Al Norte por el Noroeste (North by Northwest)

Ésta tenía que ser una escapada al sur, paradójicamente; pero la enfermedad nos ha tenido en casa todo el fin de semana, con lo que nuestros planes de viajecito romántico a Granada se han visto suspendidos y aplazados, en todo caso, para otra ocasión. Tengo que decir que, pese a todo, no nos lo hemos montado mal del todo en casa: mucho cine, manta, sofá, pijama, buena comida y lectura. Unos días de desconexión y relax que si no fuera por la tos y la fiebre no habrían estado del todo mal. Pero en fin, parece que está así media España, con lo que mal de muchos…

Sin embargo, buceando y ordenando fotos en mis discos duros han aparecido unas fotografías de una escapada navideña que hacíamos al norte a visitar a unos amigos y como las fechas acompañan para hablar de viajes relámpago, he pensado que era un buen momento para compartir.

Salíamos un viernes por la mañana dirección Oviedo, pero como suele ser habitual en nuestras rutas, con parada obligada en Madrid para disfrutar del buen ambiente nocturno y de algún paseo mañanero, sin tiempo de más, pero con eso nos basta. Cogimos un hotel en el centro para evitar desplazamientos y después de dejar el equipaje y ducharnos salimos a tomar unos vinos por el casco histórico de la ciudad, con recorrido por la Puerta de Sol y la Plaza Mayor, que en Navidad, pese al tumulto, tienen un encanto especial. Y puedo asegurar que lo pasamos bastante bien y descubrimos algún que otro vino blanco para sumar a nuestra lista de favoritos. Por la mañana, desayuno tranquilo al sol, un par de paradas técnicas de shopping y carretera al norte.

Sabíamos que íbamos a Asturias y que obviamente el paisaje sería verde, pero no imaginamos cuanto… La sorpresa fue mayúscula al ver el lugar en el que se alojaban nuestros anfitriones. Aunque también tengo que decir que hay que ser valiente, audaz e intrépido para alcanzarlo, y digo alcanzarlo literalmente. Ni el Google Maps detectaba la ubicación. Una preciosa casa de madera arriba de un empinadísimo y estrechísimo camino que aún no sé cómo conseguimos completar… Aunque teníais que ver cómo lo bajaban los foráneos. Estas fueron nuestras vistas al llegar…

Si me hubieran dicho que describiese el paraíso, probablemente lo huera hecho así. Sin embargo, aún me quedaba mucho por ver, aunque parezca mentira. Nuestros anfitriones: Alex, Ana y Pelayo hicieron de ésta una estancia inolvidable. Nos recibieron con cerveza fría, vino, rock, ostras y este fantástico atardecer.

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Además de una estupenda velada entre amigos con semejantes manjares.

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Y amanecer y anochecer allí era un auténtico sueño…

Aprovechamos la escapada para visitar de forma exprés Oviedo y Gijón donde disfrutamos del mar, bebimos sidra, comimos fabada (por supuesto) y compramos moscovitas y carbayones en la Confitería Rialto, todo como auténticos turistas.

Sin embargo, nada hubiese sido lo mismo sin la amabilidad, la entrega y la hospitalidad de nuestra ‘familia’ asturiana. Chicos, esta es mi forma de daros las gracias. ¡Un beso a los tres!

Y el lunes por la mañana, carretera y manta y de vuelta a casa.

La vida que no fue

IMG_4019Andaba yo reflexionando estos días sobre qué es ser mujer, intentando la difícil tarea de alejarme de tópicos y estereotipos. Pero es prácticamente imposible. Del ‘me gusta ser mujer’ de Ausonia, simbólicamente coincidiendo con la entrada en el siglo XXI, a la recurrente queja de ¿por qué es tan difícil ser mujer?, fruto de una sociedad tristemente machista, van una serie de afirmaciones que la mayoría hemos repetido en una u otra circunstancia, siendo reflejo de nuestro caótico estado de ánimo por las contradicciones, paradojas y dicotomías que se dan en nuestro género.

