Desayuno con diamantes

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Dicen que vivir en paz alarga la vida y teniendo en cuenta de que, en mi caso por lo menos, pasamos dos tercios de nuestro día trabajando, tan importante como estar bien en casa es disfrutar de un ambiente favorable en el entorno laboral. Cosa que, desgraciadamente, no siempre es factible, ya que las preocupaciones, obligaciones e intereses personales de unos y otros pueden provocar que estemos más irascibles de lo estrictamente necesario y al acabar la jornada nos vayamos a casa agotados y más cabreados que una mona. Algo completamente contraproducente.

Tengo una nueva compañera, Carmen, que se toma esto muy en serio, y desde que ha llegado a la ‘oficina’ la ha convertido en un hábitat libre de ‘malos rollos’ con sus piedras rosas, sus souvenirs y su contante ‘amenaza’ de invadir nuestros despachos con tarros de sal, que por lo visto neutralizan las vibraciones negativas. Yo que nunca me he tomado esto muy en serio me dejo querer y estoy empezando a sentirme cómoda sabiendo que alguien vela por nosotras. De sus trucos y remedios ya os hablaré otro día…

También dicen que a los amigos los elige uno, sin embargo tengo el convencimiento de que la vida, el destino o lo que quiera que sea pone gente en tu camino que aparece de forma inesperada y que entrando como reservas comienzan a jugar un papel importante en el ‘partido’. Fichajes que probablemente uno no hubiera hecho de forma consciente pero que se convierten en auténticas ‘figuras’ de tu equipo.

Así me encontré yo con ellas: ‘Las chicas del café’, como a mí me gusta decir. Cada una completamente distinta a la otra, aparentemente con poco en común, pero cuya presencia en el día a día se ha vuelto imprescindible. Son sólo unos minutos en torno a cuatro cafés, pero sirven de terapia para olvidar los disgustos vividos y coger fuerzas para los que están por venir.  Cuatro mujeres con cuatro vidas y cuatro historias distintas que se sirven las unas de las otras para darse cuenta que al final las penas y alegrías de la vida no son muy distintas.

Con Carmen B solía compartir en los cafés mis inquietudes más personales, las más íntimas. Dado que entre semana tengo a la familia lejos se ha convertido en lo más parecido, incluso a la hora de ayudar y prestar auxilio. Laura llegó después, sumándose a nuestros cafés y aportando calma y cordura a muchas de nuestras turbaciones con una visión más trascendente de la vida que aligera el peso de ciertos acontecimientos y alivia. Y la última en aparecer fue Carmen que con sus historias y anécdotas convierte el café en fuente de inspiración para mis artículos. Su alegría de vivir se hace contagiosa y te obliga a ponerte las pilas.

Estoy segura de que muchos os habéis encontrado gente así en vuestro trabajo. Personas que por diferencia de edades, gustos o intereses no entran en vuestro ‘circuito habitual’ pero que llegan a ser importantes o incluso imprescindibles para hacerte sentir bien. Mi teoría es que el fenómeno se da al coincidir personas que no se conocen, que no traen prejuicios ni concepciones previas de los demás;  que ya han madurado y sufrido y que sin lazos ni vínculos pueden mostrarse y sentirse tal como son.

Así que este es mi particular… ¡Desayuno con diamantes!

¡Y yo con estos pelos!

Me repito una y otra vez que la belleza no es lo más importante, que hay que huir de estereotipos y que la superficialidad no es nada sexy. Sin embargo, por más que una intenta ser racional y madura, aún hoy, un mal peinado o un grano inoportuno puede destrozar mi autoestima y reducir mi seguridad a cenizas en cuestión de segundos. ¡Qué vulnerabilidad la nuestra! Es paradójico, somos capaces de soportar presiones y ataques sin titubear, pero el mal reflejo de una ojeada furtiva a un escaparate caminando por la calle nos gana por KO. Y qué os voy a contar de la báscula… ¡Hay penitencias mucho más livianas!

Bien es verdad que lo mío no es obsesión por la belleza, ni siquiera una excesiva influencia por los cánones fijados, pero que duda cabe que el no sentirme bien afecta a mi ánimo. Os lo digo con toda confianza y pleno conocimiento de causa, ya que esta semana he tenido un compañero de viaje afincado en mi frente, de esos que en cualquier reunión te dejan en segundo plano. Invitados molestos que además no anuncian su llegada y tampoco avisan de cuándo se van, y claro no es cuestión de hacer mucha vida social con tan incomodo huésped.

