Son aquellas pequeñas cosas

10537444_1054861877877248_3059260211503107693_n“Las grandes historias, siempre parten de un pequeño detalle”. Ésta podría ser la conclusión de la entrevista que tuve el placer de realizar el pasado 1 de Junio, junto a mi compañera Inma Mengual, al periodista murciano Carlos del Amor en la clausura de las I Jornadas de Periodismo y Nuevos Formatos de Comunicación que realiza la emisora romMurcia. Bueno, no sólo la conclusión de la charla que mantuvimos con él, sino el resumen de su filosofía de trabajo –y estoy segura que también de vida -, ya que todas sus piezas -de menos de 1’20 minutos- para los informativos de TVE tratan de hilvanar una historia a través de pequeñas peculiaridades que destacan a su mirada. Y es que es mucho más fácil explicar lo grande desde lo más pequeñito… Yo, soy capaz de entender cualquier cosa que él cuente –incluso una obra de ARCO –,si además lo hace con esa estupenda voz y la especial sensibilidad que le caracteriza.

Asegura que un periodista debe tener los ojos bien abiertos (las 24 horas) para no dejar pasar una buena historia, ya que se puede encontrar con ésta en cualquier momento y en cualquier lugar. Como aquella del anciano con el que coincidía en la cola de un cine y que relata en su primer libro ‘La vida a veces’; o el especial sonido de los besos en un aeropuerto; o todo lo que guardamos de nuestras vidas en un trastero. Y es que la vida son aquellas pequeñas cosas… que también cantaba Serrat.

Una amiga me comentaba esta semana que los grandes cambios en su vida han venido precedidos por un cambio tan insignificante, al menos a simple vista, como puede ser el de perfume. En total han sido 4 o 5 en su vida y siempre que ha sentido la necesidad de renovar su aroma ha sido el preludio a una transformación mayor. Un pequeño detalle, un aviso, que adelanta un cambio más trascendental.

Y es que nuestro día a día se compone de esas pequeñas cosas que nos hacen felices, nos emocionan, nos consuelan y nos fortalecen. En general, la vida no son grandes acontecimientos, sino momentos menudos. El valor de lo pequeño. Por ejemplo, mi madre reconocía hace unos días, cuando casi contamos ya tres meses sin él, que una de las cosas que más añoraba eran sus llamadas a primera hora de la mañana solo para preguntar qué tal le había ido la guardia (en la farmacia), si más. Simplemente ahora nadie la llama a las ocho de la mañana.

Y volviendo al trabajo de Carlos del Amor, como comenzaba mi artículo, recuerdo ahora uno de sus ‘mini-reportajes’ para el telediario en el que recogía algunos de los últimos deseos que las personas tenemos cuando nos queda poco de vida; nada de grandes aventuras, suelen ser pequeñas cosas: una última visita al museo, volver a ver a Rembrandt o despedirse de ‘La ronda de noche’, “porque cuando nos queda poco de vida, la cultura puede abrigar”, que dice textualmente. “La gente antes de decir adiós quiere cosas normales, porque muchas veces, casi siempre, son las cosas normales las que nos hacen felices”.

Si yo fuera hombre dubi dubi dubi dubi dubi dubi dubi du…

IMG_0069Jamás me había preguntado esto. Pero esta semana, en uno de esos momentos en los que dejas volar tu mente me inquiría sobre “Si yo fuera hombre, dubi dubi dubi dubi dubi dubi dubi du…” –en una versión un tanto distorsionada de la canción, pero muy actual para muchas mujeres que tienen que compaginar vida laboral, familiar y maternal mientras asisten al relajo de sus opuestos -¿qué haría? Y la respuesta era más bien lo que no haría, o dejaría de hacer. Y es que pasar de ser mujer a ser hombre es siempre restar, y perdónenme los varones.

En una primera visión un tanto frívola del asunto, si fuese hombre lo primero que haría sería desabrocharme el sostén- comenzamos con la resta -. Desterraría esta prenda ‘del demonio’ de mi armario y de mi vida para siempre. Y es que este instrumento de tortura (los modelos más antiguos bien lo parecen) se ha convertido en un imprescindible para la mayoría de las mujeres, que solemos desarrollar una especie de síndrome de Estocolmo con el mismo, como el perro del hortelano, ni contigo ni sin ti. Llevarlo es incómodo, por muy bien que nos lo vendan en los anuncios de grandes marcas corseteras, porque un sujetador aprieta, y sino aprieta… ¡Amiga mía, no te está sirviendo para nada! Y tanto nos hemos acostumbrado al mismo que no llevarlo es casi peor, yo no sé si os pasa a vosotras, pero yo sin él me siento casi desnuda.

Por el contrario, si fuera hombre me ‘desvestiría’ un poco menos acabando también con los escotes, como dice Nuria Sánchez en Facebook (pedí ayuda en redes a otras chicas), porque enseñar pelambrera no me seduce lo más mínimo ni siendo un auténtico ‘macho man’, y es, por supuesto, eliminaría las sesiones periódicos de depilación… ¡Se me saltan las lágrimas sólo de pensarlo! Y si a esto también le quitas maquillaje, peluquería, bolsos, tacones y otros complementos “tendría para irme al Caribe de vacaciones todos los años”, como apunta Mercedes Soto.