Esta antítesis femenina que planteaba racionalmente se reflejaba en ciertas circunstancias que me tocaba vivir, o sufrir. Si hace unas semanas pretendía que éste fuera un artículo que sirviera para anunciar una buena noticia; el mismo, se ha tornado en lo contrario. Incluso debo confesar que he tenido mis dudas sobre si escribir o no de este acontecimiento. Sin embargo, después de pensarlo mucho he creído oportuno compartir también con vosotros el lado menos bonito de las cosas, alejándome así del mundo blogger de color de rosa que obvia el sufrimiento que supone vivir o esconde las dificultades de una vida real detrás de problemas como qué tono de blanco elijo para mi salón. Yo, que suelo aprovechar esta contra para compartir algunas situaciones y reflexiones cómicas y divertidas, como todo el mundo, resisto los sinsabores que el destino nos depara.

No importa que te pille por sorpresa o que lleves tiempo intentándolo, cuando el test de embarazo da positivo una ya se siente madre de la aceituna, la nuez o la lentejita que lleva dentro, según los términos propios de los libros sobre maternidad que en las últimas semanas ocupaban mi mesita de noche. El 4 de Febrero, coincidiendo con el nacimiento de mi segunda sobrina, Manuela, nosotros recibíamos la noticia de que nos convertiríamos en padres en el mes de octubre. El asombro no fue pequeño, y la ansiedad y la incertidumbre que se apoderaron de mí tampoco. Desde ese mismo instante comencé a sentir miedo de todo, de que le pasara algo a él, de que me pasara algo a mí, de que no supiera o no pudiera hacer bien las cosas, de comer algo que no debía, de hacer esfuerzos perjudiciales, de que el estrés afectase al embrión, de sufrir los síntomas, de que estos no se presentasen… Así que empiezas una interminable ruta de consulta en consulta preocupada de que todo salga bien. Eres consciente de que hay riesgos y complicaciones, pero como con tantas otras en la vida, piensas que no te va a tocar a ti. Por lo que decides, dejarte llevar y ser feliz; preocupada pero feliz. Intentas mantener la calma, te contienes y evitas no comprar nada, te dices a ti misma: “al menos hasta los tres meses”. Sin embargo, en algo siempre pecas.

Y de repente, un día en una ecografía descubres que su corazón no late, que ya no eres mamá de lentejita. Tus miedos, se hacen realidad. Te dices una y otra vez a ti misma que eso podía pasar, pero nada te consuela. Te culpas incluso; aunque todo el mundo te diga que ha sido algo natural. Repasas en tu cabeza qué has podido hacer mal y en qué te has equivocado. Intentas consolar al papá de lentejita, que naturalmente pasa por lo mismo que tú, pero te sientes sin fuerzas ni siquiera para hablar. Todo te parece un mal sueño, incluso empiezas a pensar que nunca ocurrió, y vuelve el miedo a que se pudiera repetir. Descubres además en este proceso que no has sido la única, que son muchas las mujeres que han vivido la experiencia, pero pocas lo comparten. Yo, creo que lo hago por terapia, para exteriorizar el vacío que queda y que he sido incapaz de articular en palabras.

Está claro que ser mujer es mucho más que ser madre, pero éste puede ser un buen ejemplo de lo que supone –o así lo sentí y lo siento yo –la contrariedad de ser feliz por algo que por otro lado entraña cierto riesgo y/o dificultad.

Pero no os preocupéis, esto también pasará.

 

Planes de fin de semana

Me encantan los fines de semana. ¿Y a quién no? Y eso que también disfruto de los días laborables, o lo intento, ya que por lo general me gusta mi trabajo; salvo cuando el estrés y el agobio superan a mi amor por el periodismo. Y es que si la semana ha sido dura, los últimos días llegas agonizando al sábado esperando encontrar algunas horas libres, entre adelanto de tareas y quehaceres domésticos, para disfrutar de hacer lo que a uno le gusta o, simplemente, de no hacer nada. El plan de sofá y manta se está convirtiendo en uno de mis favoritos para el weekend. Si por el contrario alcanzas el viernes con un nivel aceptable de trabajo, soy fan total de regocijarse y relamerse en ese relajo y adelantar el fin de semana unas horas saliendo a comer después de la jornada laboral con un improvisado tapeo y dejando que la tarde derive en lo que se presente: cine, compras o paseo por la ciudad. Eso sí, la vuelta a casa pronto porque por light que haya sido la semana el cuerpo necesita descanso, bien con una cena rápida antes de la recogida o, si no apetece, algo ligero ya en la propia cocina.IMG_8012