“Soy una mujer del siglo XXI, independiente, madura, profesional y competente”, suena como un mantra en mi cabeza mientras me siento estúpida por dar tal importancia a semejantes tonterías. Pienso que debo resultar ridícula y que nadie entendería un drama tal. Sin embargo, para mi sorpresa descubro que no soy la única, y no hablo sólo de mi pandilla del café de media mañana y sus dilemas con los calcetines mal combinados, el peinado frizz, las bragas faja o las cejas mal depiladas. Hasta la mismísima Hillary Clinton, una de las mujeres más poderosas del mundo, con el premiso de la señora Merkel, capaz de sobreponerse con asombrosa dignidad a unos cuernos en ‘streaming’, hasta el punto de perdonar al infractor y fagocitarlo con su ascendente carrera política, confesó en una charla a universitarios que su confianza comenzaba cada día por su pelo.

Y así te das cuenta de como tus temores más idiotas y tus inseguridades más absurdas son compartidas por la mayoría de tus semejantes. Y no hablo de la influencia externa que los demás ejercen sobre ti, sino de la auto evaluación que nosotros mismos nos imponemos, que habitualmente suele ser la más estricta, y si somos mujeres más aún. Perdónenme los caballeros, pero nosotras somos más exigentes y extremas, también a la hora de complicarnos la existencia.

Lo bueno de todas estas problemáticas es que nos ‘joden’ la mañana, pero no nos quitan el sueño, al menos no más de dos noches seguidas.

No somos unas ‘fashion bloggers’

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Lo que comenzaba con la idea de ser un post sobre looks y outfit informales para el fin de semana, al más puro estilo super fashion bloggers’, se convirtió en una divertida tarde fotográfica en familia en el parque. Y es que una siesta en ‘casa di mama’ puede acabar en cualquier cosa.

Al amparo de un par de cafés, mi hermana y yo fantaseábamos una vez más, mientras los demás dormían, con la idea de tener un blog conjunto en el que, como ahora, compartir nuestras experiencias, nuestras aventuras, nuestros consejos y nuestro día a día. Sin la menor pretensión, por el simple hecho de que nos gusta escribir y nos resulta bonito pensar en tener ese testimonio gráfico y escrito de nuestras vidas en un futuro; algo así como el antiguo diario que utilizábamos de adolescentes, pero en este caso multiplicado por dos. Dos caras de la misma moneda. ¡Podría estar bien! Nos decimos a nosotras mismas, y seguro que además resulta muy divertido.

Cuando la cafeína empieza a subirnos a la cabeza, y bajo la mirada extrañada de nuestra madre, posiblemente porque se perdería entre tanto término anglosajón: look, blog, post, outfit…, decidimos dar un primer paso en nuestro proyecto programando un simulacro de sesión fotográfica imitando a las súper estrellas de los blogs que nosotras mismas seguimos. En poco más de quince minutos y cargadas de cámaras de fotos, niños, carricoches, juguetes y maridos nos plantamos en el parque que hay justo debajo de la casa de mi madre. Imaginen la estampa.

Lo más difícil fue empezar, porque evidentemente no estábamos solas, y resulta un poco ridículo ponerse a posar, sobre todo cuando no sabes y con tanto público, que además son de tu pueblo y te conocen de toda la vida. Seguro que pensaron… ¡Vaya par! Primero yo a ella, luego ella a mí, pero no terminábamos de verlo. Cuando más naturales intentábamos parecer, más forzada era la pose. Hasta nuestros ‘chicos’ nos apoyaban en nuestro empeño y se prestaban no sólo a hacer de fotógrafos sino a participar de la sesión. ¡Menuda paciencia!

El resultado fue el descubrimiento absoluto e incuestionable de que no somos unas ‘fashion bloggers y no sabemos posar, pero también que lo pasamos genial todos juntos y que cualquier excusa es buena para reírse y pasar un buen rato.

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¡Juzguen ustedes mismos!

  • Primero las que se pueden salvar…

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  • Y ahora algunas de las más divertidas:

Cuando el frío hacía acto de presencia.

