He venido a quererte

Hace un par de domingos pasamos la tarde visitando rincones y paseando las calles de la ciudad que viera nacer a escritores tales como el agudo Arturo Pérez Reverte o la mismísima Carmen Conde, quien fuera la primera académica de número de la Real Academia de la Lengua allá por 1979. Honor y distinción que años después compartiría su paisano que es miembro de la misma desde 2003.

Hacía mucho tiempo que no volvía a Cartagena y es que aunque apenas la separan 50 kilómetros de la capital, a veces, el Puerto de la Cadena puede resultar intimidante. Sin embargo, la Ciudad Portuaria nunca defrauda. Tuve la suerte, durante algunos años, de ser testigo directo de la tremenda transformación que ha sufrido en los últimos años, convirtiéndose, sin duda, en una de las urbes más interesantes de nuestra Región y con más riqueza y diversidad para el visitante.

Cuando llegué, tras aceptar el que sería mi primer trabajo serio como periodista, recuerdo que lo hacía con cierto temor, pues mi madre tenía una visión un tanto arcaica y tremendista del aquel lugar de puerto donde venían a parar marineros y comerciantes. Poco de aquello quedaba entonces.

Sin embargo, ciertos lugares me recordaban a estampas más propias de Beirut tras una guerra civil que duró más de 15 años. Más bastaron 4 días en la ciudad para conquistarme y un par de años en los que sus magnificencia y la tremenda revolución urbanística, cultural y turística que experimentó consiguieran, para siempre, enamorarme.

Lugar de contrastes: desde la cartaginesa Qart Hadasht a la ciudad cosmopolita que es hoy. Sin olvidar su próspero pasado romano como Carthago Nova, que entre otras muchas cosas le legó el maravilloso Teatro Romano; etapas bizantinas, visigoda y musulmana en las que sufriría cierta decadencia, pero que fueron revertidas al convertirse en zona militar estratégica allá por el siglo XVI; y hasta escenario de una rebelión cantonal.

Será a finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX cuando Cartagena vivirá un gran esplendor económico que la convertirá en referente del modernismo salpicándola de exquisitas construcciones propias de la capital parisina y que la hacen aún hoy, aunque lamentablemente se hayan perdido grandes baluartes de este movimiento, en una ciudad bellísima que ha recuperado en los últimos tiempos el vigor y la algarabía de antaño proporcionando más que un paseo agradable.

Por eso, como escribiría la escritora y poetisa “he venido a quererte, a que me digas tus palabras de mar y de palmeras”, tierra cartagenera.  

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