Si para casi todo, como creo que ya he comentado en alguna ocasión, suelo ser bastante metódica; en mis planes de fin de semana me gusta que la improvisación reine, muchas veces porque la falta de tiempo me impide preparar y organizar algo o, sencillamente, porque me gustan las sorpresas. Que al levantarnos el mismo viernes a las siete de la mañana, con la legaña aún en el ojo, te propongan… ¿Cogemos las maletas después de comer y nos ‘piramos’ a Madrid? Eso sí que no tiene precio. Consigue que el día tenga un sabor especial. Escapadas que no tienen un destino exótico, pero el simple hecho de salir de la rutina, visitar sitios nuevos, salir de casa, ir a un hotel y que “te lo hagan todo” –como suelen decir –, desayunos a las once de la mañana, tapas y cañas al sol y largos paseos por el lugar, sin preocupación de horarios… ¡Eso es vida! Uno de nuestros viajes más recurrentes suele ser a Madrid, es una ciudad de la que nunca me canso, pese a haber vivido cinco años allí mientras estudiaba la carrera, siempre hay algo interesante que hacer en la capital.

Al salir después de mediodía no solemos llegar antes de las ocho de la tarde, con lo que ponemos rumbo directo al hotel, siempre elegido por el centro para poder disfrutar de la ciudad a pie; eso sí tras ubicar el vehículo en el aparcamiento, donde permanecerá todo el fin de semana. Una vez en el mismo, y después de colocar mínimamente las maletas, ducha rápida y acondicionamiento básico para disfrutar de la noche madrileña. ¡Me encanta! En nuestro caso, somos más aficionados a las rutas por diferentes establecimientos probando tapa y vino por restaurante, que a las copiosas y largas cenas de mesa y mantel, no sólo por mantener la línea, sino porque es más divertido y te deja curiosear en diferentes sitios. En nuestra última visita descubrimos un bonito local en la zona de Sol que se llamaba ‘Serafina’ en el que disfrutamos de buen ambiente, comida, bebida y conversación. ¡Lo recomiendo! Además, así ‘a lo tonto, tonto’ llegas medio borracho al hotel después de conocer media docena de bares, y coges la cama con un gusto 😉

El sábado por la mañana, tras levantarse, sin prisa, y desayunar convenientemente al sol de alguna plaza madrileña, si el tiempo lo permite, dedicamos un ratito a las compras. Comida en alguno de sus barrios más castizos, solemos decantarnos por el de las letras, donde también aprovechamos para un buen café y visita, casi siempre obligada, al Prado. Por la noche, intentamos reservar entradas en algún espectáculo que tenga buena pinta y cena rápida en El Espacio Gourmet de El Corte Inglés de Callao. Me gustan las vistas nocturnas desde allí. Ya en el hotel de vuelta, me reservo los planes…

El domingo dedicamos la mañana a largos paseos por el Retiro y a una hora prudente toca retirada, con comida haciendo parada de vuelta y así estamos en Murcia a tiempo de disfrutar un ratito del hogar.

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¿Os hace este fin de semana? ¡Que la fuerza os acompañe!

Cuidados de mañana

FullSizeRender.jpgSi lo último que hago antes de irme a la cama es limpiar y tratar mi piel, además de lavarme los dientes; al despertar, lo primero es ducha y rutina de cuidados faciales. Nuevamente, el paso inicial pasa por la limpieza, sólo que ahora es menos intensiva, ya que no tenemos restos de maquillaje y contaminación como ocurre por la noche. Así, aplico nuevamente el ‘Perfectly Clean’ de Estée Lauder, un gel jabonoso que huele muy bien y deja la piel muy suave y se retira con agua. Dos veces por semana, en vez de éste, utilizo un producto de La Prairie que además de limpiar es exfoliante. Hay muchas personas que utilizan este tipo de limpiadores a diario, pero a mí no me gusta abusar ya que son más agresivos para la piel.

Tras el lavado, toallita y aplicamos el tónico de Sisley que deja una sensación de suavidad en la piel que me encanta. Y es el momento de la iluminación e hidratación. En primer lugar, utilizo un sérum de Chanel muy ligero (que incluye otro de noche y de fin de semana) ‘Le Jour de Chanel’ que deja una textura muy gustosa en la piel y un aspecto que no apetece maquillarse. Después la crema y el contorno de ojos (que ya presenté en el post de los cuidados de noche) de ‘Le Lift’ de Chanel. He probado varios y de momento son los que más me gustan por la hidratación que proporcionan sin dejar brillos ni ser demasiado pastosos.