IMG_0131Pero lo mejor de todo es restar “calentamientos de cabeza” – María Pérez –porque “me encantan los hombres por lo simples y despreocupados que son” –Rosalía Barquero –o porque “ser hombre y hacer varias cosas a la vez… ¡Sería incompatible!”. Con lo que no tendría que sentirme culpable si por atender mis obligaciones laborales se me acumulan coladas y plancha para lo que resta de siglo. Bastaría con decirme a mi mismo que “no puedo hacerlo todo, ser un gran profesional y hombre de mi casa, bastante lucha llevo cada día en el trabajo que vuelvo cada noche reventado”… ¿os suena, verdad? Y la culpa no es suya, porque ellos se convencen con este argumentos… nosotras no. Lo peor es que nadie nos reclama que demos la talla en todo, nadie salvo nosotras mismas.

Si además a esto le sumamos que no saben lo que es la celulitis, la menstruación con sus horribles dolores y cambios hormonales, el parto o la menopausia, que pueden hacer pis de pie y en cualquier sitio y que se levantan en estado de extrema excitación (léase ‘palote’), ser hombre no debe estar tan mal. Y es que creo que una mujer vale para todo, para ser hombre y mujer, pero permítanme que tenga mis dudas a la contra.

Pese a todo, la mayoría de nosotras, que evidentemente somos mujeres y por lo tanto e indisolublemente también muy exigentes, no podemos contentarnos con ser menos, ni siquiera con el aliciente (apuntado más arriba) de poder hacer uso de los baños públicos, y, como diría la gran Whitney Houston, “me gusta ser una mujer, incluso en un mundo de hombres. Después de todo, los hombres no saben llevar vestidos, pero nosotras sí pantalones”.

 (Fotos de la despedida de soltra de mi hermana, centro 2ª foto junto a mis primas). 

De ‘outfits’ y candidatos

15010655810_3b14263907_k (1)Me había prometido a mí misma que no iba a escribir sobre política en esta columna, mucho menos teniendo en cuenta que estamos a tan sólo unas horas de la jornada de reflexión previa a las elecciones municipales y autonómicas. Sin embargo, y sin el ánimo de influir en la decisión de nadie, haré una excepción. Y es que no puedo seguir callada. Comenzaré diciendo que no soy militante de ningún partido y que tampoco pediré públicamente el voto para ningún candidato, aunque tengo mis favoritos ¡Faltaría más!

Esta semana, mientras acudía a mi cita mensual con la depilación, mi esteticista, que se ha convertido, junto a mi ‘gasolinero’, en una de mis gurús o guías vitales me preguntaba que a quién debía votar el próximo domingo, ya que me presumía cierto conocimiento en la materia. “Sólo conozco a los del PSOE, y porque han puesto los carteles justo en esta calle”, añadía para dejarme clara su absoluta ignorancia al respecto de las candidaturas de los diferentes partidos políticos. Yo, que reconozco me causa muchísimo pudor aconsejar a nadie sobre lo que debe o no debe hacer y mucho más en cuestiones políticas, intentaba eludir la cuestión tratando de que fuese ella misma quien contestase a su pregunta. “El candidato socialista, lo veo muy mayor, al menos en la foto”, aseguraba al respecto de José Ignacio Gras, “y el de Ciudadanos, el joven, me gustó mucho desde el principio, desde que salió, pero luego…”, en clara alusión a Albert Ribera.

Dejando de lado el ‘cacao’ de candidatos que ésta, como muchos otros ciudadanos, tenía en la cabeza, sus apuntes durante poco más de una hora me hacían reparar, una vez más, en la importancia de la imagen pública del político. Ya, ya sé que esto es algo a lo que los periodistas y, sobre todo, los especialistas y versados en comunicación política han dedicado mucho tiempo, pero no parece haber sido demasiado o, al menos, el suficiente cuando continuamos asistiendo a determinados espectáculos candidatura tras candidatura. Y sino cómo se explica, por ejemplo, el vídeo electoral del Partido Popular en Oyón; cuyo autor, pobre, sigue empeñado en defender su creación asegurando que “no se ha entendido bien”. Pero no es el único despropósito, hay para todos los gustos y de todos los colores…

Especialmente divertido es el repaso de las fotografías oficiales de las listas electorales, donde una gran parte parece haber salido de una boda de los ochenta, con trajes (de chaqueta) reciclados de la comunión de ‘su tercero’, dos o tres tallas más grande y con esos horrorosos brillos propios de la época. También los hay que se han puestos lustrosos con los años y que, pese a que entonces se llevaban holgados, se embuten en los ropajes intentando no respirar mientras el fotógrafo dice aquello de ‘Miren al pajarito’. En el caso de las mujeres, parecen llevarse las ‘minis’ y los tacones de aguja, así de sencillas, ya sea posando a las puertas del consistorio, a los pies de algún monumento o en pleno paraje rural. Por no hablar de los acabados de peluquería. ¡Chapa y pintura! No se a vosotros, pero a mí no me transmiten la idea más adecuada. Yo necesito ver un equipo dispuesto a trabajar, dinámico y con movimiento… y no creo que unos tacones de 12 centímetros y un traje de tornasol sea el uniforme recomendable. Y lo mejor, es que da igual al punto de España al que te vayas siempre encuentras estas ‘estampas’ de otro tiempo. Son unas fotografías muy ‘revival’.

