De solteras y casadas

IMG_5430Todos hemos tenido alguna amiga con el pelo rizado que siempre ha querido tenerlo liso. O una con el pelo lacio cuyo deseo era tenerlo ondulado. Pues todo en la vida es eso: el alto quiere ser más bajo, y el bajito daría lo que fuera por unos centímetros más; los morenos quieren ser rubios, y los claritos, más oscuros; las chicas con poco pecho quieren más delantera, y las que tienen en abundancia envidian a las planitas. El caso es que, nunca estamos contentos con lo que tenemos. Parece ir ‘de serie’ en el género humano.

En la situación concreta de las mujeres, porque es lo que soy, y puedo hablar con más criterio –aunque a través de las experiencias, comentarios y confidencias de mis amigos del género masculino, creo que podría estar también acreditada para teorizar sobre lo que les ocurre a ellos –en los grupos de féminas siempre hay dos bandos que se codician, ansiando y aspirando las condiciones del contrario, unas veces de forma evidente y otras un poco más velada: las solteras y las casadas. Nos posicionamos unas frente a otras como si nuestra condición fuese completamente antagónica, cuando no es más que una característica más de nuestras vidas. Tal puede ser la rivalidad entre ambas que en ausencia de las solteras, las casadas critiquen la vida alegre de éstas, cuando es más envidia que reproche. Y si son las ‘singles’ las que cuchichean desprecian la rutina aburrida y monótona de las otras, cuando añoran el ‘calor del hogar’ de las primeras. ¡Qué equivocadas estamos todas! Tanto la soltería como la vida en pareja tienen cosas fantásticas y otras que no lo son tanto, lo importante es aprender a vivir con lo bueno y lo malo de nuestro estado civil.

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En el caso de las singles podríamos apuntar en la lista de ventajas:

  1. No tienen que ‘ajustar’ horarios con nadie para hacer planes de fin de semana o vacaciones. Su decisión es la única que cuenta. Y su palabra, la última.
  2. Tienen acceso a un amplío mercado masculino que a las que tienen pareja le está vetado.
  3. En su vida, no existe la suegra.
  4. El mando, es suyo. Se ahorran la discusión nocturna sobre qué ver en televisión: series o fútbol.
  5. No saben si es temporada de Liga, Champions o Copa del Rey. En sus vidas, el fútbol no existe.

Pero también tienen sus contras:

  1. Nadie te lleva el desayuno a la cama.
  2. No puedes echar la culpa al otro. Ni pagar el cabreo del trabajo con nadie.
  3. ¿Quién baja la basura?
  4. Tienes que avisar a la vecina para que te ayude con la cremallera.
  5. Te toca aprender a hacer agujeros en la pared, desatascar las tuberías y ponerle agua y líquido parabrisas al coche.

IMG_3408En cuanto a las casadas, los pros:

  1. En invierno es genial cuando alguien te calienta las sábanas.
  2. Cocinar para dos siempre es mejor que hacerlo para uno.
  3. Puedes mandar a alguien a hacer tus recados, cuando no tienes ganas de salir de casa.
  4. Tienes un estilista en casa que te ayuda a elegir modelito, siempre que tenga algo de gusto.
  5. Mejora la economía al compartir gastos.

Y las desventajas:

  1. Todas las decisiones tienen que someterse a votación, criterio y valoración de todas las partes, con lo que resulta agotador elegir.
  2. Las sesiones de control de la ‘oposición’.
  3. Tener que ir al baño con la puerta cerrada.
  4. Aguantar los pies fríos de tu marido en pleno invierno.
  5. Bajar la tapa cada vez que vas al aseo…

Como veis, el que no se consuela es porque no quiere.

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¡Gracias a todos!

CPMYpQEWcAA0BBoA veces, casi siempre, no tenemos tiempo para lo importante y no quería que pasase más tiempo sin agradecer (aunque creo que lo he hecho de forma individual con cada uno) a todos los que han dedicado parte de su tiempo a felicitarme y desarme lo mejor estos días. A todos los que me habéis felicitado por Facebook, que habéis sido muchos: GRACIAS. A los que han llamado por teléfono: GRACIAS. A los que han escrito por whatsapp o mensaje: GRACIAS. A los que han utilizado cualquier otra red social: Gracias. A los que me han cantado el cumpleaños feliz en vídeo y han conseguido emocionarme Raquel López Abellán Mamá y enano, GRACIAS. A los que casi se olvidan: GRACIAS. A los que me hacen bizcochos para que sople velas María Pérez Esteller: GRACIAS. A las que esperan un día para que siga teniendo sorpresas más tiempo: Carmen Baños Ana Garcia y María Pérez Esteller: GRACIAS. A los primerosRebeca López Gálvez: GRACIAS. A los que no podéis faltar Paulcorrete McPuertney: Gracias. A los que me han acompañado en los momentos más difíciles de este cumpleaños sin él y me han hecho el regalo perfecto José Augusto González Maciá: GRACIAS.

¡GRACIAS A TODOS! Sois lo mejor que tengo en la vida…

El viaje continúa. Verano 2015: Praga

 barriojudio“Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer. Pero no importa, el camino es la vida”, que decía el poeta y novelista americano Jack Kerouac. Así nos encontrábamos otra vez, con las maletas listas, sólo que en este caso eran completamente nuevas y compradas al efecto, para continuar un viaje que aún prometía mucho.

Día 1. Destino Praga

Nos levantamos temprano para recoger la habitación, prepara el equipaje y tener tiempo de sobra para desayunar tranquilamente en la cafetería del hotel, puesto que desconocíamos el trayecto que nos esperaba y queríamos tomar fuerzas para lo que nos pudiera deparar. A la hora prevista, el taxi nos esperaba en la puerta para llevarnos hasta la estación de tren de Viena desde la que estábamos a tan sólo cuatro horas (quizás un poquito más) de nuestro destino.

trenDurante el viaje aprovechamos para disfrutar de un ratito de charla, poniendo en común las experiencias y sensaciones de los últimos días, leímos y repasamos la ruta de las próximas jornadas. Imagino que, pese a que Viena es una ciudad preciosa, en mi rostro era completamente visible el entusiasmo por volver a pisar la que en su momento me pareció la ciudad más bonita del mundo –la visité durante el viaje de estudios del instituto, ya no puedo (o no quiero) recordar ni el tiempo que hace –.

