Del metrosexual al sapiosexual

Si para una mujer ya es difícil saber lo que quiere- al igual que para un hombre -, imagínense ponerle nombre. Una tiene una idea o boceto mental de lo que desea alcanzar o conseguir, esto en el mejor de los casos, pero en ciertas ocasiones no encuentra las palabras o conceptos para materializarlo. En las últimas semanas me he visto obligada, como consecuencia de un curso online de coaching personal que estoy haciendo (‘puntazos’ que me dan a veces) a poner nombre y por escrito algunos conflictos personales, anhelos y aspiraciones, y créanme si les digo que es mucho más complicado de lo que hubiese imaginado.

Bien, pues si esto lo trasladamos y aplicamos a nuestros anhelos con respecto al género masculino, la cosa se complica; más aún teniendo en cuenta el amplio abanico de ‘categorías’ y tipologías de hombre que están surgiendo. Tengo que reconocer que en esto estoy un poco atrasada, pues yo me quedé como mucho en el metrosexual. Pero es que esto de los hombres es como las nuevas tecnologías, o te actualizas o de un día para otro te quedas obsoleta.

El término metrosexual surgía a mediados de los noventa para definir a un tipo de hombre que empezaba a preocuparse por su imagen y cuidado personal al nivel femenino, o incluso muy por encima en determinadas ocasiones. Comenzaba a generalizarse la imagen de hombres con las cejas perfiladas, gran parte de su cuerpo depilado y con cierta querencia por las cremas y productos de belleza. Reconozco que es agradable ese aroma a perfume que dejan tras de si, sin embargo confieso que nunca fueron mi debilidad. Reaccionando frente a este estereotipo aparecieron los übersexuales, hombres que también se cuidan pero en pro de potenciar su masculinidad. Son varoniles, elegantes y rudos. Si he de decantarme por alguno de estos dos, me quedo con lo segundos; pero este concepto tampoco termina de satisfacerme.

En los últimos años han surgido otras concepciones que continúan tratando de clasificar al género masculino, como los retrosexuales que serían aquellos que no se preocupan en absoluto por su imagen, el tradicional ‘macho-medio’ de los setenta y ochenta que no ha evolucionado en sus costumbres y hábitos de atención personal. O las últimas corrientes ligadas a las tecnologías que han derivado en la mutación de un hombre pegado a su teléfono, que mide su virilidad por el tamaño de su Smartphone o Tablet de última generación.

Pero esto, sinceramente, seguía dejándome insatisfecha. Quizás es por la amplía variedad de posibilidades. Me ocurre igual con los helados, hay de tantos sabores que cuando voy a pedirme uno acabo por perder la apetencia al desconcertarme con tantos tipos distintos.

Sin embargo, creo que he encontrado aquel adjetivo que más se acerca a lo que de verdad me seduce: me gustan los hombres que me conquistan por sus capacidades intelectuales- claro está que también me tienen que entrar por el ojo-. Con esto me pasa como con el helado de chocolate, nunca defrauda, así que suele ser por el que me acabo decidiendo. Ahora sé que lo que yo busco, soy Sapiosexual. Según la Wikipedia este termino se aplica a las personas atraídas hacia la inteligencia o la mente humana, aquellas para las que una marcada inteligencia es el principal factor de seducción.

Yo necesito sentirme atraída y enamorada no sólo por la personalidad del otro sino también por su mente y sus capacidades, porque esto implica, en mi caso, sentir admiración por la persona que tienes a tu lado, además de atracción y otras tantas cosas más que son necesarias.

Sinceramente creo que ésta es una peculiaridad que se repite en muchas mujeres, por lo menos de mi entorno. Unas lo llaman estar orgullosas, otras sentirse admiradas, las que hay que lo definen como ser sorprendidas e incluso quienes afirman necesitar aprender algo del otro o reírse mucho con él; pero todos estos apelativos son distintas formas de reflejar lo mismo. Porque ¿acaso no hay que ser realmente inteligente y agudo para conseguir hacer reír a una mujer a diario? ¿habrá algo más difícil?

Si me lo admitís como consejo, estar junto a una persona inteligente es muy importante; tanto en las relaciones pasajeras, porque incorporas experiencias muy enriquecedoras a tu persona, como en aquellas que esperas que duren para toda la vida porque una mente inquieta conseguirá que nunca te aburras.

Publicado en La Opinión 10.10.14
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