A los candidatos, por si alguno me lee, sólo unas breves recomendaciones, sin que nadie se me ofenda ¿vale?:

  • Las camisas blancas y azules ‘transpiran’ demasiado y además transparentan, y chicos, como en general no vamos depilados, mejor otro color o con chaqueta, que uno se ‘asfixie’ en silencio. Esto debería ser una máxima de la comunicación política.
  • Tan malo es pasarse como no llegar. Unos no aparecen y otros, hasta en la sopa.
  • Los consortes, no son objetivos ni imprescindibles. Lo de “hasta que la muerte os separe” no tiene que “ir a misa”.
  • Ojo con el photoshop, que luego ni os reconocemos.
  • Cuidado con pasarse de modernos, causal o sofisticados, y esto último también va por los trajes regionales ¿vale Esperanza?

Porque ‘aunque el hábito no hace al monje’, ‘una imagen, vale más que mil palabras’.

 

¡Alto la Guardia Civil!

IMG_2431Tengo que confesar que soy de aquellas personas tardías a la hora de ‘sacarse’ el carné de conducir, pues entre carrera y trabajos a jornada completa completísima tuve que esperar a encontrarme en situación de desempleo para poder dedicarme a este tipo de menesteres. Nunca es tarde si la dicha es buena.

El caso es que mientras uno no lo tiene, no lo ‘echa en falta’ –que tanto se dice por aquí –sin embargo, ahora que soy conductora no me hago a la idea de cómo he podido vivir todos estos años sin medio de transporte que no sean mis dos ‘patitas’. A lo bueno, se acostumbra una pronto. Aunque he de reconocer que soy de las que saca el automóvil sólo cuando es absolutamente necesario, disfruto caminando, es el único momento del día en el que puedo ocupar mi mente con pensamientos superfluos y frívolos sin sentimiento de culpa por no estar aprovechando el tiempo.

Bien, una vez en posesión de la licencia, no diré que soy una conductora fabulosa, algo que en mi experiencia se considera a si mismo todo el mundo -¿Por qué será que nos cuesta tanto reconocer que no somos perfectos al volante? -pero me defiendo y, sobre todo, me mantengo sin ningún percance, que no es poco, al menos por el momento. Vamos, que soy una conductora del montón como la mayoría, aunque os cueste reconocerlo. Pero ahora es cuando viene la gran pregunta… ¿Cuál es el promedio de ‘altos’ de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado al año? Y es que en el poco tiempo que tengo el carné han debido de tocarme a mí todos los controles.

Mi primera vez, la recuerdo perfectamente, fue durante mi primer mes de trabajo en el ayuntamiento de un municipio de la Región. Yo, doblaba una esquina a la derecha mientras intentaba avisar por teléfono de que ya salía para casa; él, aguardaba al comienzo de la vía a la que yo me incorporaba. Nos miramos fijamente y, dada la trayectoria de mi giro, se vio obligado a pararme y no pasar por alto que llevaba el móvil en una mano y que, consecuentemente, para dar la curva había invadido gran parte del sentido contrario. En dicha ocasión, mi estrategia fue la de reconocer toda mi culpa. “Tiene usted razón agente, está mal hecho. No tengo excusa”. ¿Sobreactuada? No se, el caso es que funcionó y, tras aleccionarme, me dejo marchar sin ‘pena’. Casualidades del destino, ahora a ese mismo agente me lo cruzo habitualmente en el trabajo y siempre me saluda y sonríe con una miradita cómplice con la que me viene a recordar que me perdono la vida, exagerando un poco.

Yo achaqué su proceder a la buena voluntad de aquel policía y a mi cara de no haber roto un plato. Sin embargo, mi entorno masculino aseveraba rotundamente que me había escapado por ser mujer. Diferentes puntos de vista.

La segunda ocasión fue culpa de la placa de la matrícula, que según parece no se lee bien. Situación que yo achaqué a la popular técnica de aparcar al toque. Pero en esta ocasión sí que escurrí el bulto y culpé a mi querida hermana, de la que yo heredaba el automóvil.

Esta vez fue la Guardia Civil quien me dio el alto y por aquello de lo que impone un uniforme se me caló el coche al estacionar a la derecha, donde uno de los agentes me había indicado con el brazo. Su compañero se acercó hasta mi ventanilla y con tono socarrón comentó: “¿Señorita, ha parado usted el coche de golpe o se ha puesto nerviosa al vernos?”. Yo reconocí lo segundo, no sin cierta extrañeza por su comentario. El caso es que no sólo no me multó, sino que además la conversación se extendió algo más de 10 minutos en los que el agente se puso al día de mi situación personal, laboral y hasta de mis aficiones. Tanto es así que incluso acabó pidiéndome consejo sobre la posibilidad de desplazar su lugar de residencia a Caravaca de la Cruz, mi ciudad natal. Idea que desestimó cuando yo le comenté que, pese a que era un lugar bonito y con todos los servicios, no disponía de salas de cine, algo para mí imprescindible, pero eso él ya también lo sabía pues venía de la charla anterior.