A la llegada pudimos comprobar, con sólo pisar el anden de la estación, que el calor nos seguiría acompañando en nuestra aventura. Lo primero, cambiar dinero, ya que no veníamos con los deberes hechos y, como suele decirse, no llevábamos ni una corona. Y después, rápidamente al hotel, en una carrera que además de cara fue un milagro que no acabara en tragedia, para soltar el equipaje y empezar a disfrutar la ciudad.

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IMG_0293El hotel ‘Desing Hotel Neruda’ está ubicado en la preciosa y empinada calle Neruda –por el poeta, pero curiosamente no por Pablo Neruda, sino por Jan Neruda, que inspiró el pseudónimo del escritor chileno –y que, plagada de tiendas de objetos tradicionales, artesanales y suvenires y coquetas cafeterías y restaurantes, tanto de día como de noche es un ir y venir de turistas ya que da acceso a la zona del Castillo, en la que se ubica la Catedral de Praga, entre otros puntos de referencia. Aprovechando la extensa oferta de locales para comer, decidimos quedarnos por la zona y así descansar un ratito. Elegimos una bonita crepería en la que probamos por primera vez la cerveza checa: Pilsner Urquell, que después hemos comprado en Murcia en el Lidl, por ejemplo. El café lo tomaríamos en la Plaza de la Ciudad Vieja, así que pusimos rumbo al Puente de Carlos que nos daría acceso a la zona antigua de Praga.

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Al igual que sentí la primera vez que lo vi, el volver a contemplar el Puente de Carlos sobre el río Moldava con sus 30 estatuas y las torres de acceso a ambos lados, dos de ellas en la zona de Malá Strana, y la tercera en el extremo de la Ciudad Vieja, me provocó una indescriptible sensación que solo el arte puede estimular. La estampa es preciosa. Y mirándolo reflexionaba sobre cuantos siglos de historia había visto pasar, y ahí seguía, imperturbable, por muchos años más.

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El paseo continuó por la Calle Karlova, repleta de tiendas, bares, cafeterías… una de las vías con más vida de la ciudad, para desembocar en la Plaza de la Ciudad Vieja justo a tiempo para contemplar el cambio de hora en el reloj astronómico medieval instalado en la fachada del Ayuntamiento. En esta zona se encuentran algunas de las fachadas de edificios más bonitos de toda Praga, lo que convierte la plaza en un verdadero espectáculo y en un lugar único en el mundo.

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Después de reponer fuerzas, hicimos un pequeño recorrido por el barrio judío esperando que se pusiera el sol para tomar un vino blanco en una terraza a orillas del río y bajo el puente. 

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Día 2. Paseo por la ciudad balneario Karlovy Vary

karlovy5El segundo día en Praga teníamos contratada una excursión a la ciudad balneario de Karlovy Vary, conocida por sus fuentes termales y el río Teplá, también de aguas calientes. Durante la ida y la vuelta disfrutamos de las explicaciones de nuestra guía Mónica, una leonesa de armas tomar que vivía en la ciudad junto a su familia y que contaba con un tono y timbre de voz muy similar al de la grandísima Rosa María Calaf, con lo que la ruta fue un auténtico deleite para nosotros conociendo y descubriendo curiosidades y datos históricos sobre la República Checa.

Al llegar nos encontramos con una ciudad casi de cuento, a la que sólo se puede acceder en un pequeño minibús que te recoge en unos aparcamientos a las afueras y te acerca hasta la entrada de la misma, para evitar las perturbaciones y la contaminación que la entrada de vehículos puede suponer. Un espacio sin población autóctona y en el que los edificios son hoteles y sanatorios en su totalidad. Creo que me enamoré de casi todas las fachadas que vi.

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La ciudad es conocida por el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary y por los ilustres vecinos que ha tenido a lo largo de la historia, para los que suponía un lugar de relax, descanso y desconexión a la par que aprovechaban las bondades de las termas de la zona: Goethe, Beethoven, Karl Marx, Mark Twain o Bach, entre otros.

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karlovy4En cuanto a las recomendaciones de compras, para todos aquellos que, como a mí, os guste llevaros parte de esos lugares a casa, decir que lo más popular es el licor checo Becherovka, pero eso siempre para los más valientes. En nuestro caso optamos por adquirir alguna pieza de cristal de la fábrica Moser, originaria de la ciudad, llamado cristal de los reyes, por la cantidad de vasos de esta fábrica que se encuentran en muchas familias reales. Es una compañía de cristal de lujo y aunque uno no vaya a comprar nada (los precios son un poco altos), yo recomiendo la visita a la tienda, porque es un auténtico museo. Por supuesto, también compramos algunas cremas realizadas con el agua de las termas que aún no hemos probado, por lo que no puedo recomendar, y tuve la suerte de que José Augusto me regalase unos bonitos pendientes (suelo compara un par en cada viaje) con Granate, una piedra preciosa con propiedades beneficiosas para la salud que se extrae en esta zona del país.

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Y, tras una ducha a la vuelta al hotel, cuando pensábamos que el día no podía depararnos nada más, nos regala una fantástica velada junto al río, bajo el Puente de Carlos, en el restaurante Kampa Park, en el que disfrutamos de una estupenda cena con platos increíbles, de los que recomiendo un pulpo con palomitas y puré de patatas, vino blanco de la zona y unas vistas increíbles. ¡Una noche inolvidable!

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Día 3. A la ciudad fortaleza.

Golden-Lane-Prague-castleEl último día de nuestra estancia en Praga lo dedicamos a visitar la zona amurallada del Castillo, que parece una pequeña ciudad en si misma, donde se encuentra el propio Castillo, compuesto por diversos edificios o estancias que se extienden más a lo horizontal que a lo vertical, la Catedral de San Vito y el Callejón del Oro, un montón del pequeñas casitas de colores que ahora albergan numerosas tiendas de recuerdos, entre ellas la casa de Kafka, donde compramos algunas novelas del autor y otros regalitos.

