La gran Belleza

Para abordar bien esta reflexión, deberíamos empezar preguntándonos ¿Qué es belleza? Si nos remontamos a la antigua Grecia, de donde parten los principales postulados y axiomas de nuestra cultura, encontramos la propuesta sofista que habla de la belleza como aquello que produce placer y goce a los sentidos, desde el punto de vista más sensual. Sin embargo, para Platón, uno de los principales teóricos y filósofos de todos los tiempos, la belleza, concepto que abordó en numerosos diálogos y obras, tiene que ver más con la idea de lo bueno y lo justo, del bien; trascendiendo lo estético hasta lo moral.

Sin duda, es muy difícil establecer una definición de la belleza universal que sirva para todos los tiempos pues aquello que en muchas ocasiones ha servido de canon, definiéndose éste como el conjunto de características que una sociedad considera convencionalmente como hermoso o atractivo, podría incluso horrorizar en culturas y épocas diferentes.

Tanto es así, que las estrellas y mitos de Hollywood de los últimos tiempos que para nosotros representan la belleza más perfecta o exuberante, como Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Scarlett Johanson o Angelina Jolie, posiblemente causarían algo más que rechazo en el Japón de la Edad Media en el que el modelo de mujer era pequeñita, con la tez blanca, el pelo negro y cintura de avispa. Pero quizás lo más llamativo de esta época era lo que se denominó la técnica del Ohaguro, que consistía en pintarse los dientes de negro con limón y limaduras de hierro, algo que hoy puede resultar espeluznante.

Asimismo, sería tremendamente extraño ver un rostro de mujer con parte de la frente afeitada; sin embargo, en los Países Bajos a finales del medievo la hermosura se relacionaba con una amplia frente, hasta el punto de que muchas rasuraban su cabellera.

En cuanto al género masculino no hay más que comparar los hieráticos Kouros en la Atenas del siglo VI a. C. con los afeminados barones de algunas pinturas del siglo XVI y XVII o los gentleman del siglo XIX y los andróginos modelos de los 70, como David Bowie, con los musculados y robustos torsos de los 80, como Arnold Shwarzenegger.

En otros conceptos también se verá está evolución de la noción de belleza, como en la búsqueda de la proporción perfecta propia del Renacimiento en reacción a las esbeltas catedrales góticas, por ejemplo.

Sea como fuere, y para quedarnos con una afirmación solemne sobre esta idea podríamos recordar a Simone de Beauvoir cuando aseguró que “la belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad”.

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