mi alergia al olivo… ¡Cómo olvidar aquel verano!

¿Y qué me dicen del primer sueldo? La primera vez que uno mira su cartilla y ve el ingreso de su primera nómina se cree poco menos que millonario, y eso que en aquellos momentos yo no llegaba, ni mucho menos, a mileurista. También hay primeras veces que se producen de forma simultánea. La primera vez que uno vive solo, cocina –por lo general un plato de pasta o unos lomos con patatas fritas y olvidando siempre ponerle sal –y pone una lavadora –con todas sus consecuencias: jerséis que encogen, prendas que cambian su color, etc. –suelen ir de la mano en el tiempo. Y otras que se repiten, por suerte, cada año como el primer día de vacaciones o de colegio, en el caso de los que seáis padres.

Por su puesto, también están las primeras veces más románticas: el primer beso, el primer amor, la primera escapada… o la primera vez que pillas a tu pareja en el baño con la puerta abierta. ¡Se acabó el romanticismo! Y aquellas primeras veces que forman parte de un proyecto vital: el primer embarazo, el primer hijo o la primera hipoteca.

Y por último esas primeras veces que desearías que no llegarán nunca: la primera cana, arruga o callo, el primer desengaño amoroso, la primera vez que necesitas tres días para recuperarte de una resaca, la primera vez que te dicen “señora” y, por supuesto, la primera vez que dices adiós a alguien.

La vida no es más que es una sucesión de primeras veces.

Foto: Mi primera vez en los micros de romMurcia Radio.

Vacaciones 2015: Viena, Praga y Barcelona. Parte I.

Hace un tiempo leí que “viajar, primero te deja sin palabras, y luego te convierte en narrador”. No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación. Y es que tradicionalmente lo que uno hace a la vuelta de un viaje es contarlo y compartirlo con la familia, amigos y compañeros. Los más osados incluso se atreven con las recomendaciones. Y los ‘amantes’ de la fotografía, con esas ‘creativas’ presentaciones acompañadas de música que se ponían de moda hace unos pocos años. Seguro que todos habéis visto unas cuantas de éstas, siempre hay un aficionado a las instantáneas en la familia. En los últimos tiempos, con Internet y las Redes Sociales, muchas de estas experiencias se comparten y comunican en tiempo real, y uno puede estar viendo por primera vez la Muralla China al tiempo que hace partícipes a los ‘suyos’ (o no tan suyos) de este momento con un vídeo (Periscope), una foto (Instagram) o un comentario (Twitter). Es verdad que estos días de vacaciones he ido adelantando, a través de mis redes personales, algunos de mis movimientos, pero he preferido esperar a la vuelta para hacer un relato completo de mis aventuras.

IMG_9861Comenzaré diciendo que, al contrario de lo que suelo hacer, en esta ocasión hemos probado la experiencia de contratar la organización del viaje a una agencia, ya que íbamos muy justos de tiempo y demasiado cargados de trabajo para poder dedicarle todo el que nos hubiese gustado. Así, desde Viajes Diana, María Dolores fue la encargada de diseñarnos un estupendo recorrido de 10 días por Praga, Viena y Barcelona. Tal era el volumen de tareas pendientes antes de márchanos de vacaciones que aproveché las siete horas de tren de Murcia (ciudad en la que residimos) a Barcelona (desde donde salía nuestro avión) para preparar las rutas, visitas y degustaciones en los lugares de destino, algo que suelo tener preparado con muchísima más antelación. Guía, libreta y iPad en mano disfruté de un estupendo trayecto imaginándonos por las calles de estas tres ciudades.


Día 1. Pasajeros al tren.IMG_9863
Nuestro tren salía de Murcia a mediodía así que aprovechamos la mañana para terminar de hacer las maletas, los recados de última hora y preparar el ‘picnic’ para el viaje, la comida en el tren no es especialmente buena pero sí bastante cara. Normalmente suelo dormirme fácilmente en estos trayectos largos, pero esta vez conseguí acabar las tareas que me había impuesto sin dar una sola cabezada. Además, también tuve tiempo para leer un ratito un libro que he vuelto a recuperar este verano ya que en su momento me pareció muy interesante y quería volver a ojearlo: Hablar en público es posible si sabes cómo, de Agustín Rosa. Así, entre relatos y audio guías, ya que descubrimos una página web en la que se podía escuchar gran cantidad de información sobre las ciudades que íbamos a visitar, concluimos la primera escala de nuestro viaje. Llegamos a Barcelona bastante tarde, así que cogimos un taxi directamente al hotel, que teníamos muy cerca del aeropuerto, pues el vuelo salía temprano y no había tiempo que perder. Una vez alllí bajamos a tomar algo a la cafetería mientras compartíamos las últimas expectativas y dudas con un par de cervezas, y a la cama.

Día 2. Nos vamos a Viena. Tras tomar el ‘shuttel’ o pequeño bus que ponen a disposición los hoteles para trasladar a sus huéspedes al aeropuerto y unas cuantas anécdotas divertidas más a la llegada al mismo con las maletas y los cordones de seguridad, por fin pudimos desayunar tranquilamente mientras anunciaban nuestra puerta de embarque. Viajamos con Niki Airlines, era la primera vez que lo hacía con esta compañía y la verdad que la experiencia fue bastante positiva, además no perdieron ni rompieron ninguna maleta –algo que me suele ocurrir con bastante frecuencia-. También tengo que apuntar que las embalamos, antes de salir, en uno de los muchos espacios habilitados en el aeropuerto para tal efecto. El único problema es que olvidé poner una chaqueta o pañuelo en el equipaje de mano al no recordar que en los aviones suele hacer bastante frío, sea la época del año que sea.

