Érase una mamá a unos tacones pegada

d53ba226-6029-41c3-8285-0014f1e48ef7Quien me conoce bien sabe que la expresión ‘voy como las locas’ está dentro de mi estilo de vida y mi repertorio. Lo mismo ocurre con el ‘yo me apunto’. No me gusta renunciar a nada e intento buscar un tiempo para todo. Afortunadamente no necesito dormir demasiado y, así, de sueño aprovecho algunas horas. Y si esto era así antes de la llegada del pequeño, imaginen el caos que rige mi vida en estos momentos, con mis inabarcables listas de ‘to do’, los planes que van surgiendo y todas las necesidades que un bebé demanda… Yo, que he sido paladín de la organización, reconozco que ahora mismo no tengo habilidad con ninguno de mis métodos o prácticas. Mi día a día es actualmente una frenética e improvisada yincana en la que, además, no consigo llegar a tiempo a casi nada. Pero por muy difíciles que se pongan las cosas y muchas pruebas que tenga la jornada, mientras pueda, hay algo a lo que no renunciaré aunque entiendo que muchas mamás lo hagan.

Durante los meses de embarazo, observaba y analizaba los comportamientos de las que me precedían para ver a lo que me enfrentaba. Una de las primeras medidas que muchas recién estrenadas mamás tomaban era cortarse la melena –y no sólo metafóricamente -. Siempre imaginé que por motivos de comodidad y, fundamentalmente, por la dificultad para llevarla cada día arreglada. Pero la experiencia ahora me dice que con esta solución también se evitaban los molestos y constantes tirones que los pequeños les daban. Y es que con todo lo que nos sobreviene: el niño, el trabajo, la familia, la casa… y la falta de tiempo nos volvemos particularmente prácticas. Fruto del predominio de esta practicidad también aparecen en nuestras vidas los coleteros, la ropa ancha y las zapatillas planas. Y es que puede resultar mucho más cómodo enfrentarse así a la batalla diaria.

Yo, que seguramente asumiré antes o después –aunque sea ocasionalmente – alguno de estos hábitos, me resisto, por frívolo que parezca, a abandonar la altura de mis tacones porque esta perspectiva a mí me da una posición aventajada. Tienen la misma función que las torres vigías en la lucha contra los piratas de la costa Mediterránea, no se trata de lo que el enemigo alcanza a ver o no, sino de la visión y posición de defensa que yo tengo desde mi pequeña atalaya. Me arman de seguridad, determinación y audacia; además, por supuesto, de que me encantan. He de reconocer también que la costumbre ha hecho que vaya muy cómoda sobre este tipo de estrados o peanas.

Creo que ya lo he comentado alguna vez, como entre y salí de paritorio en mis plataformas encaramada, cuando la mayoría de mujeres iban en zapatillas de estar por casa. He paseado Roma, Toledo y Granada, ciudades completamente empedraras, sobre los mismos tacones, a riesgo, es verdad, de perder durante los paseos alguna que otra tapa. He plantado en tacones hasta en octubre las habas. Creo que sólo voy plana para hacer deporte y alguna vez que otra en la playa.

Para mí los tacones son comodidad, personalidad y elegancia y aunque ahora con el bebé se hace más dura y ardua la batalla resistiré los envites, avanzaré y mantendré las posiciones siendo una mamá a unos tacones pegada.

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