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Con los ‘chiquis’ reclamando protagonismo desesperados de vernos hacer el ‘panoli’.

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Y lo mejor, cuando intentando ser naturales nos quedaba todo taaaaaan forzado y la risa no nos dejaba posar.

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Continuará…

Lo que me gusta de Murcia

Nunca me he sentido especialmente de ningún sitio. Será porque desde bien joven he andado dando algunos tumbos de acá para allá. Aunque he de reconocer que mi lugar de regreso siempre estuvo y, mientras esté allí la casa de mi madre, estará en Caravaca. Es donde me siento segura, me relajo y consigo desconectar, porque además de un pueblo bonito y coqueto es tranquilo, lleva un ritmo diferente al de la gran ciudad, y eso consigue dar un cierto respiro a mi atareada rutina cuando acudo los fines de semana a descansar. Creo que, de una forma un poco particular, se podría decir que es al lugar al que pertenezco. Sin embargo, yo no nací allí.

Según mi DNI soy nacida en Bullas, concretamente en La Copa, lugar de origen de mi familia paterna y donde viví durante mi primer año de vida. Aunque de pequeña lo que me gustaba decir a la gente es que había nacido en Las Vegas. Y no era del todo falsa mi afirmación, ya que yo siempre oí decir a mi madre que había nacido en ‘La Vega’, pero claro a esa edad era totalmente desconocedora de que había un hospital en la Región que tenía dicha designación; sin embargo sí que había oído hablar ya de la ciudad del neón, con lo que imaginaba que mi madre se refería a dicho emplazamiento. Éste si hubiese sido un alumbramiento digno de una vida de novela, pero el mío fue bastante más modesto.

Como ya he comentado, cuando tan sólo tenía un año mi familia se mudó a Caravaca, donde viví, con mis más y mis menos, toda mi infancia, adolescencia y parte de juventud. Para mí, una paleta de pueblo (lo digo sin acritud ni ánimo de ofensa), Murcia era sinónimo de sábados de compras en ‘El Corte Inglés’ y poco más. Cuando llegó el momento de ir a la universidad, y decidí que Periodismo era la carrera que quería estudiar; al contrario que mis amigas que alquilaban piso juntas y venían a Murcia, y animada por padre, que vivió su juventud en Madrid; marché a la capital durante cinco años para formarme en la Complutense, donde –al menos en mi clase –lo de ser de Murcia tenía su punto exótico. Recuerdo mis primeros días allí y las reacciones de los que serían mis compañeros. “Murcia que bonica eres ¡Pijo!”, que espetaba cada mañana a mi llegada Iñaki Cano –hijo del periodista deportivo de radio y televisión del mismo nombre – haciendo suyo el eslogan de alguna campaña turística, o las veces que me hacía repetir una palabra Elena porque decía que sonaba muy graciosa con el ico o ica detrás. El caso es que no disfruté la vida universitaria y de tascas murciana. Tampoco cuando empecé a trabajar, ya que mis primeros destinos fueron Jaén y Cartagena. Con lo que, cuando definitivamente atraqué aquí, no tenía ningún arraigo con la ciudad.

Ahora, en plena semana grande, me ponía a reflexionar sobre estos años en Murcia, una ciudad a la que no me une nada en especial pero con la que, en ciertos aspectos, he conseguido complicidad. No pretendo hacer apología (en en el buen sentido de la palabra) de la murcianía, eso lo dejo para otros colaboradores que entienden más y se le da mejor que a mí ;-). Yo nunca he vestido de huertana, de huertano tampoco; el año pasado fue mi primera vez en el Entierro de la Sardina; no he subido o bajado jamás a la Fuensanta; ni he visto completa la procesión de los Salzillo… Sin embargo, me gusta el cielo claro de Murcia. Me gusta su larga y calurosa primavera. Me gusta que es una ciudad para andar, para pasear. Me gustan los cafés de la Plaza de Belluga. Me gusta el río al atardecer. Me gustan los edificios modernistas y el verde de Santo Domingo. Me gustan las estrechuras de Platería y Trapería. Me gustan las vistas al monte. Me gustan sus bares castizos, y también sus alternativas modernas. Me gusta su cerveza. Me gusta el talento artístico y musical de su gente. Me gustan los curiosos nombres de sus tapas: zarangollo, pipirrana… o de sus postres: paparajote. Me gusta, entre otras cosas, que cualquier momento y excusa es buena para una caña con amigos.