IMG_9912¡Y al llegar a Viena… 38 grados de temperatura! Con esto sí que no contábamos. Mi equipaje iba repleto de ropa de manga al codo, sudaderas y pantalones largos. Menos mal que a última hora, y porque sobraba espacio, decidí incluir algunos vestiditos y pantalones cortos. Los ‘por si acaso’ algunas veces se utilizan. Rápidamente fuimos al hotel Lindner Am Belvedere, dejamos el equipaje e hicimos unas cuantas fotos de la bonita habitación y de las vistas (los Palacios Belvedere están justo al lado y se divisaban los preciosos jardines) y nos ‘echamos’ a la calle a ver cosas.

IMG_6601

IMG_6569Después de comer un plato de pasta en Kärntner StraBe continuamos hasta el final de la misma y disfrutamos del descubrimiento repentino de la increíble Catedral de San Esteban, en Stephansplatz, y su techo vidriado de colores para después de visitarla adentrarnos en la comercial Avenida Graben, completamente peatonal y llena de antiguos palacetes convertidos en espectaculares tiendas de lujo. Esta calle es un ir y venir de gente de todas las nacionalidades y el aspecto de sus edificios y fisionomía propia la convierten en un espectáculo por si misma. Al comienzo de ésta, se encuentra también la barroca Columna de la Peste. Después de patear un poco más por la zona y cotillear en algunas tiendas, sin comprar, continuamos caminando hasta Michaelerplatz para ver el Palacio Imperial y la Escuela de Equitación Española. En esta primera toma de contacto ya descubrimos que el agua en Viena es un artículo de lujo. Es verdad que no es una ciudad barata, más bien todo lo contrario, pero el agua la venden a precio de oro. ¡Qué disparate! Así aprendimos que lo mejor era no tirar la botella y aprovechar para rellenarla en las fuentes que están por toda la urbe.

IMG_6551

IMG_6561

IMG_6554

IMG_6557

IMG_6565

IMG_0585

IMG_9936Para descansar de la ruta, decidimos visitar los maravillosos cafés de Viena, y si ya estaba enamorada de la ciudad, terminé de caer rendida a sus pies. Tras pasear por algunos de los locales recomendados en la guía, nos decantamos por entrar al mítico Café Central, donde antaño se reunían los literatos y artistas de la zona. La música en directo de piano sonando de fondo, increíbles techos abovedados, una luz tenue (casi de velas), el olor a café y las increíbles vitrinas repletas de dulces y postres hacen de éste el café el más bonito que he visitado en mi vida. ¡Imaginaos qué significa eso para una amante del café como yo! Me podía imaginar perfectamente acudiendo a diario a este lugar a tomar algo y escribir durante horas, pues aquí seguro que no falta la inspiración. El café, por supuesto, estaba exquisito. Y aunque yo no pedí ningún postre, sí que aproveché que José Augusto (mi acompañante, porque habréis imaginado que no viajaba sola, y el hombre que comparte la vida conmigo) había pedido una tarta de chocolate, de cuyo nombre no podemos acordarnos, con una pinta fantástica para probar la repostería, que por supuesto no se quedaba atrás.

IMG_0573

IMG_6653Tras esta experiencia gastronómica continuamos caminando un poquito más hasta La Ópera de Viena, donde aprovechamos para hacer unas fotos al imponente edificio y también al famoso Hotel Sacher por su mundialmente conocida Tarta Sacher (de la que hablaremos más adelante) y que está justo frente a éste. Para finalizar, y ya de camino al hotel –después de pasear horas y horas, pues Viena bien merece un paseo –nos acercamos hasta el Musikverein, conocido porque en su Golden Hall tiene lugar el Concierto de Año Nuevo con piezas de la familia Strauss y que tiene una audiencia potencial de 1000 millones de personas en 54 países. Éste fue un momento especial, por los recuerdos de la infancia que traía a José Augusto, por lo que decidimos que era la mejor forma de acabar nuestra primera jornada en la ciudad. Hotel, ducha y a la cama sin cenar, que nos esperaba un día muy movidito.

IMG_0884

IMG_0067Día 3. Crucero por el Danubio. A las ocho de la mañana nos recogían en el hotel para tomar un barco desde Spitz a Melk y disfrutar de un estupendo crucero de noventa minutos por el río Danubio. Preparamos la mochila para la excursión: cámaras, gorras, gafas de sol y agua, y comenzamos el viaje. Un romántico trayecto por pueblos con encanto, viñedos cultivados en pendiente, ruinas de castillos medievales y preciosas estampas naturales. Y es que pocos ríos han inspirado a los artistas como el Danubio, inmortalizado, por ejemplo, en el vals de Strauss. El único inconveniente a este idílico paseo fue el calor y la falta de espacios con sombra en el barco, pero aún así disfrutamos muchísimo de las vistas.

IMG_0027A la llegada a Melk, aprovechamos para comer en el restaurante de la Melk Abbey un estupendo filete vienés para tomar fuerzas para la posterior visita a la Abadía. De este lugar me encantaron dos cosas fundamentalmente: La musealización de este espacio con un diseño completamente moderno y minimalista que contrasta con los siglos de historia de sus paredes, y la increíble Biblioteca, famosa por su extensa colección de manuscritos. Incluso el mismísimo Umberto Eco nombró a uno de los protagonista de ‘El nombre de la Rosa’ Adso de Melk en tributo a este fantástico espacio para la literatura y la ciencia.