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Allí pasamos toda la mañana, y tras refrescarnos gracias al agua que lanzaba un pequeño camión a los turistas, repusimos fuerzas con una hamburguesa y un batido de café en una coqueta cafetería y volvimos al hotel a por nuestras maletas para tomar el avión, en esta ocasión con Vueling, destino Barcelona, de nuevo con la sensación de que nos despedíamos de una de las ciudades más bonitas del mundo.

Hacerse mayor

77086_463280988913_7998050_nEn la vida de las persona hay síntomas inequívocos de que nos vamos haciendo mayores. Por mucho Síndrome de Peter Pan que tengamos hay gestos, comentarios, anécdotas y, por supuesto, características mucho más visibles y notorias físicamente que evidencian el paso del tiempo. Y luchar contra esto es una empresa un tanto quijotesca que erosiona y no compensa, como pelear con molinos de viento. Hay quienes llevan mejor la madurez, asumiendo la nueva situación con naturalidad o, si no queda otra, resignación; y los que oponen tal resistencia que los golpes del tiempo impactan directamente en sus semblantes arrugados, contraídos e incluso fruncidos por la impotencia y el desgaste en la batalla. Tengo que reconocer que me resultan especialmente simpáticas las personas que se resisten a envejecer y continúan llevando una rutina, una agenda social y un look más propio de otras décadas. Sin embargo, bien es verdad que este rejuvenecimiento puede resultar altamente peligroso aplicado a según que ámbitos de la vida. Conozco unos cuantos hígados destrozados por la euforia del ‘forever young’, que cantaba Alphaville.

La primera vez que fui consciente de mi paso de la adolescencia a la madurez coincidió con el momento en el que una dependienta de El Corte Inglés me comunicaba, muy amablemente, que las cremas faciales que venía comprando ya no resultaban eficaces y que los productos ‘antiaging’ que mi piel requería pasaban a costar casi el doble. Una forma muy sutil de llamarme vieja. Y si esta fue la primera –no se crean que hace tanto, que aún apenas paso de la treintena-, después vinieron el resto.

MONICA COLUMPIOHaré un repaso por los diez momentos que marcan para mí al abandono de la pubertad :

  1. Cuando empiezas a pagar más de 90 euros por un contorno de ojos. Ahí pensé que no sólo mi tez se resentía por la edad, sino también mi bolsillo.
  1. Por supuesto, también está ese momento en el que te das cuenta de que una resaca ya no dura un día, sino que la arrastras de viernes a viernes, pasando por sus diferentes etapas a lo largo de la semana: ‘Uy, todo me da vueltas’, ‘Ya no bebo más’, ‘¡Señor que mala estoy!, ‘Dos días a base de agua con limón’, ‘¿A trabajar con esta cara?’ y, la última de todas, ‘Parece que estoy mejor ¿qué plan tenemos?’
  1. La versión más avanzada de lo anterior, cuando uno ya se da cuenta que no puede vivir como un personaje de Walking Dead semana tras semana es: “Yo es que prefiero salir de cañas a mediodía”, con la excusa de que “tenemos más tiempo”. Mentira, es que las noches ya te quedan grandes.
  1. Los dilatados ‘Uuuuuyyyyy’ que salen de forma involuntaria cuando te agachas e intentas volver a incorporarte.
  1. La repentina preocupación por la información meteorológica e incluso las conversaciones sobre el tiempo con las amigas. ¿Cuándo antes te había importado si llovía o no para pegarte una fiesta?
  1. Cuando dejas de cenar ‘fuerte’ porque luego no duermes.
  1. Sin duda, despertarse antes de las nueve de la mañana también en fin de semana. ¿Qué queda de esos domingos en los que tu madre te levantaba de la cama para comer en familia?
  1. El día que sales de compras y vuelves a casa con un juego de sábanas nuevo, un exprimidor y un par de tupperwares.
  1. Cuando en tu colección de revistas y literatura incluyes unos cuantos libros de recetas de cocina y alguno de remedios caseros.
  1. Cuando recuperas un vestido de tu armario y piensas… ¡Uy esto es demasiado corto para mi ya! La versión masculina sería el polo demasiado estrecho. 150342_463284118913_5358632_n

Y es que, citando a Quevedo, “todos deseamos llegar a viejos, y todo negamos que hayamos llegado”.

¿Somos solidarios?

«La solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos», Juan Pablo II.

Foto UNICEF

Foto UNICEF

En los últimos días, y con la crisis de refugiados sirios como contexto, he podido conocer gente realmente solidaria, gente que cree en ese bien común y en la máxima de que todos somos responsables de todos. Responsables de las vidas que se pierden en Siria, responsables de las que acaban en alguna costa europea y, también, responsables de vidas marcadas por el miedo y la tristeza para siempre.

Refugiados SiriosGente, como las más de 6.000 personas que ya han firmado la petición en change.org para poner en marcha los trámites para acoger refugiados sirios en la Región de Murcia. Gente, como los cientos de ciudadanos que han creado en Murcia una Plataforma de Ayuda a Refugiados Sirios y las 25 familias que ya han ofrecido sus casa para acogerlos. Gente que trabaja sobre el terreno para crear ‘Espacios Seguros’ para los más pequeños en los que «intentamos que desarrollen una vida casi normal», como me cuenta en una entrevista en ‘Café Solidario’, en romMurcia Radio, Almudena Olaguibel, experta en política infantil de UNICEF.

La entrevista completa AQUÍ porque «España es un país de CORAZÓN».

¿Y qué puedo hacer yo?

CRISIS REFUGIADOS SIRIAHay noches en las que piensas que no habrá nada que te devuelva el consuelo, nada que te reconforte. El pasado miércoles todo apuntaba a que me iría a la cama como una gran parte de los españoles, con la dolorosísima imagen de un niño pequeño ahogado en una playa griega cuando intentaba llegar a Europa en mi retina y en mi cabeza, pero sobre todo en mi conciencia y en mi corazón. Periódicos, informativos, redes sociales.. la instantánea se convertía en el símbolo de la crisis Siria y de la dramática situación que viven miles de refugiados.

