‘Ídolas’

Nunca he sido muy fan de nada. Ni he idolatrado a nadie sobre todas las cosas. Me he caracterizado por ser bastante mesurada a la hora de venerar algo o a alguien y de seguir cualquier moda o corriente. Por supuesto que he admirado y admiro a ciertas personalidades, pero siempre ha sido desde la moderación y la coherencia, sin permitir que queden cautivas mi razón o mi entendimiento. Además, reconozco que he sido selectiva a la hora de elegir mis iconos. Por eso me sorprende como hoy día hacemos de cualquier persona una ‘influencer’ con millones de seguidores que convierten en ‘ley’ sus consejos sobre tendencias, familia, hogar y cuidados personales. Y que conste que esto no es una crítica a éstas (o éstos), ni tampoco a sus seguidoras, entre las que me cuento, pues a mí también me distrae hablar y oír hablar, de vez en cuando, de asuntos más triviales y ligeros. Es, más bien, una reflexión en voz alta sobre el modelo de sociedad que estamos apuntalando para nuestros pequeños.

No repruebo estos perfiles que se mueven fundamentalmente en el campo del espectáculo y el entretenimiento, pero sí me preocupa que sean estos los principales referentes de mi generación y de las que me suceden. Sinceramente, creo que sería más equilibrado y sano que Paula Echevarría tuviera sus más de tres millones de ‘followers’ en Instagram, pero que también los tuvieran María Blasco, por ejemplo, bióloga molecular y actual directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas; una de las mujeres más importantes actualmente en nuestro país en el ámbito de la ciencia. O que fuera el caso de Remedios Zafra, escritora y ensayista española, con poco más de 4.500 seguidores en Twitter, o Viviana Waisman, abogada y líder en derechos humanos de las mujeres, que apenas roza los 2.000 en esta misma red social. Para mí, todas estas señoras, son verdaderos referentes cuyos nombres o perfiles pasan, lamentablemente, desapercibidos para mucha gente.

Sin embargo, desde hace algún tiempo, y rompiendo con mi costumbre, he empezado a idolatrar a determinadas mujeres; mujeres que pelean a diario contra la enfermedad de un hijo y que han enfrentado su dolor y lo han hecho público en redes. Mujeres que han superado el desgarro de ver a sus pequeños padeciendo y que, con el corazón roto seguramente, son capaces de vivir e incluso, a veces, estar alegres. Me admira, me abruma, de dónde sacan la fuerza y el ímpetu. Estas mujeres, será por mi actual condición, se han convertido en mis verdaderas ‘influencers’.