IMG_0038

IMG_6677

IMG_6726

IMG_6682
De vuelta en Viena, y tras pasar por boxes para ducha y cambio de indumentaria, salimos a pasear por la ciudad para descubrir nuevos rincones. Así llegamos hasta el Stadtpark, con la estatua dorada de Strauss, y el Burggarten, y la propia de Mozart para finalizar en el Museumsquartier, un complejo cultural que con sus 60.000 metros cuadrados se ha convertido en el espacio cultural más grande del mundo.

IMG_6756

IMG_6762

IMG_0568Para finalizar el día decidimos aprovechar para degustar un vino blanco de la zona, por lo que habíamos oído y visto en la excursión por el Danubio, los más típicos. Y tengo que reconocer que desde ese momento es una afición que he practicado bastante en el viaje. Como dice el refrán: “When in Rome do as the Romans do”. Y como nos habíamos quedado con hambre, pero no lográbamos entendernos con el camarero que nos atendió donde el vino, buscamos un puesto ambulante de hot dogs y probamos las famosas salchichas vienesas. Muy buenas por cierto. Tanto es así que estos días hemos investigado y encontrado una variante muy similar en Lidl, donde por cierto también venden la cerveza que bebimos en Praga (de la que hablaré en otro post), para hacernos nuestras noches remember.

IMG_0022Como colofón a la noche visitamos el famoso Hotel Sacher y saboreamos la original Sachertorte, inventada ni más ni menos que en 1832. De su sabor qué os voy a contar… si hasta José Augusto que odia las mermeladas (uno de sus ingredientes) quedó fascinado con su sabor y su textura. ¡Hay que probarla al menos una vez en la vida! No me extraña que la propiedad de la misma causase numerosas disputas entre los herederos del Franz Sacher. Una vez más, pero esta vez con los estómagos llenos, ducha y a la cama.

IMG_6831Día 4. Una jornada imperial. Nuestro último día en Viena lo dedicamos a la ruta más imperial de la ciudad, visitando el Palacio de Schönbrunn (el de Francisco José I de Austria y su esposa Sisí Emperatriz), también conocido como Versalles vienés, un verdadero icono del lujo y opulencia real y que no deja indiferente a nadie, fundamentalmente por sus increíbles jardines. Del edificio, que en origen fuera concebido como residencia de caza de los Austrias, lo que me resultó más impactante fueron precisamente estos espacios al aire libre y la espectacular sala de baile. Además, la visita guiada nos permitió descubrir en la figura de Francisco José I anécdotas que no conocíamos y que nos resultaron de gran interés, como su tenacidad y escrupuloso cumplimiento de sus obligaciones con estrictos y completos horarios de trabajo. Es una visita bonita, pero hay que tener en cuenta que entre hacer cola para las entradas, para entrar y el propio recorrido, además del tiempo de relajo por los jardines, se va medio día completo.
IMG_0919
IMG_0925

IMG_0045Volvimos al hotel para recomponernos con una ducha, cambiarnos de ropa (para el plan de la noche) y comer cerca del mismo antes de iniciar la incursión en los Palacios Belvedere o, como su nombre indica, ‘bella vista’. Son dos palacios, construidos para servir de sede de fiestas de la sociedad vienesa de la época, unidos entre si por un bonito jardín en varios niveles y desde el más alto se puede disfrutar de una fantástica vista de toda la ciudad. Después reponíamos un poco de fuerzas en el Starbucks con un batido fresco para luchar contra el calor y aguardábamos con impaciencia nuestra última cita con Viena.

IMG_0949

IMG_0952

IMG_0548

IMG_6891Concierto de música clásica de Mozart en la mítica Golden Hall del Musikverein. Además, tuvimos la suerte de poder disfrutar del concierto desde el escenario, en unas butacas habilitadas en el mismo y que permitían ver la increíble sala desde una perspectiva completamente diferente a la que estamos acostumbrados. Ver las caras de la gente de todos los países, la emoción de los aplausos y la majestuosidad del espacio desde donde los músicos interpretan las piezas de los más grandes compositores. Fantástico repertorio que el director de la orquesta, haciendo un guiño a los turistas, por lo del Concierto de Año Nuevo, finalizó con ‘El Danubio Azul’ y ´La Marcha Radetzky´. Un final perfecto para nuestra estancia en la ciudad imperial, algo que recomiendo a cualquier visitante, y que disfrutamos de forma especial por la carga emotiva que tenía para nosotros el momento, pues para José Augusto fue un sueño cumplido.