Como saben, y si no lo saben ya se lo digo yo, suelo utilizar un tono bastante divertido y ameno en mis artículos y acostumbro a hablar de asuntos distraídos e incluso, en algunos casos, frívolos y triviales. ¡Bastante tiene uno con lo que tiene! Por lo que en este ‘Café con Moka’ lo que intento, cada semana, es hacer pasar un buen rato, sin más. Sin embargo, mi ánimo no está para dicha empresa en esta ocasión. Como es lógico, uno no puede permanecer incorruptible ante este acontecimiento y, además, no concibo que pueda ser de otro modo.

Mucho se ha especulado y discurrido en las últimas horas sobre lo acertado o no de publicar la trágica instantánea, incluso sobre la legalidad o no de la misma al poder estar vulnerando los derechos de un menor. Se habla del morbo y el amarillismo de la prensa contemporánea pero, y aunque no suelo comprometer mis opiniones de forma tan pública y notoria, me van a permitir que en esta ocasión apele a la necesidad de mostrar al mundo lo que ocurre, con todas sus consecuencias. Por supuesto, no es cómodo, ni mucho menos fácil, contemplar estos dramas humanos y continuar con tu vida y quehaceres ordinarios, pero esta contrariedad no puede impedirnos conocer la realidad. ¿Cuántos niños han muerto en el mar intentando alcanzar el sueño de Europa? ¿Cuántos titulares hemos leído con cifras de fallecidos que se cuentan por decenas y centenas? Sin embargo, parecemos no saber leer o, lo que es peor, tratamos esta información como lo que vemos, meros números, sin atender a que detrás de cada cifra, de cada unidad, hay una vida frustrada. Por eso, porque somos como el apóstol Tomás “si no meto mis dedos en los agujeros de sus clavos y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré” –no puede haber ejemplo más gráfico –desgraciadamente, pues ojalá fuera de otro modo: “Dichosos los que creen sin ver”, muchas veces nosotros también necesitamos ver.

Una sola imagen ha conseguido remover las conciencias aletargadas de la población que miles de titulares no han alcanzado a despertar. Creo firmemente en la necesidad del trabajo que realizan hoy día los fotoperiodistas porque son capaces de representar como nadie más la realidad. Son, para mí, los principales valedores de la palabra Periodismo en su sentido más noble.

Sin embargo, como adelantaba al comienzo, otra imagen conseguía restituir parte del ánimo perdido: una fotografía que alguien (José Pérez) compartía en su muro de Facebook con decenas de ciudadanos austriacos que voluntaria y espontáneamente se daban cita y hacían cola en una estación, en un anden, esperando la llegada de los trenes con refugiados sirios para ofrecerles vivieres. ¡No todo está perdido! El ser humano es capaz de cometer las peores atrocidades que ni siquiera uno pueda imaginar, y la historia está cargada de ejemplos, pero es verdad que esta misma especie está preparada para emprender los más maravillosos logros consiguiendo unirse y colaborar por el bien propio, el común y, también, el ajeno. Lo importante, en estos casos, es dejar atrás la queja y el lamento, preguntarse qué puede hacer uno y sumarse a los que seguro también se lo han preguntado. Aquí en Murcia también ha nacido una iniciativa popular para pedir al Gobierno de la Región que acoja refugiados sirios y sólo tienes que firmar:

AQUÍ 

Y aunque muchas veces y por distintos motivos me pregunto, en qué país vivimos, esta vez a los gobiernos, a los políticos y a los partidos sólo les voy a pedir un poco más de humanidad en sus programas.

Esas primeras veces

543040_10151246163593914_798992394_nDicen que para todo siempre hay una primera vez. Algo que resulta extremadamente obvio. Lo que también es verdad es que una primera vez nunca se olvida, ya sea por bueno o por malo, y que éstas nunca son fáciles, porque a la excitación del momento se suman los nervios y la inseguridad del que nunca lo ha ‘hecho’ aún. Una primera vez es la experiencia inaugural que tendrás sobre algo, los primeros pasos que das en una dirección y los aprendizajes iniciales en determinadas materias que te marcan para toda una vida. Esas primeras veces son las que van forjando nuestro carácter y personalidad… lo que somos y seremos.

Hay primeras veces increíbles que marcan hitos en la vida de las personas. ¿Quién no se acuerda de su primer coche? Por muy trasto que fuese. Siempre de segunda mano, por supuesto, y lleno de ‘colegas’. Un primer coche no envejece en la memoria, y uno siempre lo recuerda en sus mejores momentos, antes de los toques, los arañazos y de más contratiempos. Además, por muy retro que fuese el modelo, siempre será un coche ‘chulo’. Y estoy segura que muchos de vosotros pagaríais más de su valor, en estos momentos, por poder tener ese primer vehículo de nuevo, aunque fuese como recuerdo. Lo dice una que aún lo conduce. También es verdad que yo fui de las tardías en sacarme el carné y éste no lleva tantísimos años conmigo como podríais imaginar.

En Jaén, el verano del 2006 y en un periódico regional. Ese fue mi primer trabajo. Experiencia que uno tampoco puede olvidar por muchos puestos y empresas que puedan venir después. Reconozco que aún recuerdo el nombre de todos y cada uno de los compañeros de redacción, y eso que soy bastante mala para esas cosas, y por supuesto recuerdo el primer día que me tocó ‘hacer calle’ –como decimos en nuestra jerga –cubriendo un festival flamenco de la zona, el de Pegalajar. Estaba tan nerviosa que hasta perdí la chaqueta que llevaba por si refrescaba (¿en Jaén y en Agosto?). Curiosamente esta experiencia en tierras andaluzas coincidió con otra primera vez no tan gratificante, la primera vez que uno decide que no volverá a beber nunca más. Por desgracia, además, decidí compartir el momento con mi jefe, menos mal que éste resultó ser prácticamente un santo. A todo esto hay que sumarle mi alergia al olivo… ¡Cómo olvidar aquel verano!