No tardé en compartir y reproducir la conversación completa con mis allegados, sorprendida por la amabilidad de los agentes, con el objetivo de conocer si ésta era la tónica general. Una vez más oí aquello de ‘por ser mujer’. Algo a lo que ciertamente, en esta ocasión concreta, sí puedo dar más credibilidad.

El caso es que me han parado unas cuantas veces más, siempre por la dichosa plaquita –que sí, que sé que tengo que cambiar –pero jamás me han multado. Sin embargo, esta semana volvían a hacerme el ‘alto’ y aunque yo volvía a marcharme de rositas –sin librarme de la frasecita: “la placa tiene que cambiarla” -, sí que sancionaban al copiloto por no llevar el cinturón. Un hombre, para ser más exactos.

Y esto es sólo mi experiencia, no supongo ni presupongo nada, sólo expongo.

Artículo publicado el 26 de Septiembre de 2014 en el Diario La Opinión.

Con los calcetines puestos

IMG_3055Dicen que en la media está la virtud. Y digo yo que depende. Hay veces que ‘quedarse a medias’ puede ser de todo menos virtuoso ¿no? Y es que yo creo que éste es más bien el consuelo de muchos, o mejor dicho, de tontos porque ya se sabe, mal de muchos… alivio de aquellos que venimos conformando la clase media española, últimamente siempre vinculada a conceptos como pérdida del poder adquisitivo, copago, falta de liquidez y otras lindezas. Eso sí, ahora al menos los tontos consuelo encontramos, porque los males están muy repartidos. No, señores, no; la media no es la virtud. De lo bueno cuanto más, mejor.

Pero al ser humano en general le encanta hacer medias y establecer criterios de clasificación en virtud de un estándar; a los periodistas, en particular, los tantos por ciento. Recuerdo uno de los primeros jefes de redacción que tuve en un diario regional en Cartagena al que le ‘ponían’ sobremanera si estaban en un titular. No olvidaré como atosigaba a mis entrevistados hasta que me daban un buen porcentaje con el que ilustrar mi noticia, el resto era pan comido.

Bien, pues este recuerdo venía a mi cabeza hace unos días cuando a través del comentario de un compañero en Twitter leía el siguiente titular publicado en un diario de Cádiz: “El 53% de los gaditanos hace el amor con los calcetines puestos”. ¡Pedazo de titular de portada que se han marcado con porcentaje y todo! Lo que le hubiera gustado a mi antiguo jefe, pensaba yo. Pero es que la noticia tampoco tenía desperdicio. Esta conclusión, que venía de un estudio realizado por una conocida marca de preservativos, resultaba del todo insuficiente para satisfacer mi curiosidad. Así que acudí a Google para seguir ilustrando mi conocimiento sobre el español medio en la cama.

De esta forma descubrí que una imagen que dista bastante de los cánones estéticos del erotismo estaba mucho más extendida de lo que yo hubiera imaginado jamás. Y eso que vivimos en España, no me quiero ni imaginar cómo se lo ‘montarán’ en Groenlandia. Así, según esta encuesta la mitad de los españoles (el 47%) reconoce haber practicado sexo con los calcetines puestos. Ahora mejor que nunca podríamos decir aquello de ‘ande yo caliente, ríase la gente’. Y paradójicamente, es en el sur, en Andalucía, y más concretamente en Cádiz, como ya hemos dicho, donde más adeptos tiene está modalidad, que estoy segura tendrá tantos detractores como defensores.

Haciendo un ejercicio de empatía brutal y dejando a un lado los prejuicios que pueda tener al respecto, pero sobre todo intentando no visualizar demasiado la imagen, he intentado ponerme en la piel de ambos.

Entre las principales ventajas que se me vienen de forma instantánea a la cabeza para los habituales de este estilo, evidentemente el evitar los pies fríos es una de las primeras; sin embargo, sería insuficiente porque en la mayoría de los casos se limitaría sólo al invierno, y por lo que parece es una moda atemporal.

Si a tu pareja le huelen mal o tiene los pies muy feos –falta bastante habitual – es un remedio evaluable para luchar contra los bajones de libido que esto puede provocar. Así evades sus peludos pies, gigantes uñas e incluso el áspero tacto de la piel de aquellos que no se cuidan. Aunque, para todos ellos, el mejor consejo: una buena pedicura.

No desenfundarse los calcetines también puede servir para los que van con poco tiempo, para los que temen coger hongos, para unas caricias más suaves, para las posturas de pie, para un look más deportivo, para los ‘guiris’, que se ponen calcetines con todo… pero la idea que más me ha gustado es para los fans de Michael Jackson, que pueden rendir homenaje a su ídolo en un momento tan glorioso. Sin embargo, en este caso únicamente valdrían los blancos, rizando el rizo. ¡Que imagen!