IMG_0997

Vivir en Pareja I. Reflexiones desde Praga

11800617_10153536702993914_2839146852864480305_nEscribo este artículo en el tren de vuelta de mis vacaciones, pues son siete horas de viaje las que tengo por delante y, como imaginarán por alguno de mis artículos anteriores, si hay algo que no me gusta es perder el tiempo, o tener la sensación de estar haciéndolo, con lo que he elaborado una lista de tareas, que trato de cumplir -si las voces de dos parejas recién atracadas de un crucero por el Mediterráneo durante el que parecen haber acabado con las existencias de ensaimadas de Mallorca y que aún llevan la fiesta en el cuerpo, me lo permiten-. Así, para comenzar, les voy a hablar de Mónica, tocaya mía, que fue nuestra guía en una de las excursiones que realizamos en Praga. Leonesa de nacimiento, lleva bastantes años viviendo en esta ciudad con su familia: esposo, hijos y nietos, y pese al tiempo aún lamenta la falta de sol de este país (República Checa), pero celebra la buena cerveza de la zona, de la que he sido testigo, y la belleza de rincones como el Puente de Carlos, también para mí una de las estampas más bonitas del mundo; por algo he elegido por segunda vez esta ciudad como destino para una escapada. Una mujer de ideas claras, a la que le gusta el mando, como ella misma reconocía: «lo mío es gobernar», refranera y con un don especial para contar las cosas. Es más, con una voz, un tempo y cadencia muy similares a los de la grandísima Rosa María Calaf.

Entre las explicaciones y aclaraciones históricas y culturales del tour aprovechaba para darnos alguna que otra lección aún más interesante si cabe que las propias de su tarea. Lo primero que recordó a la subida del autobús, haciendo uso del refranero local, fue que nunca están tan mal las cosas como para que no puedan ponerse peor, con el objetivo de evitar las quejas de los ‘excursionistas’ por las elevadas temperaturas que, en contra de todo pronóstico y superando hitos  históricos, registraba el país en los últimos días.

IMG_7046

Así, en una no poco pronunciada subida por una de las calles de los principales palacetes de Karlovy Vary, en los que fijaron temporalmente su residencia Chopin, Mozart, Goethe o el zar ruso Pedro ‘El Grande’,entre otros, y haciendo referencia a la gran variedad y gamas de colores con los que estaban enlucidos los mismos: salmón, hueso, azul pastel… Subrayaba la sorprendente incapacidad masculina para reconocer y diferenciar los diversos tonos. «Por las mañanas, y cuando una más prisa tiene siempre temo el momento en el que, mientras acabo mi café rápidamente para salir corriendo y evitar precisamente dicha situación, se escucha esa vocecita que viene desde el fondo del pasillo, del cuarto de baño: ‘¿qué me pongo?’. Como si no tuviéramos suficiente con elegir nuestra indumentaria, tenemos que diseñar también su look del día. Pantalón marrón, camisa de rayas, calcetines en la misma gama y zapatos y cinturón también de este color, respondo yo. Y diez minutos después, aparece por la puerta con camisa verde y pantalón gris. ¡Además de todo, daltónico!».

IMG_0213Las mujeres, que éramos mayoría en el grupo en ese instante, sonreíamos mirando a los respectivos (la mayoría de los cuales venían por detrás ajenos a la conspiración femenina) y diciéndonos a nosotras mismas: «Son todos iguales», con cierto alivio al descubrir aquello de mal de muchos… Y es que está es una de esas pequeñas cosas de la convivencia.

Es curioso, pero cierto, que hay escenas que se repiten jornada tras jornada en muchísimos hogares y que, aunque no hay dos personas iguales, existen patrones de comportamiento que quizás nos ayuden un poco a entendernos los unos a los otros y a convivir, porque si aún así nos cuesta, imagínense que actuásemos todos de forma siempre diferente. ¡Menudo tropel!

Al igual que ocurre con la escena del modelito que comentaba Mónica, la guía, son muchas las situaciones que se reproducen en pareja en cualquier parte del mundo: «El grifoooooo», mientras te duchas y abren el agua o tiran de la cadena provocando que te escaldes la piel o, en el mejor de los casos te congeles. «La luuuuz», cuando vas por la casa apagando interruptores al paso del otro -aunque tengo que reconocer que en mi casa soy yo la que va dejando todo encendido. «Papeeeel», porque el ultimo nunca repone.

Y es que «son como niños», continuaba diciendo, «aquí dicen que las mujeres se casan por tener alguien con quien jugar cuando los hijos se hacen grandes». Y probablemente a los checos no les falte razón, pero qué hay más divertido que vivir jugando…

Periodistas

BDVOO1wCAAEOJ6tNo han sido los primeros y, desgraciadamente, tampoco serán los últimos pero cada vez que ocurre es inevitable sentir un repizco en el corazón. El ejercicio del periodismo, tal y como muchos lo vivimos, es cautivador y fascinante. Tanto es así que incluso te olvidas del tiempo, el dinero, los festivos y las fiestas de guardar. Un periodista lo es 24 horas al día, incluso aunque esté cabreado con la profesión y reniegue de la misma. Cosa que en los últimos tiempos no es muy complicado que ocurra. Entre nosotros el que más y el que menos puede contar batallas de difíciles y desagradables entuertos, pues este oficio tiene esas pequeñas dosis de ‘aventura’ que lo definen y a las que somos completamente adictos. Sin embargo, hay a quienes les va la vida en ello, literalmente. Este año son ya 36 los periodistas asesinados, 71 en 2014, y más de 150 encarcelados en diferentes países de todo el mundo, tal y como se recoger en el informe de Reporteros Sin Fronteras.

Hace unos días, siguiendo mi costumbre de revisar la actualidad a través de las redes sociales nada más despegar el primer ojo y aún en la cama, despertaba con la fatal noticia de la desaparición de tres compañeros españoles (da igual de donde hubieran sido, pero es verdad que el principio de proximidad que se estudia en Periodismo es una realidad) en Siria, uno de los países más arriesgados para ejercer la profesión con un total de 27 secuestros a profesionales de los medios el año pasado. Y como digo, fue inevitable sentir, por unos segundos, el desconsuelo y la aflicción que las familias de los tres jóvenes vienen soportando a lo largo de estos días de falta de información y/o comunicación con ellos.