¿Y qué me dicen del primer sueldo? La primera vez que uno mira su cartilla y ve el ingreso de su primera nómina se cree poco menos que millonario, y eso que en aquellos momentos yo no llegaba, ni mucho menos, a mileurista. También hay primeras veces que se producen de forma simultánea. La primera vez que uno vive solo, cocina –por lo general un plato de pasta o unos lomos con patatas fritas y olvidando siempre ponerle sal –y pone una lavadora –con todas sus consecuencias: jerséis que encogen, prendas que cambian su color, etc. –suelen ir de la mano en el tiempo. Y otras que se repiten, por suerte, cada año como el primer día de vacaciones o de colegio, en el caso de los que seáis padres.

Por su puesto, también están las primeras veces más románticas: el primer beso, el primer amor, la primera escapada… o la primera vez que pillas a tu pareja en el baño con la puerta abierta. ¡Se acabó el romanticismo! Y aquellas primeras veces que forman parte de un proyecto vital: el primer embarazo, el primer hijo o la primera hipoteca.

Y por último esas primeras veces que desearías que no llegarán nunca: la primera cana, arruga o callo, el primer desengaño amoroso, la primera vez que necesitas tres días para recuperarte de una resaca, la primera vez que te dicen “señora” y, por supuesto, la primera vez que dices adiós a alguien.

La vida no es más que es una sucesión de primeras veces.

Foto: Mi primera vez en los micros de romMurcia Radio.

Vacaciones 2015: Viena, Praga y Barcelona. Parte I.

Hace un tiempo leí que “viajar, primero te deja sin palabras, y luego te convierte en narrador”. No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación. Y es que tradicionalmente lo que uno hace a la vuelta de un viaje es contarlo y compartirlo con la familia, amigos y compañeros. Los más osados incluso se atreven con las recomendaciones. Y los ‘amantes’ de la fotografía, con esas ‘creativas’ presentaciones acompañadas de música que se ponían de moda hace unos pocos años. Seguro que todos habéis visto unas cuantas de éstas, siempre hay un aficionado a las instantáneas en la familia. En los últimos tiempos, con Internet y las Redes Sociales, muchas de estas experiencias se comparten y comunican en tiempo real, y uno puede estar viendo por primera vez la Muralla China al tiempo que hace partícipes a los ‘suyos’ (o no tan suyos) de este momento con un vídeo (Periscope), una foto (Instagram) o un comentario (Twitter). Es verdad que estos días de vacaciones he ido adelantando, a través de mis redes personales, algunos de mis movimientos, pero he preferido esperar a la vuelta para hacer un relato completo de mis aventuras.

IMG_9861Comenzaré diciendo que, al contrario de lo que suelo hacer, en esta ocasión hemos probado la experiencia de contratar la organización del viaje a una agencia, ya que íbamos muy justos de tiempo y demasiado cargados de trabajo para poder dedicarle todo el que nos hubiese gustado. Así, desde Viajes Diana, María Dolores fue la encargada de diseñarnos un estupendo recorrido de 10 días por Praga, Viena y Barcelona. Tal era el volumen de tareas pendientes antes de márchanos de vacaciones que aproveché las siete horas de tren de Murcia (ciudad en la que residimos) a Barcelona (desde donde salía nuestro avión) para preparar las rutas, visitas y degustaciones en los lugares de destino, algo que suelo tener preparado con muchísima más antelación. Guía, libreta y iPad en mano disfruté de un estupendo trayecto imaginándonos por las calles de estas tres ciudades.


Día 1. Pasajeros al tren.IMG_9863
Nuestro tren salía de Murcia a mediodía así que aprovechamos la mañana para terminar de hacer las maletas, los recados de última hora y preparar el ‘picnic’ para el viaje, la comida en el tren no es especialmente buena pero sí bastante cara. Normalmente suelo dormirme fácilmente en estos trayectos largos, pero esta vez conseguí acabar las tareas que me había impuesto sin dar una sola cabezada. Además, también tuve tiempo para leer un ratito un libro que he vuelto a recuperar este verano ya que en su momento me pareció muy interesante y quería volver a ojearlo: Hablar en público es posible si sabes cómo, de Agustín Rosa. Así, entre relatos y audio guías, ya que descubrimos una página web en la que se podía escuchar gran cantidad de información sobre las ciudades que íbamos a visitar, concluimos la primera escala de nuestro viaje. Llegamos a Barcelona bastante tarde, así que cogimos un taxi directamente al hotel, que teníamos muy cerca del aeropuerto, pues el vuelo salía temprano y no había tiempo que perder. Una vez alllí bajamos a tomar algo a la cafetería mientras compartíamos las últimas expectativas y dudas con un par de cervezas, y a la cama.

Día 2. Nos vamos a Viena. Tras tomar el ‘shuttel’ o pequeño bus que ponen a disposición los hoteles para trasladar a sus huéspedes al aeropuerto y unas cuantas anécdotas divertidas más a la llegada al mismo con las maletas y los cordones de seguridad, por fin pudimos desayunar tranquilamente mientras anunciaban nuestra puerta de embarque. Viajamos con Niki Airlines, era la primera vez que lo hacía con esta compañía y la verdad que la experiencia fue bastante positiva, además no perdieron ni rompieron ninguna maleta –algo que me suele ocurrir con bastante frecuencia-. También tengo que apuntar que las embalamos, antes de salir, en uno de los muchos espacios habilitados en el aeropuerto para tal efecto. El único problema es que olvidé poner una chaqueta o pañuelo en el equipaje de mano al no recordar que en los aviones suele hacer bastante frío, sea la época del año que sea.

IMG_9912¡Y al llegar a Viena… 38 grados de temperatura! Con esto sí que no contábamos. Mi equipaje iba repleto de ropa de manga al codo, sudaderas y pantalones largos. Menos mal que a última hora, y porque sobraba espacio, decidí incluir algunos vestiditos y pantalones cortos. Los ‘por si acaso’ algunas veces se utilizan. Rápidamente fuimos al hotel Lindner Am Belvedere, dejamos el equipaje e hicimos unas cuantas fotos de la bonita habitación y de las vistas (los Palacios Belvedere están justo al lado y se divisaban los preciosos jardines) y nos ‘echamos’ a la calle a ver cosas.