Incluso he encontrado un estudio de la universidad de Groening, en Holanda, que revelaría que usar calcetines durante un encuentro sexual favorece hasta en un 30% – otro porcentaje de los que tanto nos gustan- la posibilidad de alcanzar un orgasmo. La clave está en el calorcito y la comodidad que brindan. El descubrimiento ocurrió de forma fortuita ya que, mientras se estudiaba lo que acontece en el cerebro humano durante el orgasmo, se constató que aquellas personas que se negaron a retirar sus calcetines tuvieron mejores orgasmos.

Los tradicionales calcetines que pudieran parecer anti-eróticos escalan así posiciones y se sitúan incluso por encima de la lencería fina en el acto sexual.

¿Os animáis a probar con los calcetines puestos?

El verano me pilla siempre en ‘bragas’

IMG_3436El verano en Murcia nos pilla siempre –y disculpen la expresión –en bragas, o por lo menos a mí sí. La ‘Operación Bikini’ y el cambio de armario son dos imposibles en esta Región. Uno se acuesta una noche pensando que el lunes –porque estas cosas se dejan siempre para los lunes, para hacer más fastidioso el día aún si cabe -comienza el dispositivo de adecuación para la temporada estival y se levanta con 35º a la sombra, sin haber reducido celulitis, sin la pedicura , con el armario atestado de ropa oscura y de manga larga y, si me apuras, sin depilar- este sería el caso más extremo -. Por no hablar del tono blanco nuclear o blanco fluorescente de las piernas. ¡No hay derecho!

Tú te planificas. Te compras todas las revistas del quiosco que vienen con consejos para ponerte a punto para lucir pareo y biquini: con trucos para reducir la piel de naranja, ejercicios para fortalecer muslos y glúteos, dietas milagro para perder tres kilos en 4 semanas… Y así, acumulas un sinfín de ejemplares de papel cuché en tu mesita de noche esperando que llegue el momento ideal para el ‘combate’ contra la flacidez; que siempre dejas, por supuesto, para después de las Fiestas de Primavera “porque antes es tontería. Entre Navidad, Semana Santa, Bando de la Huerta y Entierro de la Sardina, es imposible ponerse a dieta”, que te dice tu pequeño demonio al oído izquierdo. Y tú, desoyendo los conejos de tu ángel, a la diestra, que suplica que empieces con tiempo, abandonas la misión y te encomiendas al mes de mayo. Pero voilà se te ha echado el verano encima y ni te has dado cuenta… ¡Lástima de coloridas chaquetas de primavera que compramos y coleccionamos en los armarios y que se irán a las cajas de almacenaje de Ikea con etiqueta incluida!

Y es que claro, de todo esto tiene la culpa el fastidioso cambio de armario, porque una cuando se ve con tres o cuatro capas de ropa encima se presume estupenda, pero si empiezas a ‘deshojarte’… ¡Horror! No era oro todo lo que relucía, sino una piel blanca lechosa y blandita que te resistes a sacar de paseo. Por suerte, diré que en mi caso no es blanda del todo, porque una procura mantener cierta decencia incluso en invierno (lo mismo ocurre con la depilación), pero sí que se hacen más visibles algunas zonas que tienes pendiente reducir. Sin embargo, hay que ser realistas y no emprender misiones imposibles, no da tiempo. Con lo que ‘sudando la gota gorda’, que dice mi madre, te resignas a desterrar la ropa de inverno de los armarios y dedicas una estupenda tarde de mayo con su ‘fosca’ y sus más de treinta grados a esta ‘desestresante’ tarea.

Primera pregunta. ¿Dónde meto todo esto? Claro, una tiene que ‘colocar’ abrigos, chubasqueros, jerséis de cuello vuelto, bufandas y demás complementos en el mismo espacio que ocupan ahora vestidos, camisetas de manga corta y biquinis… Alguien me puede explicar cómo se consigue esto. No es un cambio justo ni equilibrado. Y te cuestionas: ¿cómo guardé todo esto el verano pasado? Pregunta retórica donde las haya, porque finalmente decides coger el coche y encaminarte hacia el paraíso de los ‘jóvenes’ independientes sin presupuesto para decorar sus casas de alquiler: Ikea y te haces con unas cuantas cajas más de almacenaje que este año no sabes dónde vas a meter porque los huecos de debajo de las camas los tienes ‘overbooking’.

La segunda pregunta es doble. ¿Por qué no tiro todo esto? Prendas que van de la caja a la percha y de la percha a la caja año tras año y que no te pones ni para estar en casa. Respuesta: pues por el ‘por si acaso’: por si acaso engordo, por si acaso adelgazo, por si acaso se vuelve a llevar, por si acaso algún día me veo favorecida… Y lo vuelves a guardar con la ilusión de darle uso algún día. No te engañes. ¡Tíralo! Evidentemente, la segunda parte es: ¿Por qué no tiré este? Ropa de verano que te dispones a colocar nuevamente en tu ropero y que acumula, como mucho, un par de puestas: la de estreno y la de consolación.