Nunca como en estos momentos la información es tan preciada y necesaria, y es que soy de las que piensa que la ausencia de información, o incertidumbre, es siempre peor que la ‘mala información’ (en el sentido de malas noticias) porque el corazón, el alma humana, no esta preparada para no saber. Fue este convencimiento el que me empujó, casi en el último momento a decidirme por esta carrera: mi acuciante necesidad de saber y mi falta de resignación ante la incertidumbre. Quizás son motivos demasiado personales, que van más lejos de la formación profesional, pero como ya he dicho, el del periodista no es simplemente un oficio.

Días antes de marcharme a Madrid para estudiar Periodismo en la Universidad Complutense rellenaba una preinscripción para la UM solicitando, por este orden, las titulaciones de Filología Inglesa, Psicología y Trabajo Social, sin embargo la nota ‘me dio’ y así comenzó mi peripecia de cinco años en la capital. Al principio, todo es nuevo e interesante, pero mi experiencia personal con esta licenciatura fue más de odio que de amor. Poco había del espíritu aventurero que yo buscaba en las tediosas asignaturas troncales y obligatorias que componían el programa docente –con lo que busqué la aventura fuera de la facultad -. Muchas fueron las ocasiones en las que pensé abandonar, incluso adivinaba que podría haber sido feliz ejerciendo cualquier otra profesión y hasta sentirme realizada ya que aunque no soy una mente excepcional, sí que soy de esas personas que tienen cierta habilidad para hacerlo casi todo de forma aceptable. Sin embargo, mi familia no podía permitirse un nuevo comienzo universitario, algo de lo que siempre fui muy consciente.

Con el tiempo, acabas de estudiar y comienza la verdadera aventura: Ejercer. En tres meses que estuve de becaria en Jaén, en pleno verano y con alergia al olivo, aprendí mucho más que en mi periplo de cinco años por la Facultad de Ciencias de la Información. Y de ahí, un trabajo tras otro, unos con mejor fortuna que otros y entre los que nunca podré olvidar mi paso por El Faro… ¡Eso sí que fue un máster! Pero siempre puse mucha pasión.

Por eso, cuando escucho a compañeros y profesionales cuestionar el trabajo de, por ejemplo, estos tres periodistas que ahora mismo viven un presente incierto (por todo aquello que no sabemos), por lo arriesgado y temerario de su misión no puedo más que compadecerme porque son ellos los que viven condenados a ejercer un oficio que no sienten, están faltos de amor. Yo, a ellos (a los tres periodistas -para los que deseo, de verdad y con todas mis fuerzas, el mejor final – y otros profesionales que se encuentran en destinos o circunstancias similares) les envidio profundamente por atreverse a dar rienda suelta a esta pasión.

Publicado en el Diario La Opinión el 24 de Julio 2015

Murcia Más Cerca, y muchísimo más lejos

10492616_10153391287478914_4077530975699170049_nEste año he vuelto a sentir la nostalgia de esos últimos días de cole cuando apretaba el calor y, después de la correspondiente fiesta de fin de curso con la oportuna actuación que pasábamos meses preparando, uno se iba de vacaciones y se despedía de sus compañeros de clase hasta septiembre. En este caso no ha sido en junio sino en julio y no será hasta septiembre sino que a finales de agosto estaremos todos aquí de nuevo para preparar la nueva temporada de romMurcia Radio. Pero el sentimiento ha sido muy similar.

Después de un año vinculada a un proyecto muy enriquecedor, cuando toca despedir –aunque sólo sea un hasta luego –una no puede evitar ponerse un poco tristona. Y es que este año he podido sumar varias de mi pasiones: mi profesión, la radio y viajar.

11693880_10153443633223914_7222024332102344105_nEn octubre, gracias a la colaboración de la Dirección General de Participación Ciudadana, Unión Europa y Acción Exterior y al apoyo de su director general Manuel Pleguezuelo, estrenábamos un programa dedicado a todos aquellos murcianos que lejos de su tierra quieren seguir estando cerca. Así, en 35 programas hemos dado voz a medio centenar de personas que nos han trasladado a todos los puntos del planeta,cada semana, sin salir de los estudios de romMurcia, y han compartido con nosotros su aventura, su experiencia personal. Con ellos hemos reído, hemos llorado, nos hemos divertido y hemos aprendido muchísimo, pero sobre todo hemos hecho buenos amigos y vivido grandes momentos para el recuerdo.

Sería imposible olvidar a Toya, en Colombia, y su emoción al escuchar a sus sobrinas en directo en nuestro estudio; a Miguel Maestre, el chef australiano, que además de reír muchísimo nos cantaba la Parranda por Skype en vivo y en directo; a José Jodar el cooperante que nos relataba la realidad del Ébola desde Mali; a Manoli y Carmen que vivieron un terremoto en Chile al poquito de aterrizar, a Raquel y sus viajes a Murcia con los pequeños… Y a otros murcianos que han llevado el nombre de la Región a todo el mundo a través de sus empresas y productos, como Laura y José Luis de Casa Rojo o Jorge Vera… A todos, a los que menciono y a los que no (sería interminable): ¡Ha sido un auténtico placer viajar con vosotros!

iprograma4Pero, como he dicho al comienzo, esto no sería posible sin la confianza y la ilusión compartida con Manuel que se implicó en este proyecto desde el comienzo y del que hemos aprendido que en poco tiempo se puede hacer mucho ¡Enhorabuena! Por supuesto, también a romMurcia y a sus responsables que han puesto el medio para la realización de este sueño.

