De rebajas

Si algo he aprendido en mi decena de años de compradora, casi compulsiva, es que para ‘hacer’ unas buenas rebajas lo más importante es no necesitar nada. El ‘truco infalible’ de las súper blogueras e influencers de moda de hacer una meticulosa lista con los artículos que una requiere para no comprar de más conmigo nunca ha sido efectivo. Raras ocasiones he encontrado en periodo de descuentos lo que en ese momento concreto iba buscando. Con lo que al final he acabado comprando un montón de cosas que no necesitaba y, además, volvía a casa con el saldo de mi cuenta considerablemente reducido y un absurdo sentimiento de frustración por no haber adquirido lo que esperaba.

Así que, a lo largo de los últimos años, he desarrollado mi propia técnica para ‘abordar’ las rebajas. Si tengo tiempo, algo que en estos meses es impensable, suelo hacer un pequeño barrido por las webs de mis marcas habituales y así tengo una ligera idea de si me merece la pena invertir en éstas. De ser así, como ahora los descuentos se adelantan por Internet, la noche en que comienzan dedico un ratito, desde la cama, a llenar mi ‘cesta de la compra’ virtual y hacer un gran pedido que me probaré detenidamente en casa. De esta operación suelo quedarme con aproximadamente el 50% de lo adquirido. Y entonces me olvido por completo de las rebajas.

Será unas semanas después, cuando éstas están a punto de terminar, cuando hago mi segundo asalto. Para éste prefiero hacerlo físicamente en tienda. Es verdad que hay menos cosas y tallas escogidas pero, como no necesitas nada, si tienes la suerte de encontrar alguna prenda de tu talla y que te convenza suele ser una verdadera ganga. He comprado pantalones por 5 euros, vestidos que posteriormente he utilizado para celebraciones y eventos por poco más de 15 euros y zapatos maravillosos de marca por 20 euros siguiendo está técnica. Y en esta ocasión el sentimiento es de absoluta victoria. Te vas a casa con una ingente cantidad de ropa y complementos por estrenar por poco más de 100 euros.

Por último, hay dos patrones que también suelo repetir tanto en las de verano como en las de invierno. Suelo comprar alguna pieza especial de precio prohibitivo que tenga un buen descuento: bolsos, zapatos, alguna joya o prenda exclusiva; sobre todo si son un buen fondo de armario. También me gusta arriesgar con algo que no sea de mi estilo, aprovechar la rebaja, e incluirlo en mi armario para contar con cosas más valientes y atrevidas. Y con todos estos consejos, o los vuestros propios, nos vemos en las rebajas.

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