Desde hace algún tiempo no salgo de casa sin protección solar en la cara, ya sea verano o invierno. La última crema que he probado es sin duda la que más me gusta de todas las que he usado, porque la mayoría suelen ser muy untuosas y grasientas, sin embargo esta me convence bastante: ‘Ultra Light Daily UV Defense’ de Kiehl´s con un factor de protección de 50.

Ahora sería el momento del maquillaje, pero cuando no me apetece mucho y no tengo citas importantes, o simplemente es fin de semana y me quedo en casa utilizo una CCCream de Lancôme ‘City Miracle’ que cubre bastante bien pese a ser muy ligera, dejando una sensación de buena cara, sin ir maquillada. Esto lo utilizo con un poco de colorete y rímel y deja un aspecto estupendo.

Temporada Champions

“¿Por qué, por qué, los domingos por el fútbol me abandonas?”, que cantaba Rita Pavone allá por los sesenta en ‘El Partido de Fútbol’. No sabía ella aún que la práctica televisada de este deporte, con lo años, no se limitaría sólo a los fines de semana. Canción ésta que, por cierto, fue la primera y la única que he escuchado cantar a mi abuela en sus 93 años de vida. Y eso que a mi abuelo, además de ser un santo varón, jamás le gustó el fútbol; y ésta (mi abuela) nunca fue de muchas fiestas. Pero el mensaje caló en la sociedad de aquella época, que vivía el fútbol como un cisma entre hombres y mujeres, y aún hoy día protagoniza muchas de las riñas de pareja más típicas.

Y es que las diversas competiciones deportivas se acumulan en la parrilla televisiva durante toda la semana. A la Liga se suman la Copa del Rey, la Champions, la UEFA Europa League, la Súper Copa de Europa, el Mundialito de Clubes, y para los amantes de la Selección, también, la Eurocopa y el Mundial. No crean que yo soy una experta en la materia, pero siendo una mujer práctica, una ha aprendido a hacer sus planes semanales en función de los partidos que tocan, por lo que es importante tenerlos controlados. Así, en primer lugar, evito los cabreos y, además, aprovecho esas horas muertas. Lejos quedaron los disgustos con mi padre por el mando. Bien es verdad, que con los años también he perdido afición por la tele y que sólo en contadas ocasiones y si ‘echan’ alguna peli buena o porque me he enganchado a otra serie americana disfruto de su contemplación, lo que me da ventaja. Sin embargo, reconozco que ésta es una problemática que se da muy a menudo en las familias, bien porque sólo hay una televisión en casa (como es mi caso) y, aunque hay excepciones, las mujeres no somos muy de fútbol; o bien, porque nosotras teníamos otra intención para la velada. Pero yo hace tiempo que me di cuenta que ésta era una batalla perdida viviendo con un ‘devoto’ del Real Madrid, por lo que en mi planning semanal incluyo estos acontecimientos como tiempo para ‘mis cosas’, que pueden ser desde escribir estos artículos, leer, o planchar, a tomar algo con una amiga, salir de compras o poner mi manicura a punto. 

Atrás quedan ya aquellas tardes en las que el romance comenzaba y acompañaba gustosa a ‘mi madridista’ en los partidos por verlo disfrutar… Seguro que a muchas os suena. Si bien, las cosas han cambiado, puedo decir que ninguno hemos sufrido demasiado en el proceso, pues él tiene libertad plena para disfrutar de su afición y yo, gano tiempo ‘de descuento’ para mis quehaceres, con lo que sobrellevamos bastante bien la ‘Temporada Champions’. Sin injerencias, sin disgustos. Puedo decir que para mí, el único fastidio se limita a algún que otro ‘jaleo’ inesperado durante los 90 minutos. Y creanme señoras que ganar una hora y media para sí misma una o dos veces por semana, compensa pagar el ‘Plus’.

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Tanto es así, que tras superar esta primera etapa he aprendido a rentabilidad sus salidas a ver al equipo, sumándome a la expedición y preparando escapadas rápidas allí donde fuese el partido. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Incluso aunque esto implique viajar a Portugal en coche para la final de la Champions 2014, en la que se enfrentaban el Real MadridAtlético de Madrid, con una caravana de hinchas del equipo blanco desde la capital hasta Lisboa, con parada estratégica en Salamanca para comer en una peña madridista… ¡Imagínense! Pero el amor, todo lo puede. Bueno, el amor y los dos fantásticos días que me ‘pegué’ visitando Lisboa. Tal fue la experiencia, que ya estamos cruzando ambos los dedos para que el Madrid llegué a la final y conocer Milán en Mayo. Aunque por si no hubiera suerte, estaremos atentos a los destinos y fechas para cuartos y ‘semis’.