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IMG_6569Después de comer un plato de pasta en Kärntner StraBe continuamos hasta el final de la misma y disfrutamos del descubrimiento repentino de la increíble Catedral de San Esteban, en Stephansplatz, y su techo vidriado de colores para después de visitarla adentrarnos en la comercial Avenida Graben, completamente peatonal y llena de antiguos palacetes convertidos en espectaculares tiendas de lujo. Esta calle es un ir y venir de gente de todas las nacionalidades y el aspecto de sus edificios y fisionomía propia la convierten en un espectáculo por si misma. Al comienzo de ésta, se encuentra también la barroca Columna de la Peste. Después de patear un poco más por la zona y cotillear en algunas tiendas, sin comprar, continuamos caminando hasta Michaelerplatz para ver el Palacio Imperial y la Escuela de Equitación Española. En esta primera toma de contacto ya descubrimos que el agua en Viena es un artículo de lujo. Es verdad que no es una ciudad barata, más bien todo lo contrario, pero el agua la venden a precio de oro. ¡Qué disparate! Así aprendimos que lo mejor era no tirar la botella y aprovechar para rellenarla en las fuentes que están por toda la urbe.

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IMG_9936Para descansar de la ruta, decidimos visitar los maravillosos cafés de Viena, y si ya estaba enamorada de la ciudad, terminé de caer rendida a sus pies. Tras pasear por algunos de los locales recomendados en la guía, nos decantamos por entrar al mítico Café Central, donde antaño se reunían los literatos y artistas de la zona. La música en directo de piano sonando de fondo, increíbles techos abovedados, una luz tenue (casi de velas), el olor a café y las increíbles vitrinas repletas de dulces y postres hacen de éste el café el más bonito que he visitado en mi vida. ¡Imaginaos qué significa eso para una amante del café como yo! Me podía imaginar perfectamente acudiendo a diario a este lugar a tomar algo y escribir durante horas, pues aquí seguro que no falta la inspiración. El café, por supuesto, estaba exquisito. Y aunque yo no pedí ningún postre, sí que aproveché que José Augusto (mi acompañante, porque habréis imaginado que no viajaba sola, y el hombre que comparte la vida conmigo) había pedido una tarta de chocolate, de cuyo nombre no podemos acordarnos, con una pinta fantástica para probar la repostería, que por supuesto no se quedaba atrás.

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IMG_6653Tras esta experiencia gastronómica continuamos caminando un poquito más hasta La Ópera de Viena, donde aprovechamos para hacer unas fotos al imponente edificio y también al famoso Hotel Sacher por su mundialmente conocida Tarta Sacher (de la que hablaremos más adelante) y que está justo frente a éste. Para finalizar, y ya de camino al hotel –después de pasear horas y horas, pues Viena bien merece un paseo –nos acercamos hasta el Musikverein, conocido porque en su Golden Hall tiene lugar el Concierto de Año Nuevo con piezas de la familia Strauss y que tiene una audiencia potencial de 1000 millones de personas en 54 países. Éste fue un momento especial, por los recuerdos de la infancia que traía a José Augusto, por lo que decidimos que era la mejor forma de acabar nuestra primera jornada en la ciudad. Hotel, ducha y a la cama sin cenar, que nos esperaba un día muy movidito.

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IMG_0067Día 3. Crucero por el Danubio. A las ocho de la mañana nos recogían en el hotel para tomar un barco desde Spitz a Melk y disfrutar de un estupendo crucero de noventa minutos por el río Danubio. Preparamos la mochila para la excursión: cámaras, gorras, gafas de sol y agua, y comenzamos el viaje. Un romántico trayecto por pueblos con encanto, viñedos cultivados en pendiente, ruinas de castillos medievales y preciosas estampas naturales. Y es que pocos ríos han inspirado a los artistas como el Danubio, inmortalizado, por ejemplo, en el vals de Strauss. El único inconveniente a este idílico paseo fue el calor y la falta de espacios con sombra en el barco, pero aún así disfrutamos muchísimo de las vistas.

IMG_0027A la llegada a Melk, aprovechamos para comer en el restaurante de la Melk Abbey un estupendo filete vienés para tomar fuerzas para la posterior visita a la Abadía. De este lugar me encantaron dos cosas fundamentalmente: La musealización de este espacio con un diseño completamente moderno y minimalista que contrasta con los siglos de historia de sus paredes, y la increíble Biblioteca, famosa por su extensa colección de manuscritos. Incluso el mismísimo Umberto Eco nombró a uno de los protagonista de ‘El nombre de la Rosa’ Adso de Melk en tributo a este fantástico espacio para la literatura y la ciencia.

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De vuelta en Viena, y tras pasar por boxes para ducha y cambio de indumentaria, salimos a pasear por la ciudad para descubrir nuevos rincones. Así llegamos hasta el Stadtpark, con la estatua dorada de Strauss, y el Burggarten, y la propia de Mozart para finalizar en el Museumsquartier, un complejo cultural que con sus 60.000 metros cuadrados se ha convertido en el espacio cultural más grande del mundo.

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IMG_0568Para finalizar el día decidimos aprovechar para degustar un vino blanco de la zona, por lo que habíamos oído y visto en la excursión por el Danubio, los más típicos. Y tengo que reconocer que desde ese momento es una afición que he practicado bastante en el viaje. Como dice el refrán: “When in Rome do as the Romans do”. Y como nos habíamos quedado con hambre, pero no lográbamos entendernos con el camarero que nos atendió donde el vino, buscamos un puesto ambulante de hot dogs y probamos las famosas salchichas vienesas. Muy buenas por cierto. Tanto es así que estos días hemos investigado y encontrado una variante muy similar en Lidl, donde por cierto también venden la cerveza que bebimos en Praga (de la que hablaré en otro post), para hacernos nuestras noches remember.