Y por último, después de varias horas de cambio de armario, y con el reto conseguido, ahora ¿Dónde me meto yo?

 Publicado en La Opinión el 8 de Mayo de 2015

Un vino Muy Murciano y Molón

22425_10153264797953914_6645685195459579915_nHoy no voy a contar ninguna historia de las mía, sólo os haré una breve Moka-Recomendación. Ya me he inventando un nuevo espacio para el blog, y un curioso vocablo, pero mientras la rae no se pronuncie en contra seguiré usándolo hasta que encuentre algo mejor…

No me negarán que en general muchas cosas nos ‘entran’ por los ojos, también en cuanto a la gastronomía se refiere. Bien, pues yo reconozco que a veces me dejo llevar por las apariencias y que me tientan enormemente las cosas chulas.

Esto fue exactamente lo que me ocurrió la primera vez que vi la botella del MMM (Macho Man Monastrell), su originalidad y diseño me sedujo, pero no fue hasta tiempo después, tras conocer a parte del equipo que hay detrás de este tinto y la bodega ‘Casa Rojo’ y su filosofía de trabajo, cuando me decidí a probarlo segura de no equivocarme en la elección. Así, aproveché una reunión familiar, las cosas buenas me gusta compartirlas, para descorchar una botella del vino jumillano.

Yvino-macho una vez ‘catado’, cumple lo que promete, por algo es el más galardonado de esta denominación de origen. Pero que duda cabe que si el exterior acompaña, el ‘amor’ es a primera vista. Y no es que sea una experta en vinos pero, como en todo, tengo muy claro lo que me gusta. Una estupenda elección para cualquier comida o cena estival y el regalo perfecto con denominación de origen.

Yo ya me he animado con la añada de 2012, pero amenazo con repetir en breve con el recién estrenado ‘barbudo’.

Ya me diréis que os parece a vosotros…

Mi buena gente

IMG_5511Hay personas que llevan contigo toda la vida y se convierten en imprescindibles en tus mejores y peores momentos, personas en las que sabes que siempre podrás confiar y que jamás te han fallado. Personas que han demostrado sobradamente que merecen un sitio a tu lado, que están cerca aunque estén lejos. Pero hay otras que aparecen de forma repentina e inesperada cuando crees que no necesitas más, cuando ni siquiera quieres más y, en contra de tus expectativas, te roban el alma en un momento.

Resulta facilón dudar del género humano cuando día a día nos encontramos ante tremendas injusticias, sinrazones y perversidad del hombre contra el hombre. Varias veces al día nos repetimos en nuestras cabezas: “Nos hemos vuelto todos locos. Sí, el mundo entero está loco” al contemplar tanta crueldad y, lo que es peor, tanta indiferencia. Sin embargo, incluso en medio de tanta atrocidad, uno encuentra un ejemplo al que agarrarse para mantener y defender la fe en las personas.

En algunos casos son protagonistas de grandes hazañas reconocidas por todos y retratadas por los medios de comunicación, pero en la mayoría de los casos son gentes discretas que calladamente y con gestos humildes defienden la humanidad de nuestra especie. Cuando te cruzas con alguien así no te deja indiferente. Yo, los encuentro todos los días en mi trabajo, por la calle, haciendo la compra… incluso en Facebook o en Twitter. Un simple gesto los identifica y son más de los que imaginamos. Los hay que siempre sonríen, pero también están aquellos que se esconden tras un rostro sereno. Y cuando un ser de estas características irrumpe directamente en tu vida te resistes que a se marche porque te inundan de luz, dan respuesta a tantas preguntas… vamos que molan.

Estoy segura de que a todos, mientras leéis estas palabras, os han venido al recuerdo varios nombres y rostros que se ajustan perfectamente a este perfil. Todos tenemos ejemplos de buenas personas en nuestra vida. De esta forma, sin pretenderlo, yo he ido incorporando buenas gentes a mi vida que no sólo hacen más fácil la existencia sino que dando ejemplo, sin pretenderlo, te hacen a ti mejor. Algunos de ellos parecen no tener nada en común contigo, incluso consideras que su aparición ha sido completamente fortuita y que en ‘circunstancias’ normales nunca los hubieras conocido. Pero, amigo mío… las casualidades no existen. Soy de las que piensa que todo tiene un por qué y un para qué.

Yo, que me considero una mujer bastante sociable, y que cuento por centenas los amigos, no sólo en Twitter y Facebook, confieso que he intentado preservar intacto mi círculo más cercano durante varios años, sin que nadie entrase o saliese de él. Así, considerando que la confianza absoluta en otra persona no es algo fácil de conseguir, entendiendo que estaba más que colmada y sabiéndome afortunada por quien tenía junto a mí, éste se mantuvo intacto durante un tiempo.

Y de repente, apareció ella. Se podría decir que nuestro encuentro fue casi cualquier cosa menos amistoso. Un par de frases cruzadas en un contexto inesperado y nuestros destinos quedaron ligados -¡Quién me lo iba a decir a mí! –para siempre. A mí, me impactó su constante y generosa sonrisa; a ella mí sincera respuesta y mi curioso argumento a su primer y único requerimiento. Y ahí quedó todo. Tiempo después, la causalidad nos hizo coincidir.

