No voy a escribir sobre Trump y las elecciones americanas, demasiado habréis escuchado y leído ya de este asunto y, como popularmente se dice, “lo que te rondaré morena”. Pero sí sobre una información que leía hace unos días. Son pocas las noticias que pueden ya llamar mi atención a través de redes sociales. Es tanta la cantidad, que mi cabeza ya no discrimina. Pero entre las que consiguen distraerme o atraerme destacan, con importante ventaja sobre las demás, aquellas que cuentan con un toque de humor, implícito o explícito, o cierta dosis de excepcionalidad, rareza o singularidad. Así, la semana pasada, mientras ‘cotilleaba’ en Facebook leía el siguiente titular: “Ikea Shanghái prohíbe a las personas mayores reunirse en su cafetería para tener citas a ciegas”, o su versión latina –que sinceramente me gusta mucho más –“A Ikea se la agotó la paciencia con los viejitos que buscan el amor en su tienda de Shanghái”. Irremediablemente sentí la necesidad de continuar leyendo el resto de la noticia, práctica a la que, reconozcámoslo, cada vez somos menos aficionados. Claro, luego criticamos los titulares porque nos parecen sesgados e incompletos, tachando a los periodistas de manipuladores. Y créanme, haberlos haylos, pero no se imaginan ustedes lo complicado que resulta a veces resumir el contenido de todo un artículo en tan solo ocho o diez palabras, en los mejores casos, y que además resulte atractivo para que tu jefe de redacción te lo apruebe. Además, uno no puede pretender estar informado ni hacerse un criterio sobre algo leyendo apenas dos líneas. Yo sé que el tiempo es oro y que es de lo que la mayoría adolecemos, pero si no puede usted saber de todo, seleccione.
Bueno, a lo que vamos. Al continuar con la noticia descubría que este grupo de población se daba cita todos los martes y jueves en la cafetería de la tienda sueca para encontrar el amor, lo que me pareció tremendamente explotable por la marca, que lleva el siéntete como en casa por bandera en sus campañas de marketing y comunicación. Pero claro, estos apenas consumían y además dejaban poco espacio para el resto de clientes, con lo que la compañía tenía que limitar su presencia en la misma. Por su parte, los ‘ancianitos’ sienten que se han quedado sin el único lugar en el que podía enamorarse, ya que “el resto de locales están copados por la gente joven”. La decisión se ha convertido en una polémica abierta en el país entre detractores y defensores de los ‘viejitos románticos’.
Pero a mí, lo que realmente me resultaba más sorprendente de la información es que eligiesen Ikea como referencia para encontrar a su media naranja ya que si hay algo capaz de acabar con un matrimonio es una visita a los almacenes del gigante de muebles suecos. Si uno no se separa en la sección de cocinas, lo hace en la de muebles de baño o en la de ropa de cama. Esto y las páginas webs de citas extraconyugales son lo que más ha hecho en este país por el divorcio. Sin embargo, nos empeñamos una y otra vez en seguir haciendo pasar esta prueba de fuego a nuestras parejas. Si sobrevivimos a un día en Ikea el amor será eterno. Yo suelo acudir un par de veces al año, aunque reconozco que no me importaría hacerlo más. ¡Es como jugar a las casitas siendo grande! En este momento recuerdo varias escenas de la película ‘500 días juntos’ –a quien lo la haya visto se la recomiendo –y aquella en la que Tom (Joseph Gordon-Levitt) se sorprende y pregunta, mientras está tumbado en ‘su’ cama con Summer (Zooey Deschanel), qué hace una familia de japoneses en su baño. Pero si uno no se pelea durante el trayecto, que resulta lo más parecido a un laberinto, que sea prudente… aún queda el montaje.
Así que, llegados a este punto, yo recomendaría a la cadena revisar su posición sobre los ‘viejtos’ y tomar nota de la experiencia romántica en sus instalaciones para su próximo anuncio: ‘Lo que ha unido Ikea, que no lo separe el hombre’; o también: ‘Lo que no ha desunido Ikea, que no lo separe el hombre’…


Me encantan las fotografías. Siempre me han gustado. Y no me refiero sólo al hecho de fotografiar, sino también a lo que éstas significan en si mismas. Detrás de cada fotografía hay una historia, un momento y un recuerdo ya imborrable. La memoria, nos damos cuenta con los años, es traicionera y engañosa. Pero una foto, una foto es un instante imperturbable. Quizás mi afición esté relacionada con el miedo a desaparecer, a que llegue el día en que nadie me recuerde, a que la muerte me borre por completo y para siempre. A mí, o a aquello a lo que quiero. Mientras queden vestigios, uno es eterno. No en vano se habla de inmortalizar un instante. Por eso me fascina capturar lo que amo y disfruto, pensando que así permanecerá invariablemente.
Seguro que habrán visto alguna vez esos ‘memes’ –bromas o chistes que se difunden a través de Internet –en los que se enfrentan dos imágenes que hacen referencia a un mismo concepto. Una imagen que pretende ser simétrica en la que a un lado se representan las expectativas y en el contrario, la cruda realidad. En raras ocasiones coinciden ambas manifestaciones; es más, lo que finalmente acaba ocurriendo poco tiene que ver con lo que uno proyecta, de ahí las constantes decepciones.
Hace tanto que no salgo que ya no me acuerdo ni cómo se hacía, y por supuesto tampoco sabría decir dónde hacerlo. Imagino que en esto también se notan los años. Tiempo atrás una ni se planteaba si apetecía o no apetecía, llegaba el fin de semana y comenzaba la juerga. Siempre había plan y por supuesto compañeros de fechorías. Pero esto es como todo, si uno abandona la práctica pierde habilidades. Reconozco que nunca se me dio mal, y estas cosas no se olvidan, como montar en bicicleta o el inglés, todo será retomar la costumbre para que vuelvan a aparecer mis destrezas.
Yo soy de pueblo. Pero no crean que lo digo con cierta congoja, todo lo contrario. Ser de pueblo mola, y mucho. Lo lamento por los de ciudad. Aunque, pensándolo bien, imagino que ellos también tendrán sus excelencias, de las que, evidentemente, yo poco puedo contar porque como iba diciendo: soy de pueblo. Bien es verdad que desde que cumplí los diecisiete he ido vivido siempre en ciudad, por motivos académicos y laborales, y que disfruto mucho de lo que la city ofrece también.
Hay meses en los que reinan el descanso y el relax propio de las vacaciones; meses en los que la ilusión por ver a la familia o por un viaje planeado salpican todos y cada uno de los días del mismo; otros se convierten en auténticas cuestas hacia arriba; y los hay propicios para hacer balances y propuestas de futuro. Para mí Septiembre es un mes en el que, por diversos motivos, mi predisposición es al cambio, a modificar aquellas cosas que considero que pueden mejorar.