Como navajas suizas

MujeresObservo a las mujeres de mi generación, y me observo a mí misma, y me doy cuenta que la evolución nos ha convertido en algo bien parecido a las multiusos o navajas suizas. La adaptación femenina al entorno social ha culminado en un ejemplar camaleónico, multidisciplinar, altamente preparado, siempre ocupado y, por consiguiente, profundamente estresado. Históricamente no sólo hemos tenido que igualar al hombre, sino superarlo para merecer el mismo reconocimiento en determinados contextos. Y este nivel de auto exigencia mantenido en los años ha provocado serios trastornos en nuestro género. No digo que esto sea del todo negativo, pues el nivel de competencia en cada vez más áreas nos hace un rival fuerte en el mundo profesional. Pero también me doy cuenta que mal llevado o comprendido puede degenerar en frustración y ansiedad. Ésta última es la dolencia femenina por excelencia del siglo XXI.

Y es que, poniendo por ejemplo, mi rutina diaria; que imagino que será muy parecida a la del resto de mi género; me levanto a las siete de la mañana y sin prácticamente dar los buenos días, me meto en la ducha con el único anhelo de conseguir abrir los ojos del todo. Después, y si hacemos caso a todas las recomendaciones de revistas y blogueras para además de competentes mantenernos guapas y tersas, comienza la rutina de cuidados empezando por la crema corporal, limpieza facial y maquillaje, y el posterior secado y planchado de pelo. Una vez abandonamos el cuartel general que es nuestro baño, corriendo a la habitación para hacer la cama, vestirse y colocar la ropa. Incluso hoy, por ejemplo, y antes ni siquiera de desayunar, ya había puesto dos lavadoras, tendido las sábanas que iban en una de ellas y puesto otra secadora. Llega el momento de preparar el desayuno, con tostadas y zumo natural todos los días, vamos como en los hoteles. Cinco minutos para degustarlo, y a fregar los platos antes de marchar.

Todo esto en el mejor de los casos, y que no tengas que equipar también a los pequeños de la casa.

Y tras esta yincana a la que nos enfrentamos cada mañana durante hora y media, hay que irse a trabajar. ¡Como si ya no hubiéramos sudado bastante! Aunque realmente para muchas, y pese al estrés y las complicaciones del trabajo, estas horas en la oficina a veces resultan un remanso de paz comparadas con las trincheras de los hogares con mucha familia. A la vuelta, parada en el súper, en doble fila y con los cuatro intermitentes, rezando para que no te multen, para comprar. Cocinar, comer y fregar en un espacio de hora y media (como mucho) y vuelta al curro, porque hoy con un sueldo de media jornada no da para vivir. Y es que antes al menos, cuando una trabajaba por encima de sus posibilidades al menos el sueldo le daba para tener ayuda en casa; pero ahora dos horas a la semana y porque es la única forma de sobrevivir.

Pero no crean que todo termina al cierre de la jornada laboral. Cuando estamos de vuelta, no sólo hay que finalizar las tareas domésticas y preparar la cena, sino que hay que sacar tiempo para ir a pilates o yoga, pues es lo que está de moda, consultar las páginas sobre tendencias para estar a la última, tuitear, cambiar el estado en Facebook, compartir una foto en Instagram y postear en tu blog personal. Una vez hemos cumplido con nuestra actividad social virtual, es el momento del ponerse el pijama, desmaquillarse y tumbarse en el sofá esperando no contar con ninguna tarea más en la lista de pendientes, cosa poco realista, ya que, al menos en mi caso, resulta imposible llegar a todo. Todo esto sin añadir que ahora ejercemos de manitas en casa, montamos muebles de Ikea y hasta cambiamos las ruedas del coche.

No es de extrañar que últimamente mi estado a partir de las diez de la noche sea KO en el sofá.