Sin embargo, mis últimas palabras (con el permiso de los anteriores) son para mis compañeras de viaje: Inma Mengual (@inmaletas) y María Pérez que en el micrófono contiguo y al otro lado del cristal han sido el alma de este programa. Mi soporte cada semana, mi apoyo y, en gran parte, las responsables de mis risas y sonrisas. ¡Chicas ha sido estupendo viajar con vosotras!

En septiembre… ¡Volvemos a la carretera!

Por cierto, para quien nos quiera escuchar: Murcia Más Cerca 2014-2015

El lobby de las madres que molan

IMG_0037Aún recuerdo cuando lo que de verdad molaba era parecerse a Carrie Bradshaw. Para quien no lo sepa, el personaje principal de la serie de la HBO ‘Sexo en Nueva York’ interpretado por la actriz Sarah Jessica Parker y que marcó a toda una generación de mujeres en su forma de entender las relaciones de pareja. Una escritora de éxito, independiente, atractiva (aunque incomprensiblemente me consta que hay muchos hombres que no piensan así), soltera pero bien relacionada entre la sociedad neoyorquina y adicta a los ‘Cosmopolitans’ y a la moda, que podía destinar el presupuesto de una hipoteca media española a ‘Manolos’ – los zapatos Manolo Blanik salen a razón de mil euros el par, los más económicos -. Una mujer que imponía un nuevo patrón de conducta femenino superando muchos tabús, fundamentalmente sexuales: “Estar soltera solía significar que nadie te quería. Ahora significa que eres guapa, sexy y te tomas tu tiempo para decidir cómo quieres que sea tu vida y junto a quién quieres pasarla” –en sus propias palabras-.

11741681_10205900676648529_894753922_nSin embargo, ahora se lleva algo distinto, que no opuesto. No me entiendan mal. Siempre se ha dicho que las modas son cíclicas y que tras los pitillo vuelven los pantalones de campana, o viceversa. Pero claro, es mucho más fácil deshacerse de varios pares de vaqueros y leggins y renovar el armario, que de todos los principios morales, éticos y sociales que componen una vida.

Y es que lo que mola ahora son las madres. Pero no unas madres como lo fueron la tuya o la mía, madres que además de jóvenes, guapas, profesionales y con cuantos más retoños mejor, mantienen un blog a través del que comparten sus experiencias sobre la lactancia, las bandoleras portabebés o los alimentos prohibidos durante el embarazo. Madres que, como la gran mayoría, se ven obligadas a conciliar la vida familiar con la laboral y que llevan esta reivindicación por bandera. Derecho que, por otro lado, apoyaré siempre, porque imagínense… si a mi me cuesta conciliar un trabajo con otro, no quiero imagina teniendo prole.

Son las madres que molan, un lobby que copa las redes sociales, publica libros y que se rifan las grandes marcas como ‘influencers’. Madres que consiguen vivir de esto, atender a su familia y, además, continúan estando divinas. Por no decir que todas tienen maridos guapísimos, en forma y súper comprometidos con la causa. Adictas a Instagram y las listas de ‘tips’ o recomendaciones. Un grupo de presión, con unos fuertes vínculos, capaces de hacer sentir de menos a aquellas que no tenemos hijos de los que presumir. Esto último puede parecer un poco exagerado, pero lo que si consiguen es hacer parecer que, a veces, las demás (mujeres sin hijos) no molamos, o al menos no tanto como ellas. Su influencia es tal que se imita el nombre de sus hijos, como el caso de Mateo ‘el mayor’ de Isasaweis (en los últimos meses he conocido un montón), se organizan jornadas exclusivamente de ‘madres blogueras’ y hasta se crean clubes privados, como el de las @malasmadres, “nacidas para luchar”, con tienda propia de recuerdos y souvenirs.

Yo, sinceramente, si me lo preguntan, aún no sabría explicarles a ustedes qué es o quién es una MalaMadre. Lo que sí tengo claro es que yo, de madre, quiero ser como Nacho Ruiz y Carolina Parra que construyen aviones, casi a tamaño real, con sus pequeños (y comparten el proceso con nosotros en Facebook). Eso son unos padres que molan, no sé si buenos o malos, pero que molan. Mientras llega ese día intentaré molar ‘también’ sin hijos.

En la primera foto: Mi hermana, mi madre, mi sobrino y yo.

En la segunda foto: Martina y Hugo, hijos de Nacho y Carolina, probando su recién construido aeroplano en sus vacaciones en Isla Plana.

¿De encaje o con muñequitos?

IMG_5776En el universo de las relaciones de pareja, no creo que nadie tenga la verdad absoluta sobre nada, es más, dudo que alguien tenga la verdad absoluta sobre algo. Así de escéptica soy en estos asuntos, porque si algo he aprendido en estos años, que nos son muchos (30), es que no sólo cada pareja es un mundo, sino que tú eres un mundo distinto con cada pareja.

Con esta aclaración por delante, puesto que no quiero erigirme en gurú del amor de ningún tipo, haré una pequeña reflexión sobre uno de los aspectos que más llama mi atención sobre la ‘vida en pareja’ – después de largas conversaciones con amigas, familiares y propias experiencias-.