Para conmigo, su vocabulario no recoge la palabra ‘no’ o ‘imposible’; siempre tiene un comentario alegre o, en los peores momentos, una tímida sonrisa con la que mejorar mi ánimo y hemos conseguido entendernos con sólo una mirada. Incluso nuestra particular ‘adicción’ nos ha traído algún que otro disgustillo cuando pasamos horas y horas conectadas vía Iphone. En los recuerdos más divertidos y en los más tristes asoma a mi lado, como la canción: ‘Hago chas y aparezco a tu lado’, así de forma natural, sin forzar nada, que es la forma más bonita. Pasión en todo, es la palabra que la define. Si hasta le gusta mi cara de tortuga en las fotos…

Pero por si fuera poco, no vino sola. En su ‘aterrizar’ trajo consigo a otra persona, Antonio, que en la distancia, en la sombra y de forma discreta acompaña y perfecciona su persona, complementa su espíritu y a la vez el mío. Como se suele decir ‘le falta el mundo’ para complacerla y, por ende, a mí también y a quien me rodea. Es de esas personas que hacen bien.

Para ellos: Sois parte de mi ‘buena gente’.

Publicada en el diario La Opinión el 1 de Mayo de 2015

 

 

Malditas fotos en biquini

IMG_4872Si uno busca ‘posado de verano’ en Google, las primeras respuestas y resultados están irremediablemente ligados a un personaje de la historia nacional contemporánea: Ana Obregón. Y es que en este país son varias las generaciones (unas cuantas) que hemos crecido con la imagen de esta bióloga reconvertida en artista dando la bienvenida al verano. Ni más ni menos que 33 años -en 1980 se fechaba la primera instantánea- posando en biquini, bañador y la imposible y poco favorecedora mezcla entre ambos: el triquini.

El mérito es increíble, no sólo por tener el valor suficiente para lucir esta última prenda de baño a la que hemos hecho referencia. Ni siquiera por sus 58 años. Mientras que el resto de mujeres huimos de una cámara de fotos, o smartphone en los últimos tiempos, como si del mismo diablo se tratase para evitar ser inmortalizadas con tal indumentaria, o ausencia de ésta para ser más exactos, ella se planta delante de las mismas de esa guisa y con esa ‘extraña’ naturalidad que la caracteriza.

Y si todo esto no parece suficiente, encima se atreve a hacerlo al comienzo de la temporada estival, cuando aún estamos blancas y el moreno no ha ejercido su positiva influencia sobre nuestros lechosos cuerpos escondiendo y disimulando alguna que otra tara. Como dice una amiga mía “el moreno es como el negro que disimula hasta los kilos de más”, y viene a ser algo así como el photoshop, pero un poco más rudimentario. Pues bien, ella lo hace a ‘pecho descubierto’, nunca mejor dicho, por lo que merece este pequeño ‘reconocimiento’ el día en el que saludamos oficialmente al verano.

Por el contrario, el resto de las mortales cuando nos enfrentamos a esta tesitura comenzamos un vitalísimo proceso físico y psíquico para salir lo más airosamente posible de esta situación que supone un notable consumo de energía y que se desarrollaría en varias etapas.

La primera fase del posado de verano, referida exclusivamente a la silueta y la más básica se resume en los siguientes pasos: meter tripa, sacar pecho, levantar pompis, posar de perfil y no respirar. Una vez que esto está conseguido, sin perder la posición: enseñar dientes, abrir lo ojos, no pestañear, subir el mentón, pegar la lengua al paladar y colocarse el pelo.

Para las más perfeccionistas esto no acabaría ahí, ya que habría otros factores a tener en cuenta como poner piernas y columna rectas, apretar muslos y trasero con todas tus fuerzas, revisar la posición del biquini y retirar la braguita de entre las nalgas, tapar molla estratégicamente con la poca tela de la que disponemos, decir patata y seguir sin respirar. Hasta aquí bien, pero en el manual de las profesionales de los posados veraniegos también se incluye un último, pero no menos importante, consejo: comprobar que tu amiga con tipazo no sale en la foto. Fundamental para garantizar el éxito de la operación.

Finalmente, una vez completado el proceso y con la instantánea realizada, por diez o quince veces para elegir la que más nos guste o meno nos disguste, como se quiera ver, uno vuelve tristemente a comprobar que, sin negar las positivas consecuencias que puedan tener estos truquitos, los milagros en biquini no existen y la celulitis sigue en su sitio, entre otras muchas cosas.

Y es que es tan difícil salir bien en una foto en ropa de baño… Aunque una esté tremenda siempre habrá quien acuda a las recurrentes ‘le falta pecho’, ‘tiene los muslos un poco gordos’, ‘es de culo plano’… y mi favorita: ‘tiene la rodillas feas’. ¡Vamos hombre! ¡Malditas fotos en biquini!

