Fiestas de pueblo

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¿Puede existir algo más chulo que una noche de fiestas de pueblo? No hay mejor plan contra la depresión y el aburrimiento. Además, tenemos la suerte de que cuando llega el verano todo el levante español está de fiesta, por lo que es difícil no pillar al menos un par de días de festejos populares dentro del planning vacacional. Y es que todos tenemos un pueblo de referencia: el de nuestros padres, el de nuestros abuelos, el de veraneo familiar, en el que viven los primos… Y si eres la excepción que confirma la regla, seguro que hay algún pueblo deseando adoptarte, no sufras por eso. El caso es que esas escapadas publerinas tienen todas mucho en común. Sea cual sea el punto de la geografía española que uno elija las verbenas populares son iguales desde San Pedro hasta Badajoz. Hay clásicos que nunca fallan:

  1. Los churros. ¡Anda que no son socorridos! Son como la tortilla de patatas. Lo mismo te valen para el café de las cuatro de la tarde, que para desayuno, cena o merienda. ¿Mi favorito? El de las seis de la mañana cuando, después de bailar y desfasar toda la noche y antes de irte al primer pasacalles de la jornada, te alegras infinito de ver el puesto abierto para reponer fuerzas y seguir la fiesta.
  2. Los papelillos colgando de las calles y plazas principales del pueblo con todas las banderas del mundo o, en su defecto, la española reproducida hasta el infinito, son sinónimo inequívoco de verbena.
  3. Las charangas. ¡Qué me gusta una charanga! Es oír el ritmillo a lo lejos y a uno se le mueve todo el cuerpo, desde los pies a la coronilla sin poder parar hasta bailar el repertorio completo, desde ‘Paquito el Chocolatero’ hasta ‘Mi caballo camina pa´lante’. Y lo mejor, no hay que ser un experto en el baile.
  4. Hablando de bailar… Y las orquestas de pueblo que lo mismo te tocan el éxito de ese verano, ‘La Bomba’ o la última canción de moda en un inglés ‘profundo’; que te deleitan con los éxitos de ayer y de siempre: ‘Mis manos en tu cintura’, ‘La Colegiala’, ‘Me gustas mucho’ o ‘El Chacacha del tren’; o te cantan todo el repertorio de Sabina.
  5. Por supuesto, siempre hay un roto para un descosido, y cuando la velada se ambienta aparece la vecina gogó municipal (también está la versión masculina) que parece estar pagada por los ayuntamientos para que no decaiga la fiesta y que lleva lo de la música dentro.

A todo esto hay que sumar los rollitos de verano con el turista o visitante de turno –esto sobre todo en la adolescencia –; las procesiones con los patronos recorriendo el pueblo, que si alguna la ponemos en modo blanco y negro son la viva estampa de la España profunda de Berlanga; y los míticos coches de choque donde casi todos aprendimos a besar y en los que siempre suena Camela.

Yo este verano ya tengo unas cuantas noches de verbena y tú a cuál te apuntas.

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Mi verano en el pueblo. Mi familia.

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