Mi rutina de cuidados faciales nocturnos

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Suelo bromear con la idea de que en un supuesto extravío de equipaje en el aeropuerto, prefiero mil millones de veces que pierdan mi maleta a mi neceser, porque el ‘precio estimado’ del segundo superar con creces el del primero. Y es que durante los últimos años he descubierto la importancia de invertir en ciertos productos como los zapatos, abrigos y, por supuesto, cosmética y maquillajes. No es que me maquille en exceso, todo lo contrario, suelo usar un look bastante natural, pero sí me gusta que los productos que utilizo no sólo no dañen mi piel, sino que además la cuiden.

Así, es importante que los cuidados de la noche sean los adecuados, porque puede resultar falta irse a la cama con los restos de maquillaje y polución en el rostro. Por ello, aunque reconozco que no voy sobrada de tiempo, sí que me tomo tiempo en mi rutina nocturna.

Lo primero es la limpieza. Comenzando con la de los ojos con un desmaquillante de Sisley que me encanta, porque con unas pocas gotitas y una pasada (sin frotar para no provocar arrugas) elimina hasta los restos del rímel más potente. Siempre con discos desmaquillantes grandes y suaves.

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Después, con un nuevo disco, ponemos un poco de agua micelar, yo utilizo en concreto la de Avène, no resulta nada agresiva para la piel y sin embargo retira muy bien el maquillaje de todo el día.

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Como soy muy maniática, no me vale sólo con esta limpieza, así que también utilizo un producto jabonoso de Estée Lauder, por si quedase aún algún resto, que me pongo en la cara haciendo espuma, éste en concreto hace mucha y huele muy bien, y que retiro con agua.

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Tras la limpieza, es el momento del tónico, para el que vuelvo a recurrir a Sisley porque es muy suave y poco invasivo.

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Para finalizar, hay que completar con una buena hidratación. En primer lugar, alterno un sérum de Chanel que descubrí hace cuatro o cinco meses (también hay otro para el día y uno más para fines de semana) que me encanta con un poco de agua termal de Avène.

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Y por último, hidratante y contorno de ojos ‘Le lift’ de Chanel. La crema es increíble, deja el rostro que no apetece ni maquillarlo, unifica la piel, hidrata y además no salen nada de brillos.

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Y una vez así, los dientes y a la cama…

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Con calcetines y a lo loco

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Decía Marlene Dietrich que “nos reímos de la moda de ayer, pero nos emocionamos con la de antes de ayer cuando está en vía de convertirse en la de mañana”. Y es que la moda además de ser, como dicen, cíclica, en ocasiones resulta ciertamente enigmática, porque hay tendencias imposibles de entender. Si intentando definirla, uno aplica únicamente el criterio estético, se dará cuenta de que hay determinados estilos que no encajan. Si apela al social, tampoco justifica ciertos modismos. Y si consideramos el de utilidad, no tengo que recordarles lo incómodos que resultan algunos looks de última moda. Entonces, ¿cómo surgen las tendencias, pues?

Teniendo en cuenta que en mis años universitarios en ‘La Complutense’ cursé una asignatura de libre configuración que llamaban ‘Semiótica y Sociología de la Moda’ impartida, curiosamente, por Jorge Lozano, hermano de la periodista del corazón Lidia Lozano, estaba predestinada a encontrar, tarde o temprano, la respuesta. Lo que nunca imaginé es cómo se me revelaría tal conocimiento.

¿Sabéis ese momento después del verano en el que abres tu cajón de la ropa interior y en un arrebato casi demoniaco decides tirar a la basura, sin contemplaciones, todas las medias que se te ponen delante porque consideras que están viejas y usadas? Seguro que no os suena extraño… Por ese mismo motivo, también sabréis a lo que me refiero cuando uno justifica ese momento de furor irracional mintiéndose a si mismo con un “en cuanto pueda, compro nuevas y las repongo”. Pero ese ‘en cuanto pueda’ nunca llega, no por falta de ganas, sino de tiempo. Y una mañana te levantas, compones el conjunto de la jornada, y cuando vuelves al cajón de la lencería… ¡Horror! Tus medias yacen en la basura desde hace meses y jamás repusiste la mercancía. ¿Qué ocurre? Improvisas y te marcas un look con zapatos de salón y calcetines pensando “voy a ser súper moderna”. Eso sí intentando que estos sean lo más discretos posibles y evitando animalitos y dibujos infantiles.