Ahora entiendo por qué se pusieron tan de moda las fotos en Facebook de pies en playas y piscinas.

 Publicado el 21 de Junio en La Opinión.

Ellos las prefieren…

IMG_5055Que lo natural es bello, es algo que tengo claro. En unos casos más que en otros, como todo. Que la imperfección puede ser hermosa, es una afirmación con la que estoy completamente de acuerdo. Incluso podría aceptar aquello de que ‘la suerte de la fea, la guapa la desea’. Pero por lo que no paso es por intentos de auto-convencernos de que hay ‘defectillos’ o ‘vicios’ femeninos que vuelven locos a los hombres. Y es que soy firme defensora de las posiciones realista, por mucho que nos duelan o disgusten en determinadas ocasiones.

Es verdad que la belleza está en los ojos del que mira, y sino pregunten a la recién estrenada Renée Zellweger que se siente fantástica con su nueva imagen cuando a mí me recuerda más bien a nuestra Antonia San Juan, divertidísima sí, pero poco atractiva a la vista la mujer. Aunque insisto, eso dependerá de los ojos que la miren. También es cierto que no es justo generalizar, pero cuando hablamos de un colectivo de siete mil millones de ejemplares casi es mejor generalizar, como dice mi amigo FJ Alfonso. Y por lo general, hay cosas que a los hombres no les gustan, igual que a las mujeres. Esto no es ni malo ni bueno, simplemente es así.

Y digo todo esto porque la semana pasada leía un artículo en el apartado de sociedad de la página web de Europa Press que descubría, a través de un estudio, ‘14 características femeninas que atraen a los hombres y nosotras ignoramos’. No es que sea yo una ávida lectora de este tipo de relatos, pero he de reconocer que amenizan alguna espera en la cola del banco o la sala del dentista. Y a veces se agradece desengrasar la mente con una lectura facilona y simpática.

Según este artículo, que recoger las investigaciones de un consejero matrimonial británico y tocayo mío Mo Kurimbokus –por aquello de Mo Ka –, los hombres las prefieren naturales. Hasta aquí bien. Podría estar bastante de acuerdo. Las diferencias comienzan cuando en las conclusiones de su estudio puntualiza algunos aspectos que atraen al género opuesto.

  1. La cara lavada. Ciertamente he conocido muchos hombres a los que el exceso de maquillaje les repele e incluso aquellos que prefieren un rostro al natural, por lo que en este punto poco tendría que objetar.
  2. Un poco de tripita. Será en la mujer del vecino, para poder presumir de la tuya. Y es que una cosa es que tengan de donde agarrar y otra muy distinta una incipiente pancita.
  3. Leves arrugas. Todo depende de la intensidad y de la cantidad, pero algunas marcas de la edad pueden quedar incluso sexys. Aquí podemos estar de acuerdo.

Y ahora empieza lo mejor:

  1. Las estrías. Dice el estudio que son “un recordatorio de los hijos que han tenido juntos y el compromiso que tienen con ellos”. ¿Y las que no tenemos hijos? Éstas no son ni más ni menos que marcas de una pérdida o aumento de peso repentino. No le pongamos poesía. Y si quiere algo que sólo pueda ver él, que se busque algún lunar, que son mucho más discretos.
  2. Que le llames cuando vas un poco borracha. Siempre y cuando no lo despiertes a las cuatro o las cinco de la mañana y al día siguiente tenga que trabajar.
  3. “Les gustan las mujeres decididas y con iniciativa propia, a las que no les importa el qué dirán”. Bien, pero no les pongas en un compromiso delante de su familia, amigos o compañeros de trabajo.
  4. Pechos naturales. Aquí me falta criterio, así que dejaré que contesten ellos. Y según dice el estudio: “unos pechos pequeños son vistos como frescos, que tienen juventud y buena salud física. Los hombres buscan juventud y vitalidad en ellos”.
  5. Que la ropa interior no combine. Bueno, siempre y cuando sea sexy, da igual el color. Además, la mayoría son daltónicos o, al menos, sufren los mismos síntomas.
  6. Pies descalzos. Depende del pie, porque si hay una parte del cuerpo fea es esta. Hay que ver que pocos pies bonitos he visto en mi vida.
  7. Pelo sin teñir. No se si las prefieren rubias o morenas, o quizás pelirrojas… pero dudo mucho que canosas.
  8. Que se te olvide la mitad de un chiste. Pues vaya gracia.
  9. Que te gusten los niños. ¿En serio se fijan en esto?
  10. Que uses una camiseta cualquiera para dormir. Si es corta y tienes buenas piernas… y no olvides ir depilada.
  11. Que se te olvide quitarte el maquillaje para dormir. Claro, y a la mañana siguiente tu cara es un borrón indescifrable similar al Ecce Homo de Borja y la funda de almohada un lienzo. Sí, súper sexy.

Pero no desesperemos, como decía el francés Serge Gainsbourg, que de feos sabía un rato, “la fealdad está en una forma superior a la belleza porque dura”, o algo más popular: “no hay gente fea, sino belleza rara”.

Publicado el 31 de Octubre 2014 en Diario La Opinión.