Será que me gusta Murcia.

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La primavera, la rutina altera

Alergias aparte, la Primavera trae consigo el habitual cambio de hora que junto a las variaciones meteorológicas propias de la estación provocan alteraciones en nuestro organismo sufriendo ciertos efectos que nos hacen sentir como ‘resacosos’ todo el día, pese a que no hayamos ingerido un gramo de alcohol. Esto se debe a la denominada ‘astenia primaveral’ una sensación de fatiga, cansancio, somnolencia, dolor de cabeza, falta de memoria, tristeza y, en los peores casos, cambios repentinos de humor. ¡Si ya es difícil convivir con uno mismo, imagínense hacerlo en estas condiciones! Sin embargo, la buena noticia es que es pasajera y que además se puede combatir con determinados alimentos o cambios en nuestras rutinas.

Según los expertos nuestros aliados contra esta ‘depre’ primaveral podrían ser, en la mesa, la fresa, el aguacate, el limón, los plátanos, las almendras, la verdura de hoja verde y los cereales integrales, entre otros. Asimismo, también pueden ayudar la práctica habitual  de ejercicio y un adecuado descanso que nos obligaría a adelantar un poquito la hora de irse a la cama.

Y además de todo esto, os voy a contar lo que a mí mejor me funciona contra el decaimiento, coincida con la estación que coincida. Mi mejor forma de luchar contra la desmotivación es estableciéndome nuevos retos que me obliguen físicamente, mentalmente e incluso que apuren mi voluntad. Así, he comenzado mi plan anti astemia modificando e incluyendo nuevos hábitos y rutinas en mi día a día.

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  1. Ejercicio diario. Alentada también por la famosa operación bikini, para que no me pille como siempre en ‘bragas’, he vuelto a subirme de nuevo a la bicicleta, aunque he de reconocer que estos reencuentros no suele ser del todo buenos, al menos al principio. Media hora diaria, de momento y hasta coger el ritmo. Además, un día a la semana voy a probar con el ‘Pilates’, ya os contaré en otro momento qué tal.
  2. Ducha Nocturna. La practica de actividad física tras la jornada laboral, implica que obligatoriamente hay que pasar por agua antes de ponerse el pijama -aunque por la mañana repita, pues soy de las que no sabe salir de casa sin pasar por la ducha-. Corta, con agua caliente y que finaliza con la rutina facial de noches relaja lo suficiente para encarar una velada satisfactoria para el descanso.
  3. Lectura en la cama. He recuperado el hábito de leer para coger el sueño, lo que consigue desestresarme considerablemente.
  4. Madrugar. Al amanecer antes también apetece salir antes de la cama, lo que en mi caso me ayuda a estar más activa durante la mañana.
  5. Alimentación ligera y saludable. Lo que también ayuda para ponerse a punto para el verano. Mucha fruta, verdura, agua y alimentos bajos en grasas para combatir el cansancio.
  6.  Volvemos a estudiar. Pero como he dicho, no sólo entreno mi cuerpo y mi voluntad, sino también intento hacerlo con mi mente. Para ello comienzo con mis clases de inglés, en este caso tutorizada y asesorada por una amiga, para examinarme del B2 lo antes posible. Aspiraciones que una deja atrás y que siempre es interesante retomar.

Estos son mis recursos, no son ciencia, pero a mí me funcionan. ¡Suerte con la Primavera!

Al Norte por el Noroeste (North by Northwest)

Ésta tenía que ser una escapada al sur, paradójicamente; pero la enfermedad nos ha tenido en casa todo el fin de semana, con lo que nuestros planes de viajecito romántico a Granada se han visto suspendidos y aplazados, en todo caso, para otra ocasión. Tengo que decir que, pese a todo, no nos lo hemos montado mal del todo en casa: mucho cine, manta, sofá, pijama, buena comida y lectura. Unos días de desconexión y relax que si no fuera por la tos y la fiebre no habrían estado del todo mal. Pero en fin, parece que está así media España, con lo que mal de muchos…

Sin embargo, buceando y ordenando fotos en mis discos duros han aparecido unas fotografías de una escapada navideña que hacíamos al norte a visitar a unos amigos y como las fechas acompañan para hablar de viajes relámpago, he pensado que era un buen momento para compartir.