IMG_0022Como colofón a la noche visitamos el famoso Hotel Sacher y saboreamos la original Sachertorte, inventada ni más ni menos que en 1832. De su sabor qué os voy a contar… si hasta José Augusto que odia las mermeladas (uno de sus ingredientes) quedó fascinado con su sabor y su textura. ¡Hay que probarla al menos una vez en la vida! No me extraña que la propiedad de la misma causase numerosas disputas entre los herederos del Franz Sacher. Una vez más, pero esta vez con los estómagos llenos, ducha y a la cama.

IMG_6831Día 4. Una jornada imperial. Nuestro último día en Viena lo dedicamos a la ruta más imperial de la ciudad, visitando el Palacio de Schönbrunn (el de Francisco José I de Austria y su esposa Sisí Emperatriz), también conocido como Versalles vienés, un verdadero icono del lujo y opulencia real y que no deja indiferente a nadie, fundamentalmente por sus increíbles jardines. Del edificio, que en origen fuera concebido como residencia de caza de los Austrias, lo que me resultó más impactante fueron precisamente estos espacios al aire libre y la espectacular sala de baile. Además, la visita guiada nos permitió descubrir en la figura de Francisco José I anécdotas que no conocíamos y que nos resultaron de gran interés, como su tenacidad y escrupuloso cumplimiento de sus obligaciones con estrictos y completos horarios de trabajo. Es una visita bonita, pero hay que tener en cuenta que entre hacer cola para las entradas, para entrar y el propio recorrido, además del tiempo de relajo por los jardines, se va medio día completo.
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IMG_0045Volvimos al hotel para recomponernos con una ducha, cambiarnos de ropa (para el plan de la noche) y comer cerca del mismo antes de iniciar la incursión en los Palacios Belvedere o, como su nombre indica, ‘bella vista’. Son dos palacios, construidos para servir de sede de fiestas de la sociedad vienesa de la época, unidos entre si por un bonito jardín en varios niveles y desde el más alto se puede disfrutar de una fantástica vista de toda la ciudad. Después reponíamos un poco de fuerzas en el Starbucks con un batido fresco para luchar contra el calor y aguardábamos con impaciencia nuestra última cita con Viena.

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IMG_6891Concierto de música clásica de Mozart en la mítica Golden Hall del Musikverein. Además, tuvimos la suerte de poder disfrutar del concierto desde el escenario, en unas butacas habilitadas en el mismo y que permitían ver la increíble sala desde una perspectiva completamente diferente a la que estamos acostumbrados. Ver las caras de la gente de todos los países, la emoción de los aplausos y la majestuosidad del espacio desde donde los músicos interpretan las piezas de los más grandes compositores. Fantástico repertorio que el director de la orquesta, haciendo un guiño a los turistas, por lo del Concierto de Año Nuevo, finalizó con ‘El Danubio Azul’ y ´La Marcha Radetzky´. Un final perfecto para nuestra estancia en la ciudad imperial, algo que recomiendo a cualquier visitante, y que disfrutamos de forma especial por la carga emotiva que tenía para nosotros el momento, pues para José Augusto fue un sueño cumplido.

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Vivir en Pareja I. Reflexiones desde Praga

11800617_10153536702993914_2839146852864480305_nEscribo este artículo en el tren de vuelta de mis vacaciones, pues son siete horas de viaje las que tengo por delante y, como imaginarán por alguno de mis artículos anteriores, si hay algo que no me gusta es perder el tiempo, o tener la sensación de estar haciéndolo, con lo que he elaborado una lista de tareas, que trato de cumplir -si las voces de dos parejas recién atracadas de un crucero por el Mediterráneo durante el que parecen haber acabado con las existencias de ensaimadas de Mallorca y que aún llevan la fiesta en el cuerpo, me lo permiten-. Así, para comenzar, les voy a hablar de Mónica, tocaya mía, que fue nuestra guía en una de las excursiones que realizamos en Praga. Leonesa de nacimiento, lleva bastantes años viviendo en esta ciudad con su familia: esposo, hijos y nietos, y pese al tiempo aún lamenta la falta de sol de este país (República Checa), pero celebra la buena cerveza de la zona, de la que he sido testigo, y la belleza de rincones como el Puente de Carlos, también para mí una de las estampas más bonitas del mundo; por algo he elegido por segunda vez esta ciudad como destino para una escapada. Una mujer de ideas claras, a la que le gusta el mando, como ella misma reconocía: «lo mío es gobernar», refranera y con un don especial para contar las cosas. Es más, con una voz, un tempo y cadencia muy similares a los de la grandísima Rosa María Calaf.

Entre las explicaciones y aclaraciones históricas y culturales del tour aprovechaba para darnos alguna que otra lección aún más interesante si cabe que las propias de su tarea. Lo primero que recordó a la subida del autobús, haciendo uso del refranero local, fue que nunca están tan mal las cosas como para que no puedan ponerse peor, con el objetivo de evitar las quejas de los ‘excursionistas’ por las elevadas temperaturas que, en contra de todo pronóstico y superando hitos  históricos, registraba el país en los últimos días.

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Así, en una no poco pronunciada subida por una de las calles de los principales palacetes de Karlovy Vary, en los que fijaron temporalmente su residencia Chopin, Mozart, Goethe o el zar ruso Pedro ‘El Grande’,entre otros, y haciendo referencia a la gran variedad y gamas de colores con los que estaban enlucidos los mismos: salmón, hueso, azul pastel… Subrayaba la sorprendente incapacidad masculina para reconocer y diferenciar los diversos tonos. «Por las mañanas, y cuando una más prisa tiene siempre temo el momento en el que, mientras acabo mi café rápidamente para salir corriendo y evitar precisamente dicha situación, se escucha esa vocecita que viene desde el fondo del pasillo, del cuarto de baño: ‘¿qué me pongo?’. Como si no tuviéramos suficiente con elegir nuestra indumentaria, tenemos que diseñar también su look del día. Pantalón marrón, camisa de rayas, calcetines en la misma gama y zapatos y cinturón también de este color, respondo yo. Y diez minutos después, aparece por la puerta con camisa verde y pantalón gris. ¡Además de todo, daltónico!».