Es curioso como en muchas ocasiones ocurre que cuando alguien se convierte en compañero, de esos que ves todos los días al acostarte y al despertar, deja de resultar tan gracioso como antes, tan ingenioso, tan divertido, tan interesante e incluso tan atractivo.

Todo empieza cuando el ruidito que hace con la cucharilla de café deja de parecerte un armónico tintineo y se convierte en un ruido infernal, cuando sus pecas de la nariz se convierten en enormes manchas en su rostro o cuando esa forma tan maravillosa de frotarse los pies mientras ‘coge el sueño’ es poco menos que una agresión física a tu persona. ¿Os suena verdad?

En un principio comienzas a ‘coger manía’ a algunos de sus rasgos característicos, la siguiente fase es la de comparación con ‘lo que era’ y por último pasas a establecer estas comparativas con otras personas, y es ahí amigo mío donde uno esta perdido, porque su pareja habitualmente acaba ‘perdiendo’, no en vano dicen que las comparaciones son odiosas.

Pues bien, no creo que en la mayoría de casos éste deje de ser todas esas cosa, es sólo que el ojo humano lo percibe de forma distinta al entender como un ‘inmutable’ y presumiendo que estará ahí de por vida dejamos de preocuparnos por mantener a esa persona a nuestro lado, con lo que restamos importancia sus necesidades, cualidad y hasta capacidades. Sus maravillas y encantos se hacen menos visibles y otras compañías nos resultan más gratas y entretenidas en según que circunstancias. Pero la pregunta real es ¿lo son? Sinceramente dudo que esas otras mantuviesen nuestro interés por mucho tiempo.

A este respecto hay un diálogo, sobre braguitas viejas de algodón o lencería fina, en la película ‘Alta Fidelidad’ –reconozco que el libro está aun en mi lista de pendientes, que aumenta cada día- protagonizada por John Cusack y que recomiendo a todo el mundo, que a mi me resulta muy esclarecedor sobre este asunto. Os dejo el enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=GoPIgcBHaKA#aid=P-vTlWFgVsM

Y es que un compañero de viaje es mucho más que unas braguitas de encaje o ropa interior con la muñeca de ‘Hello Kity’, que por cierto tan de moda está últimamente en estas prendas íntimas, no me preguntéis por qué.

Las personas, por lo general y en los mejores casos, hacemos ruido al comer, al dormir, usamos ropa interior desgastada y algunos hasta nos mordemos las uñas, aunque yo tengo que confesar que lo estoy dejando.

Publicado el 8 de Marzo de 2014 en Diario La Opinión 

Tardes de piscina

559381_10151884741468914_303886578_nEl pasado fin de semana me enfrentaba a uno de los momentos más terribles de la temporada estival: la primera vez que luces el traje de baño tras el ‘largo’ invierno. Da igual el tiempo que lleves haciendo la ‘operación bikini’, los kilos de lechuga ingeridos o las horas de gimnasio entre pecho y espalda, la inseguridad es directamente proporcional a los centímetros de destape de dicha prenda. Además, para más inri, lo hacía en mi pueblo natal, lugar en el que no me dejaba ver de esa guisa desde hace bastantes años y donde, como es habitual en las localidades pequeñas, todos nos conocemos, lo que incrementa el interés de los lugareños y lugareñas en el espectáculo. Y el tiempo nunca perdona.

El caso es que después de probarme varios modelitos, me decidí por el que menos cacha enseñaba, para hacer el proceso más progresivo y porque no se qué regla sociológica no escrita del manual de las madres, pero que cala de forma más que efectiva en las hijas, recomienda siempre los más atrevidos para la playa y los castos para la piscina. Sorprendentemente y dejando de lado el tono ‘blanco nuclear’ de mi piel, se puede decir, y no es modestia, que superaba la prueba con más nota de la esperada. Con nuestros cuerpos en bañador pasa igual que cuando uno escucha su voz grabada por primera vez, siempre afirma: “no parece la mía”, cuando lo que realmente ocurre es que no queremos reconocerla. Pues lo mismo con nuestro look en biquini. Pero si eres capaz de mantener la exposición a la misma más de 10 minutos, al final te convence.

10511250_10152677995743914_7298663048096345208_nUna vez en la piscina, comienzas con el protocolo de selección de sol o sombra –nosotras siempre sol para ponernos morenas y ellos, lo contrario, no sé si será simplemente por joder o no –y ubicación del kit de baño: toalla, cremas, zapatillas, revistas, reproductor de música… aunque últimamente gracias a dios y a los móviles de última generación éste se ha reducido considerablemente. Seguidamente, lo que más apetece es un baño para refrescarse pero, y aunque yo entiendo todas las razones de higiene y sanitarias que puedan esgrimirse en favor de esta medida, odio la obligatoriedad de las duchas previas. Señor socorrista, yo soy una chica muy limpia y aseada y no entiendo por qué tengo que pasar por semejante trance de agua completamente congelada, cabeza incluida, antes de mi relajante baño. Antes, si tenías suerte y burlabas la mirada del vigilante podías ahorrarte este paso, pero ahora en mi pueblo han instalado unos dispositivos en las entradas a la piscina que detectan el movimiento y se encienden de forma automática cuando pasas por debajo, con lo que es imposible escapar. Esto en la playa no te ocurre.