Salíamos un viernes por la mañana dirección Oviedo, pero como suele ser habitual en nuestras rutas, con parada obligada en Madrid para disfrutar del buen ambiente nocturno y de algún paseo mañanero, sin tiempo de más, pero con eso nos basta. Cogimos un hotel en el centro para evitar desplazamientos y después de dejar el equipaje y ducharnos salimos a tomar unos vinos por el casco histórico de la ciudad, con recorrido por la Puerta de Sol y la Plaza Mayor, que en Navidad, pese al tumulto, tienen un encanto especial. Y puedo asegurar que lo pasamos bastante bien y descubrimos algún que otro vino blanco para sumar a nuestra lista de favoritos. Por la mañana, desayuno tranquilo al sol, un par de paradas técnicas de shopping y carretera al norte.

Sabíamos que íbamos a Asturias y que obviamente el paisaje sería verde, pero no imaginamos cuanto… La sorpresa fue mayúscula al ver el lugar en el que se alojaban nuestros anfitriones. Aunque también tengo que decir que hay que ser valiente, audaz e intrépido para alcanzarlo, y digo alcanzarlo literalmente. Ni el Google Maps detectaba la ubicación. Una preciosa casa de madera arriba de un empinadísimo y estrechísimo camino que aún no sé cómo conseguimos completar… Aunque teníais que ver cómo lo bajaban los foráneos. Estas fueron nuestras vistas al llegar…

Si me hubieran dicho que describiese el paraíso, probablemente lo huera hecho así. Sin embargo, aún me quedaba mucho por ver, aunque parezca mentira. Nuestros anfitriones: Alex, Ana y Pelayo hicieron de ésta una estancia inolvidable. Nos recibieron con cerveza fría, vino, rock, ostras y este fantástico atardecer.

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Además de una estupenda velada entre amigos con semejantes manjares.

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Y amanecer y anochecer allí era un auténtico sueño…

Aprovechamos la escapada para visitar de forma exprés Oviedo y Gijón donde disfrutamos del mar, bebimos sidra, comimos fabada (por supuesto) y compramos moscovitas y carbayones en la Confitería Rialto, todo como auténticos turistas.

Sin embargo, nada hubiese sido lo mismo sin la amabilidad, la entrega y la hospitalidad de nuestra ‘familia’ asturiana. Chicos, esta es mi forma de daros las gracias. ¡Un beso a los tres!

Y el lunes por la mañana, carretera y manta y de vuelta a casa.

La vida que no fue

IMG_4019Andaba yo reflexionando estos días sobre qué es ser mujer, intentando la difícil tarea de alejarme de tópicos y estereotipos. Pero es prácticamente imposible. Del ‘me gusta ser mujer’ de Ausonia, simbólicamente coincidiendo con la entrada en el siglo XXI, a la recurrente queja de ¿por qué es tan difícil ser mujer?, fruto de una sociedad tristemente machista, van una serie de afirmaciones que la mayoría hemos repetido en una u otra circunstancia, siendo reflejo de nuestro caótico estado de ánimo por las contradicciones, paradojas y dicotomías que se dan en nuestro género.

Esta antítesis femenina que planteaba racionalmente se reflejaba en ciertas circunstancias que me tocaba vivir, o sufrir. Si hace unas semanas pretendía que éste fuera un artículo que sirviera para anunciar una buena noticia; el mismo, se ha tornado en lo contrario. Incluso debo confesar que he tenido mis dudas sobre si escribir o no de este acontecimiento. Sin embargo, después de pensarlo mucho he creído oportuno compartir también con vosotros el lado menos bonito de las cosas, alejándome así del mundo blogger de color de rosa que obvia el sufrimiento que supone vivir o esconde las dificultades de una vida real detrás de problemas como qué tono de blanco elijo para mi salón. Yo, que suelo aprovechar esta contra para compartir algunas situaciones y reflexiones cómicas y divertidas, como todo el mundo, resisto los sinsabores que el destino nos depara.