Pero claro, esta circunstancia no pasa desapercibida en tu entorno que desvía miradas furtivas a tus pies, en los casos más discretos, y te espeta “pero qué te has puesto”, en los menos prudentes. Y es que ni tú misma atisbas ese punto de moderna. Sin embargo, según van pasando las horas, te das cuenta de que no queda tan mal, y que además la ocurrencia te ha salvado de una emergencia. Y te vas consolando pensando en que “si se lo ponen las blogueras y van tan estupendas, por qué no puedes hacerlo tú”. Te has convencido a ti misma , y una vez que has conseguido la máxima, empiezan a llegar el resto de comentarios de aprobación y, sobre todo, mensajes con mucho humor que convierten la anécdota en algo simpático. Tal fueron las reacciones que decidí que el mundo entero debía conocer el hallazgo y compartí la foto en mis redes sociales, lo que sumó más comentarios ingeniosos a mi mañana: “Aún me río, has estado sublime”, María Jesús Quiñonero; “Marcando tendencia”, Lola García; “Te comprendo Mónica”, Toñi Abenza o “No pasa nada. Al fin y al cabo, siempre se ha dicho que los locutores presentan el telediario en calzoncillos”, Alfonso Alcolea; y risas, muchas risas, porque no hay nada más sano que reírse de uno mismo.

El caso es que entre broma y broma al final unos cuantos quedaron cautivados con la tendencia. Y es que todo es, cogerle el puntico al look. Vamos que si Karl Lagerfeld se cruza conmigo, en la París Fashion Week del año que viene desfilan todos como en los ochenta se marcaban algunos sus outfit discotequeros: zapato negro y calcetín. Y es que la moda nace de situaciones de urgencia, emergencia, necesidad e improvisación. ¿Cuántas atareadas madres (como locas) marcan tendencia con sus calcetines de diferente color? Sin embargo, moderemos nuestra transgresión que “no hay nada tan peligroso como ser demasiado moderno”, decía Óscar Wilde.

Una vida de cine

butacas cineDecía un novelista estadounidense que “lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros”. Más o menos esto debe ser lo que me produce a mí el séptimo arte, pues confieso que es mi mejor terapia contra el aburrimiento, la tristeza e incluso el enfado. Más efectivo incluso que una jornada de shopping. Después de una sesión cualquier disgusto, por grande que fuere, parece menor. Tal es mi fascinación por el mundo de la cinematografía que incluso ha inspirado algunas de mis recientes lecturas, desde las tradicionales biografías a otros ejemplares que recogen aspectos más sórdidos y truculentos del cine. Para quienes disfruten del morbo de estas historias, recomiendo ‘Hollywood Babilonia I’ y ‘Hollywood Babilonia II’ ambos volúmenes repasan los escándalos de la meca del cine vinculados a rostros del celuloide devastados y marcados por problemas con el alcohol, drogas, orgias, asesinatos, odios y pequeños vicios inconfesables. Si uno busca algo menos siniestro, ‘Moteros Tranquilos, Toros Salvajes’ narra los inicios de una generación de cineastas, con Scorsese, Coppola y Spielberg, entre otros, y actores, Robert De Niro, Al Pacino y Jack Nicholson, que marcaron para siempre la historia del cine.

Y es que, además de la sensación que produce sentarse delante de la gran pantalla, hay películas que, más allá de hacerte pasar un buen rato, te marcan para siempre. Aún recuerdo, como si fuese ayer, mi primera vez en el cine. Fue en ‘El Thuillier’ de Caravaca, un teatro reconvertido en cine -que afortunadamente se ha vuelto a recuperar para este fin con el nuevo Equipo de Gobierno en el Ayuntamiento, ya que la ciudad carece de cualquier otra sala de exhibición-. El film, ‘Rain Man’, era una recomendación que nos hacían en el ‘cole’ y, como nosotras (mi hermana y yo) siempre hemos sido muy bien mandadas, como dicen las madres, o muy pavas, como señala mi hermana, convencimos a nuestro padre pese a nuestra corta edad, ya que corría el año 89 y contábamos apenas con 5 y 6 años, para ir al primer pase. De esa tarde recuerdo, sobre todo, la abrumadora y extraña sensación de ver a un hombre hecho y derecho para una niña de mi edad (mi padre) llorar con aquella historia. Este hecho provocaría que esa película esté, incluso a día de hoy, en mi top 10 de favoritas. De mi infancia, también incorporaría ‘E.T. El Extraterrestre’, quién no.

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Programa Especial Navidad ‘Murcia Más Cerca’ vía streaming.

