Con la muerte en los talones

Aunque la escena de un enchaquetado Gary Grant huyendo de los disparos desde una avioneta en el thriller del director londinense que consagró el cine de suspense y el terror psicológico Alfred Hitchcock pueda resultar un tanto surrealista o inverosímil; no hay duda de que el simbolismo de esta imagen no puede ser más acertado pues todos andamos ‘con la muerte en los talones’.

Acabamos de conmemorar la festividad de Todos los Santos, una de las pocas licencias que hay para abordar la muerte en nuestra sociedad que, a diferencia de otras culturas, esconde, evita y trata como un tema casi tabú esta irrevocable partida. Imagino que el recelo a pensar, imaginar o conjeturar qué ocurrirá con nosotros nos resulta incómodo y nos aleja de esta rotunda realidad.

Sin embargo, la necesidad de seguridad y control propia de nuestra especie implica que sean cada vez más personas las que, en un intento de contar con cierta certeza, organizan escrupulosamente cada detalle de su partida. Yo, que no tengo prisa en irme, mantengo esta asignatura pendiente; pero teniendo en cuenta algunos de los periplos de los cadáveres de muchos de los personajes más ilustres de todos los tiempos hasta este ineludible final puede resultar de lo más incierto y fortuito.

La periodista y escritora Nieves Concostrina dirigió durante años un espacio radiofónico en Radio 5 ‘Polvos eres’ en el que recogía algunas de las anécdotas más surrealistas de insignes figuras de nuestra historia. Así, descubrí, por ejemplo, que la tumba de Jim Morrison se convertiría en una de las más ‘molestas’ del parisino cementerio de Père Lachaise ya que los muchos seguidores del cantante aprovechan la visita para tomar unas cervezas y fumarse algún que otro porro junto al mausoleo del músico, aprovechando los sepulcros colindantes a modo de bancos, con el consiguiente escándalo que esto implica para el resto de paseantes.
O como los huesos de Evita Perón estuvieron más de veinte años dando tumbos por el mundo hasta que recibieron sepultura, pues eran unos restos incómodos políticamente. También, y curiosamente, Cristóbal Colón viajó más veces en muerte que en vida a América. Por no hablar de los ataúdes en los que hay huesos de sobra o, incluso, en falta.

Sea como fuere, y paradójicamente con mas o menos paz y descanso, como decían en la Roma Antigua ´Memento Mori’ (recuerda que morirás) tendiendo así siempre presente que la condición mortal es infranqueable.

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