No importa que te pille por sorpresa o que lleves tiempo intentándolo, cuando el test de embarazo da positivo una ya se siente madre de la aceituna, la nuez o la lentejita que lleva dentro, según los términos propios de los libros sobre maternidad que en las últimas semanas ocupaban mi mesita de noche. El 4 de Febrero, coincidiendo con el nacimiento de mi segunda sobrina, Manuela, nosotros recibíamos la noticia de que nos convertiríamos en padres en el mes de octubre. El asombro no fue pequeño, y la ansiedad y la incertidumbre que se apoderaron de mí tampoco. Desde ese mismo instante comencé a sentir miedo de todo, de que le pasara algo a él, de que me pasara algo a mí, de que no supiera o no pudiera hacer bien las cosas, de comer algo que no debía, de hacer esfuerzos perjudiciales, de que el estrés afectase al embrión, de sufrir los síntomas, de que estos no se presentasen… Así que empiezas una interminable ruta de consulta en consulta preocupada de que todo salga bien. Eres consciente de que hay riesgos y complicaciones, pero como con tantas otras en la vida, piensas que no te va a tocar a ti. Por lo que decides, dejarte llevar y ser feliz; preocupada pero feliz. Intentas mantener la calma, te contienes y evitas no comprar nada, te dices a ti misma: “al menos hasta los tres meses”. Sin embargo, en algo siempre pecas.

Y de repente, un día en una ecografía descubres que su corazón no late, que ya no eres mamá de lentejita. Tus miedos, se hacen realidad. Te dices una y otra vez a ti misma que eso podía pasar, pero nada te consuela. Te culpas incluso; aunque todo el mundo te diga que ha sido algo natural. Repasas en tu cabeza qué has podido hacer mal y en qué te has equivocado. Intentas consolar al papá de lentejita, que naturalmente pasa por lo mismo que tú, pero te sientes sin fuerzas ni siquiera para hablar. Todo te parece un mal sueño, incluso empiezas a pensar que nunca ocurrió, y vuelve el miedo a que se pudiera repetir. Descubres además en este proceso que no has sido la única, que son muchas las mujeres que han vivido la experiencia, pero pocas lo comparten. Yo, creo que lo hago por terapia, para exteriorizar el vacío que queda y que he sido incapaz de articular en palabras.

Está claro que ser mujer es mucho más que ser madre, pero éste puede ser un buen ejemplo de lo que supone –o así lo sentí y lo siento yo –la contrariedad de ser feliz por algo que por otro lado entraña cierto riesgo y/o dificultad.

Pero no os preocupéis, esto también pasará.

 

Planes de fin de semana

Me encantan los fines de semana. ¿Y a quién no? Y eso que también disfruto de los días laborables, o lo intento, ya que por lo general me gusta mi trabajo; salvo cuando el estrés y el agobio superan a mi amor por el periodismo. Y es que si la semana ha sido dura, los últimos días llegas agonizando al sábado esperando encontrar algunas horas libres, entre adelanto de tareas y quehaceres domésticos, para disfrutar de hacer lo que a uno le gusta o, simplemente, de no hacer nada. El plan de sofá y manta se está convirtiendo en uno de mis favoritos para el weekend. Si por el contrario alcanzas el viernes con un nivel aceptable de trabajo, soy fan total de regocijarse y relamerse en ese relajo y adelantar el fin de semana unas horas saliendo a comer después de la jornada laboral con un improvisado tapeo y dejando que la tarde derive en lo que se presente: cine, compras o paseo por la ciudad. Eso sí, la vuelta a casa pronto porque por light que haya sido la semana el cuerpo necesita descanso, bien con una cena rápida antes de la recogida o, si no apetece, algo ligero ya en la propia cocina.IMG_8012

Si para casi todo, como creo que ya he comentado en alguna ocasión, suelo ser bastante metódica; en mis planes de fin de semana me gusta que la improvisación reine, muchas veces porque la falta de tiempo me impide preparar y organizar algo o, sencillamente, porque me gustan las sorpresas. Que al levantarnos el mismo viernes a las siete de la mañana, con la legaña aún en el ojo, te propongan… ¿Cogemos las maletas después de comer y nos ‘piramos’ a Madrid? Eso sí que no tiene precio. Consigue que el día tenga un sabor especial. Escapadas que no tienen un destino exótico, pero el simple hecho de salir de la rutina, visitar sitios nuevos, salir de casa, ir a un hotel y que “te lo hagan todo” –como suelen decir –, desayunos a las once de la mañana, tapas y cañas al sol y largos paseos por el lugar, sin preocupación de horarios… ¡Eso es vida! Uno de nuestros viajes más recurrentes suele ser a Madrid, es una ciudad de la que nunca me canso, pese a haber vivido cinco años allí mientras estudiaba la carrera, siempre hay algo interesante que hacer en la capital.