IMG_0213Las mujeres, que éramos mayoría en el grupo en ese instante, sonreíamos mirando a los respectivos (la mayoría de los cuales venían por detrás ajenos a la conspiración femenina) y diciéndonos a nosotras mismas: «Son todos iguales», con cierto alivio al descubrir aquello de mal de muchos… Y es que está es una de esas pequeñas cosas de la convivencia.

Es curioso, pero cierto, que hay escenas que se repiten jornada tras jornada en muchísimos hogares y que, aunque no hay dos personas iguales, existen patrones de comportamiento que quizás nos ayuden un poco a entendernos los unos a los otros y a convivir, porque si aún así nos cuesta, imagínense que actuásemos todos de forma siempre diferente. ¡Menudo tropel!

Al igual que ocurre con la escena del modelito que comentaba Mónica, la guía, son muchas las situaciones que se reproducen en pareja en cualquier parte del mundo: «El grifoooooo», mientras te duchas y abren el agua o tiran de la cadena provocando que te escaldes la piel o, en el mejor de los casos te congeles. «La luuuuz», cuando vas por la casa apagando interruptores al paso del otro -aunque tengo que reconocer que en mi casa soy yo la que va dejando todo encendido. «Papeeeel», porque el ultimo nunca repone.

Y es que «son como niños», continuaba diciendo, «aquí dicen que las mujeres se casan por tener alguien con quien jugar cuando los hijos se hacen grandes». Y probablemente a los checos no les falte razón, pero qué hay más divertido que vivir jugando…

Periodistas

BDVOO1wCAAEOJ6tNo han sido los primeros y, desgraciadamente, tampoco serán los últimos pero cada vez que ocurre es inevitable sentir un repizco en el corazón. El ejercicio del periodismo, tal y como muchos lo vivimos, es cautivador y fascinante. Tanto es así que incluso te olvidas del tiempo, el dinero, los festivos y las fiestas de guardar. Un periodista lo es 24 horas al día, incluso aunque esté cabreado con la profesión y reniegue de la misma. Cosa que en los últimos tiempos no es muy complicado que ocurra. Entre nosotros el que más y el que menos puede contar batallas de difíciles y desagradables entuertos, pues este oficio tiene esas pequeñas dosis de ‘aventura’ que lo definen y a las que somos completamente adictos. Sin embargo, hay a quienes les va la vida en ello, literalmente. Este año son ya 36 los periodistas asesinados, 71 en 2014, y más de 150 encarcelados en diferentes países de todo el mundo, tal y como se recoger en el informe de Reporteros Sin Fronteras.

Hace unos días, siguiendo mi costumbre de revisar la actualidad a través de las redes sociales nada más despegar el primer ojo y aún en la cama, despertaba con la fatal noticia de la desaparición de tres compañeros españoles (da igual de donde hubieran sido, pero es verdad que el principio de proximidad que se estudia en Periodismo es una realidad) en Siria, uno de los países más arriesgados para ejercer la profesión con un total de 27 secuestros a profesionales de los medios el año pasado. Y como digo, fue inevitable sentir, por unos segundos, el desconsuelo y la aflicción que las familias de los tres jóvenes vienen soportando a lo largo de estos días de falta de información y/o comunicación con ellos.

Nunca como en estos momentos la información es tan preciada y necesaria, y es que soy de las que piensa que la ausencia de información, o incertidumbre, es siempre peor que la ‘mala información’ (en el sentido de malas noticias) porque el corazón, el alma humana, no esta preparada para no saber. Fue este convencimiento el que me empujó, casi en el último momento a decidirme por esta carrera: mi acuciante necesidad de saber y mi falta de resignación ante la incertidumbre. Quizás son motivos demasiado personales, que van más lejos de la formación profesional, pero como ya he dicho, el del periodista no es simplemente un oficio.

Días antes de marcharme a Madrid para estudiar Periodismo en la Universidad Complutense rellenaba una preinscripción para la UM solicitando, por este orden, las titulaciones de Filología Inglesa, Psicología y Trabajo Social, sin embargo la nota ‘me dio’ y así comenzó mi peripecia de cinco años en la capital. Al principio, todo es nuevo e interesante, pero mi experiencia personal con esta licenciatura fue más de odio que de amor. Poco había del espíritu aventurero que yo buscaba en las tediosas asignaturas troncales y obligatorias que componían el programa docente –con lo que busqué la aventura fuera de la facultad -. Muchas fueron las ocasiones en las que pensé abandonar, incluso adivinaba que podría haber sido feliz ejerciendo cualquier otra profesión y hasta sentirme realizada ya que aunque no soy una mente excepcional, sí que soy de esas personas que tienen cierta habilidad para hacerlo casi todo de forma aceptable. Sin embargo, mi familia no podía permitirse un nuevo comienzo universitario, algo de lo que siempre fui muy consciente.

Con el tiempo, acabas de estudiar y comienza la verdadera aventura: Ejercer. En tres meses que estuve de becaria en Jaén, en pleno verano y con alergia al olivo, aprendí mucho más que en mi periplo de cinco años por la Facultad de Ciencias de la Información. Y de ahí, un trabajo tras otro, unos con mejor fortuna que otros y entre los que nunca podré olvidar mi paso por El Faro… ¡Eso sí que fue un máster! Pero siempre puse mucha pasión.

Por eso, cuando escucho a compañeros y profesionales cuestionar el trabajo de, por ejemplo, estos tres periodistas que ahora mismo viven un presente incierto (por todo aquello que no sabemos), por lo arriesgado y temerario de su misión no puedo más que compadecerme porque son ellos los que viven condenados a ejercer un oficio que no sienten, están faltos de amor. Yo, a ellos (a los tres periodistas -para los que deseo, de verdad y con todas mis fuerzas, el mejor final – y otros profesionales que se encuentran en destinos o circunstancias similares) les envidio profundamente por atreverse a dar rienda suelta a esta pasión.

Publicado en el Diario La Opinión el 24 de Julio 2015