Con el tiempo descubrí que había heredado de mi progenitor, entre otras muchas cosas, esa querencia a derramar alguna que otra lágrima frente a la gran pantalla. Entre las películas que más me han hecho llorar: ‘En el nombre del padre’, de Jim Sheridan y protagonizada por Daniel Day-Lewis, de quien también incluiría entre mis favoritas ‘Mi pie izquierdo’; y ‘Salvador’, una película con Daniel Brühl de 2006 que cuenta la historia de la ejecución a través de garrote vil del anarquista Salvador Puig Antich y que quizás pasó sin pena ni gloria pero que consiguió despertar en mí sentimientos de rabia e impotencia que acabaron en llanto. Lamentos y sollozos que me provocan fundamentalmente las injusticias plasmadas en el celuloide. En esta línea, de grandes dramas, incluiría también la oscarizada ‘Lista de Shindler’.

En un ámbito de tragedias más domésticas y en el que los grandes papeles y personajes son los protagonistas destacaría ‘Un Dios Salvaje’, de Polanski, con las increíbles interpretaciones de Kate Winslet y Christoph Waltz, un poco más reciente, ‘Agosto’, una película también muy coral con Meryl Streep, Julia Roberts, Benedict Cumberbatch, Chris Cooper y Sam Shepard, entre otros.

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Radio televisada en romMurcia Radio

También por las increíbles interpretaciones, pero en una línea más cercana a la comedia, recomendaría ‘Una cuestión de tiempo’, un película de las que te deja con una estupenda sensación en el cuerpo y que además cuenta con una destacable banda sonora; ‘La teoría del todo’, con Eddie Redmayne; y, la más reciente de todas, ‘Joy’ con una estupenda Jennifer Lawrence y un ‘exquisito’ Bradley Cooper, fenomenal también en ‘El Francotirador’ y ‘El lado bueno de las cosas’.

Otros títulos de diversos estilos y épocas podrían ser: ‘Jules et Jim’, de Truffaut, ‘El Padrino II’, ‘Matar a un ruiseñor’, ‘La vida es bella’, ‘Cinema Paradiso’, ‘American Beauty’ ‘El Club de la Lucha’, ‘Dos hombres y un destino’, ‘Todos los hombres del presidente’, ‘Gran Torino’, ‘Olvídate de mí’, ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, ‘Los Miserables’, en el género musical, ‘Taxi Driver, ‘Resplandor’ y en cuanto a españolas: ‘Los lunes al sol’, ‘Mi vida sin mí’, ‘Tesis’, ‘Mar adentro’, ‘La lengua de las mariposas’, ‘Los amantes del círculo polar’, ‘La vida secreta de las palabras’, y de los últimos tiempos, creo que ‘La isla mínima’ será, con el tiempo, un hito, No están todas las que son, pero son todas las que están.

La Magia del Orden. Para organizar tu casa y tu vida.

image4Aprovechando el regalo de Navidad que le hacía a mi hermana del libro ‘La Magia del Orden. Herramientas para ordenar tu casa… ¡Y tu vida!’ -seguro que con dos niños en el hogar le va a venir muy bien este año-, me hacía yo también con un ejemplar de libro de Marie Kondo, que con más de tres millones de ejemplares vendidos en todo el mundo se ha convertido en La Biblia de la organización en casa.

Como ya sabéis, soy bastante maniática y meticulosa en cuanto a limpieza y al orden, tal y como tan graciosamente reflejaba mi hermana en un artículo, con lo que auguraba que iba a disfrutar mucho este libro. Bien es verdad, que ya he mecanizado y protocolizado muchas de las tareas, lo que hace mucho más sencillo mantener la organización en casa. Sin embargo, siempre hay cosas que se escapan y se pueden mejorar.

Ahora, una vez inmersa en la lectura del mismo, debo de reconocer que hay muchas recomendaciones que me parecen obvias, aunque yo quizás parta con ventaja, y esto hace que ciertos capítulos me resulten un poco aburridos, pero estoy aprendiendo y adquiriendo otros trucos, técnicas y consejos. Tanto es así que el ejemplar está repleto de post-it, señaladores y subrayados (siempre en lápiz, por supuesto).

Aún no lo he terminado, algo que mi amiga Rebeca lamenta profundamente, pero desde aquí le digo que es cuestión de unos días y el libro estará en su poder y también compartiré por aquí las recomendaciones que me han parecido más interesantes.

¡Os mantengo informd@s!