Al salir después de mediodía no solemos llegar antes de las ocho de la tarde, con lo que ponemos rumbo directo al hotel, siempre elegido por el centro para poder disfrutar de la ciudad a pie; eso sí tras ubicar el vehículo en el aparcamiento, donde permanecerá todo el fin de semana. Una vez en el mismo, y después de colocar mínimamente las maletas, ducha rápida y acondicionamiento básico para disfrutar de la noche madrileña. ¡Me encanta! En nuestro caso, somos más aficionados a las rutas por diferentes establecimientos probando tapa y vino por restaurante, que a las copiosas y largas cenas de mesa y mantel, no sólo por mantener la línea, sino porque es más divertido y te deja curiosear en diferentes sitios. En nuestra última visita descubrimos un bonito local en la zona de Sol que se llamaba ‘Serafina’ en el que disfrutamos de buen ambiente, comida, bebida y conversación. ¡Lo recomiendo! Además, así ‘a lo tonto, tonto’ llegas medio borracho al hotel después de conocer media docena de bares, y coges la cama con un gusto 😉

El sábado por la mañana, tras levantarse, sin prisa, y desayunar convenientemente al sol de alguna plaza madrileña, si el tiempo lo permite, dedicamos un ratito a las compras. Comida en alguno de sus barrios más castizos, solemos decantarnos por el de las letras, donde también aprovechamos para un buen café y visita, casi siempre obligada, al Prado. Por la noche, intentamos reservar entradas en algún espectáculo que tenga buena pinta y cena rápida en El Espacio Gourmet de El Corte Inglés de Callao. Me gustan las vistas nocturnas desde allí. Ya en el hotel de vuelta, me reservo los planes…

El domingo dedicamos la mañana a largos paseos por el Retiro y a una hora prudente toca retirada, con comida haciendo parada de vuelta y así estamos en Murcia a tiempo de disfrutar un ratito del hogar.

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¿Os hace este fin de semana? ¡Que la fuerza os acompañe!

Cuidados de mañana

FullSizeRender.jpgSi lo último que hago antes de irme a la cama es limpiar y tratar mi piel, además de lavarme los dientes; al despertar, lo primero es ducha y rutina de cuidados faciales. Nuevamente, el paso inicial pasa por la limpieza, sólo que ahora es menos intensiva, ya que no tenemos restos de maquillaje y contaminación como ocurre por la noche. Así, aplico nuevamente el ‘Perfectly Clean’ de Estée Lauder, un gel jabonoso que huele muy bien y deja la piel muy suave y se retira con agua. Dos veces por semana, en vez de éste, utilizo un producto de La Prairie que además de limpiar es exfoliante. Hay muchas personas que utilizan este tipo de limpiadores a diario, pero a mí no me gusta abusar ya que son más agresivos para la piel.

Tras el lavado, toallita y aplicamos el tónico de Sisley que deja una sensación de suavidad en la piel que me encanta. Y es el momento de la iluminación e hidratación. En primer lugar, utilizo un sérum de Chanel muy ligero (que incluye otro de noche y de fin de semana) ‘Le Jour de Chanel’ que deja una textura muy gustosa en la piel y un aspecto que no apetece maquillarse. Después la crema y el contorno de ojos (que ya presenté en el post de los cuidados de noche) de ‘Le Lift’ de Chanel. He probado varios y de momento son los que más me gustan por la hidratación que proporcionan sin dejar brillos ni ser demasiado pastosos.

Desde hace algún tiempo no salgo de casa sin protección solar en la cara, ya sea verano o invierno. La última crema que he probado es sin duda la que más me gusta de todas las que he usado, porque la mayoría suelen ser muy untuosas y grasientas, sin embargo esta me convence bastante: ‘Ultra Light Daily UV Defense’ de Kiehl´s con un factor de protección de 50.

