Si alguna vez os habéis preguntado por qué elijo o decido escribir, habitualmente, este Café Con Moka sobre asuntos, cuestiones y dilemas no excesivamente transcendentales, por decirlo de algún modo, se debe a que yo misma me reconozco; después de la intensidad de los días que vivimos, del bombardeo de información que recibimos y la densidad de la misma; fan absoluta de lecturas frescas, desenfadadas, triviales e incluso frívolas, que una puede leer sin más implicaciones, complicaciones o consecuencias. Como dice una amiga mía: “A veces necesito 15 días de pronto para desintoxicar” -refiriéndose a la revista- . Sin ir más lejos, hace un par de días, mientras ojeaba Facebook, pues esta red, junto a twitter, se ha convertido casi en mi resumen diario de noticias cuando acaba la jornada, encontré un artículo que intentaba analizar en la visión de varias mujeres lo que a nosotras nos resulta sexy de los hombres. Cual fue mi sorpresa al descubrir que no tenía mucho en común con la mayoría de las cosas que apuntaban mis compañeras. Así que decidí hacer mi propio estudio de mercado a través de whatsapp preguntando a mis amigas y valorando mis propias percepciones.
Lo primero era definir a qué nos referimos cuando hablamos de algo sexy. Según la RAE es una voz inglesa que sirve para designar a alguien que ejerce o tiene atractivo físico o sexual. Sin embargo, en mi primer sondeo telefónico descubrí que cada uno, o al menos cada una, tenemos nuestro propio concepto de este vocablo. Hay quienes lo vinculan a la capacidad de enamorar, otras al deseo sexual y también están las que le confieren incluso connotaciones tiernas. Lo que pone en evidencia que lo sexy es completamente subjetivo. Además, hay que hacer una salvedad, sexy no significa ‘buenorro’. Un tío cachas puede estar tremendo y no tener ningún tipo de atractivo especial más que un cuidado aspecto físico. Por el contrario un ‘ejemplar’ más normalito puede poseer virtudes que nos hagan perder la cabeza.
Para mí personalmente, la sensualidad y la sexualidad comienza en primer lugar por la mirada. No desde el punto de vista de que tenga unos ojos bonitos, que también es de agradecer, sino que sepa utilizarlos. Un hombre que me sabe mirar ya cuenta, al menos, con el 50% de mi atención. Hay hombres que te miran y te traspasa, con miradas sugerentes que nade tienen que ver con los vistazos ‘guarros’ que algunos te dirigen en plena calle. Es algo más sofisticado que consigue que mi actitud sea muy receptiva hacia sus intenciones. Por supuesto en este juego de decir mucho hablando poco también están las sonrisas, esas muecas cómplices que sólo los dos implicados entienden y que pasan desapercibidas para el resto. Siguiendo con el aspecto más físico, unas manos bonitas y una espalda, cuello y mentón fuertes también son mis puntos débiles. Y ahora que llega el verano, unos brazos formados que asoman bajo las mangas de una camisa remangada reconozco que me ponen mucho.
En cuanto a actitudes, me resulta muy sexy un hombre que, pese a que su mirada te confiesa lo contrario, lo pone un poco difícil, al menos al principio. Después me gusta que lleven la iniciativa. También los hombres que te sorprenden, de los que, sin esperarlo, recibes un mensaje apasionado a media mañana en la oficina y con los que puedes mantener una conversación subida de tono por teléfono, incluso vía whatsapp, sin que resulte obscena; en la que se verbaliza poco pero se insinúa mucho. Además, descubría en mi encuesta a otras mujeres lo sexy que puede resultar un hombre intentando tocarte o cantarte su canción favorita con un instrumento.
Un hombre en vaqueros. Las camisas blancas. La barba de varios días, las hipster no tanto. Un hombre que sabe de música. Una voz varonil. Un beso en el cuello. Un romance en secreto… Pero sobre todo un hombre con una conversación interesante, que te cautive no sólo con su tono de voz sino con lo que dice y como lo dice.
Para cada una hay muchos matices de lo que puede o no puede resultar sexy pero hay, al menos, un par de ingredientes que se repiten en todos los escrutinios: que sea un hombre inteligente y con sentido del humor. Siempre resulta atractivo un hombre del que poder aprender algo. Sin embargo, yo no sé lo que inteligente o lo estúpido que será Bard Pitt, pero resulta un rato sexy.

Os dejo este regalito…


Dicen que el ejercicio es saludable. Imagino que todo el año. Aunque la mayoría sólo nos acordemos de practicarlo cuando se acerca el verano como parte importante de nuestra casi permanente ‘operación biquini’. También dicen que es adictivo, que engancha. Aunque sinceramente mis adicciones son de otro rollo y requieren muchísimo menos esfuerzo ( 😉 ya sabéis ): café, chocolate negro, coca cola… Todas ellas, curiosamente, ‘instrumentos’ para ponerme las pilas y aguantar el ritmo. Algo que seguramente también se consigue con el deporte, pero es que éste es infinitamente más sacrificado y para mí, por el momento, mucho menos placentero. Sin embargo, y pese a lo que nos cuesta calzarnos las zapatillas, con la llegada del buen tiempo una masa uniforme de ‘fofisanos’ nos apuntamos al gimnasio o salimos a la calle en tropel a practicar el ‘running’, hoy por hoy la forma más económica de realizar una actividad física. ¡O no!




Decía la abuela de una amiga que “ojalá fuese el revés y cuanto uno más comiese más adelgazase”. Jamás había oído esta propuesta que, además de que sería estupenda, viene a resumir el eterno dilema que muchas mujeres (y también algunos hombres) mantenemos anualmente con la báscula cuando llega el calor y empezamos a desnudar nuestros cuerpos a la par que a ser conscientes de aquello que sobra y que coyunturalmente disimulaban ciertas prendas. Truco que aunque no sirve en el caso de que el sobrepeso sea muy obvio, cuando hablamos de cierto ‘descuido’ con un par de kilos o tres es mano de santo. Y si además una tiene cierta gracia para combinar y elegir la ropa, puede obrar milagros.


