Por eso, cuando a mí me preguntan si soy más de playa o de piscina, pues me lo tengo que pensar, porque además de todo lo anterior, bien es sabido que el bronceado de playa gana por goleada al de piscina ; que el agua del mar, según la ‘mamipedia’, es como el paracetamol, buena para todo; y que ésta además se renueva constantemente. Sin embargo, en la piscina, ligar es sólo cuestión de facilitar o provocar el encontronazo o el intercambio de miradas orilla a orilla, en el mar, de paseos hasta encontrar la víctima perfecta. Si pierdes un arete en la playa puedes olvidarte del mismo, pero en la piscina puede convertirse en un juego divertido hasta ver quién lo encuentra antes. Y que levante la mano quien no se haya zambullido alguna vez en la piscina para quitarse la arena de playa…

Aunque si tengo que decidir, los besos salados saben siempre a verano, y los de cloro… ¡Puaj!

Complejo de Profesor de Autoescuela

¿Os habéis fijado alguna vez en el alto porcentaje de hombres que para dar marcha atrás abrazan el sillón del copiloto? ¿Es que no saben que hay espejos retrovisores? O peor… ¿no saben para que sirven?

Prefiero perderme a que me dicten el camino. 

IMG_0841Han oído alguna vez aquello de que todos llevamos un entrenador dentro. Seguro que sí. Y es que esta afirmación también valdría para el supuesto de Presidente de Gobierno, por ejemplo, porque cuando la responsabilidad cae sobre otro siempre es más fácil tomar decisiones, ¿verdad?

Yo, que confieso que a mi edad todavía no tengo muy claro qué es un fuera de juego, me he sorprendido en alguna ocasión cuestionando la estrategia del ‘mister’ de turno repitiendo algo que habría escuchado por ahí con tal convicción que parecía haber nacido para esto, cuando realmente de lo único que puedo opinar con cierto criterio es de los estilismos personales de algunos entrenadores de fútbol, por decir algo. Y si esto lo trasladamos al caso masculino, donde se mezcla esta característica marca España de ‘yo lo sé todo’, o al menos ‘sé más que tú’, y su pasión cegadora por este deporte, el resultado es una proliferación de Mourinhos, Guardiolas y Ancelottis como si fueran setas silvestres, que nacen por todas partes, sin control y donde menos te lo esperas. No me digan que no es así.

Sin embargo, en los últimos años he ido descubriendo otra profesión intrínseca al caballero, no se muy bien si es que lo llevan dentro, como en el caso del entrenador, o más bien que padecen cierto complejo, pero aún no he conocido varón que se siente de copiloto en el coche con una mujer y sea capaz de tener la boca cerrada. Quizás les caló bien hondo aquel ‘claim’ de ‘mujer al volante peligro constante’ que, por cierto, desmienten todas las estadísticas sobre conducción, accidentes e infracciones de los últimos años ya que por ejemplo 2 de cada 3 accidentes de noveles son hombres y el 81% de las infracciones sancionadas son masculinas –aunque esto también se puede deber, como comenté hace algún tiempo, al trato de favor de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad con el género femenino, así que es un dato menos fiable-.

Como me señala una amiga hablando de este tema, ‘No podemos conducir por ti’ que dice la DGT, y “yo que me alegro”, que contesta ésta, porque sí a mí también ‘me gusta conducir’. Pero lo que no nos gusta nada es llevar a un copiloto con complejo de profesor de autoescuela a nuestro lado dando indicaciones durante todo el trayecto.

  • Cuidado con el de delante.
  • ¿Has visto al de la derecha?
  • Sí.

De repente, ves su cabecita asomar por el espejo retrovisor o lo ves inclinándose para mirar por los laterales…

  • Sal, que no viene ninguno.
  • Sigue, que tienes prioridad.
  • Acelera un poco que llevas el coche ahogado.
  • Frena que te lo comes…

Y a estas alturas de la conversación es cuando tú ya contestas que tienes ojos en la cara igual que él. Sin embargo, puede ir a peor, y si tras este primer aviso vuelve a insistir…

  • ¿Quieres conducir tú o te callas?

Y es que hacen perder la calma a cualquiera y consiguen que al final conducir se convierta en una actividad de riesgo y acabes dándoles la razón.

Estoy segura que esto no es exclusivo de los hombres, alguna mujer habrá que también padezca tal síndrome, pero yo, sinceramente, aún no me he encontrado ninguna, aunque siempre hay una primera vez. En muchos casos, su mejor defensa es asegurar que están acostumbrados a conducir ellos y que lo hacen instintivamente pero, fíjate tú que cosas, que cuando va otro hombre al volante pierden el instinto.

El caso es que cuando esto lo hace un copiloto que al menos tiene el carné de conducir, irrita, pero ¿y cuando el supuesto instructor no dispone del permiso? Entonces sí que es para bajarlo del coche, como me apuntan Carmen y María Dolores a través de Facebook, y estoy segura que así lo harían éstas.

Estoy segura de que hay muchas cosas de mi conducción que pueden poner nerviosos a mis acompañantes, pero ¿y las cosas que a nosotras nos irritan de ellos? ¿Os habéis fijado alguna vez en el alto porcentaje de hombres que para dar marcha atrás abrazan el sillón del copiloto? ¿Es que no saben que hay espejos retrovisores? O peor… ¿no saben para que sirven?

Pocas cosas en el mundo me pone tan nerviosa como tener sentado junto a mí a un copiloto ‘tomtom’. Y es que prefiero perderme a que me dicten el camino.