Ahora sería el momento del maquillaje, pero cuando no me apetece mucho y no tengo citas importantes, o simplemente es fin de semana y me quedo en casa utilizo una CCCream de Lancôme ‘City Miracle’ que cubre bastante bien pese a ser muy ligera, dejando una sensación de buena cara, sin ir maquillada. Esto lo utilizo con un poco de colorete y rímel y deja un aspecto estupendo.

Temporada Champions

“¿Por qué, por qué, los domingos por el fútbol me abandonas?”, que cantaba Rita Pavone allá por los sesenta en ‘El Partido de Fútbol’. No sabía ella aún que la práctica televisada de este deporte, con lo años, no se limitaría sólo a los fines de semana. Canción ésta que, por cierto, fue la primera y la única que he escuchado cantar a mi abuela en sus 93 años de vida. Y eso que a mi abuelo, además de ser un santo varón, jamás le gustó el fútbol; y ésta (mi abuela) nunca fue de muchas fiestas. Pero el mensaje caló en la sociedad de aquella época, que vivía el fútbol como un cisma entre hombres y mujeres, y aún hoy día protagoniza muchas de las riñas de pareja más típicas.

Y es que las diversas competiciones deportivas se acumulan en la parrilla televisiva durante toda la semana. A la Liga se suman la Copa del Rey, la Champions, la UEFA Europa League, la Súper Copa de Europa, el Mundialito de Clubes, y para los amantes de la Selección, también, la Eurocopa y el Mundial. No crean que yo soy una experta en la materia, pero siendo una mujer práctica, una ha aprendido a hacer sus planes semanales en función de los partidos que tocan, por lo que es importante tenerlos controlados. Así, en primer lugar, evito los cabreos y, además, aprovecho esas horas muertas. Lejos quedaron los disgustos con mi padre por el mando. Bien es verdad, que con los años también he perdido afición por la tele y que sólo en contadas ocasiones y si ‘echan’ alguna peli buena o porque me he enganchado a otra serie americana disfruto de su contemplación, lo que me da ventaja. Sin embargo, reconozco que ésta es una problemática que se da muy a menudo en las familias, bien porque sólo hay una televisión en casa (como es mi caso) y, aunque hay excepciones, las mujeres no somos muy de fútbol; o bien, porque nosotras teníamos otra intención para la velada. Pero yo hace tiempo que me di cuenta que ésta era una batalla perdida viviendo con un ‘devoto’ del Real Madrid, por lo que en mi planning semanal incluyo estos acontecimientos como tiempo para ‘mis cosas’, que pueden ser desde escribir estos artículos, leer, o planchar, a tomar algo con una amiga, salir de compras o poner mi manicura a punto. 

Atrás quedan ya aquellas tardes en las que el romance comenzaba y acompañaba gustosa a ‘mi madridista’ en los partidos por verlo disfrutar… Seguro que a muchas os suena. Si bien, las cosas han cambiado, puedo decir que ninguno hemos sufrido demasiado en el proceso, pues él tiene libertad plena para disfrutar de su afición y yo, gano tiempo ‘de descuento’ para mis quehaceres, con lo que sobrellevamos bastante bien la ‘Temporada Champions’. Sin injerencias, sin disgustos. Puedo decir que para mí, el único fastidio se limita a algún que otro ‘jaleo’ inesperado durante los 90 minutos. Y creanme señoras que ganar una hora y media para sí misma una o dos veces por semana, compensa pagar el ‘Plus’.

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Tanto es así, que tras superar esta primera etapa he aprendido a rentabilidad sus salidas a ver al equipo, sumándome a la expedición y preparando escapadas rápidas allí donde fuese el partido. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Incluso aunque esto implique viajar a Portugal en coche para la final de la Champions 2014, en la que se enfrentaban el Real MadridAtlético de Madrid, con una caravana de hinchas del equipo blanco desde la capital hasta Lisboa, con parada estratégica en Salamanca para comer en una peña madridista… ¡Imagínense! Pero el amor, todo lo puede. Bueno, el amor y los dos fantásticos días que me ‘pegué’ visitando Lisboa. Tal fue la experiencia, que ya estamos cruzando ambos los dedos para que el Madrid llegué a la final y conocer Milán en Mayo. Aunque por si no hubiera suerte, estaremos atentos a los destinos y fechas para cuartos y ‘semis’.