Hace algún tiempo os contaba por aquí cómo me lo montaba para hacer del fútbol mi aliado. Bien, pues después de sobrevivir a una primera escapada Champions con ‘mi madridista’ a Lisboa -hace dos años, si no recuerdo mal -el pasado mes de mayo volvíamos a repetir experiencia con un viaje exprés a Milán reviviendo dicha final ente Real Madrid y Atlético de Madrid. En esta ocasión, como en la anterior, nos decantamos por hacer el trayecto en coche, aunque tengo que reconocer que de forma obligada ante la ausencia de vuelos asumibles sin necesidad de pedir hipoteca. Circunstancia que alargaba un poquito más el viaje y lo convertía en un auténtico road trip en pareja.

Para hacer los kilómetros más llevaderos, decidimos hacer escala en Barcelona aprovechando para visitar a unos amigos, Gerard y Virginia, que amable y hospitalariamente nos dieron cena, cama, ducha y desayuno a la ida (ya contaré a la vuelta). Así, pusimos rumbo a Milán el jueves 26 de mayo por la tarde, después de comer unas tapas cerca de casa para evitar liarnos con la cocina y los platos. Esa misma mañana trabajamos los dos y a la vuelta, y tras la parada técnica que comentaba para reponer fuerzas, a casa a terminar el equipaje. En otro post prometo compartir mis trucos para preparar maletas en tiempo récord.
El trayecto se hizo muy rápido y ameno ya que fuimos imaginando lo que veríamos en Milán. También nos animamos con una improvisada sesión de karaoke con temazos de todos los tiempos, lo que resultó sorprendentemente divertido. De esto hay testimonio gráfico y sonoro en algún que otro vídeo, pero por vuestra salud auditiva y la de mi reputación creo estos no verán la luz jamás… Bueno, al menos de momento.
A nuestra llegada a Barcelona nos esperaban nuestros anfitriones en una preciosa casa a las afueras de la ciudad que perfectamente podría haber sido la casa de nuestros sueños. Un ratito de charla y conversación con buen vino y estupenda cena y a la cama que tocaba madrugar. Por la mañana, tras el desayuno y la incorporación a la expedición de Miguel, un compañero de aventuras del ‘madridista’, emprendimos la segunda parte del viaje. Ésta no fue tan divertida como la primera: los atascos en las autovías francesas, los peajes, y los conductores lentos o kamikazes, por no decir completamente locos, hicieron de nuestro paso por el país galo una auténtica pesadilla, pero que se vio finalmente compensada en una parada con vistas espectaculares.
¡Y llegamos a la costa italiana! Lugar que nos deparaba una bonita sorpresa: cena con vistas en Arenzano. Casi de casualidad acabamos en ‘La Oficina’ un restaurante de comida tradicional italiana que si nos dicen lo que hay que hacer para llegar jamás lo hubiésemos pisado, pero la ignorancia encaminó nuestros pasos a lo alto y a uno de los recuerdos más bonitos que guardo del viaje. Varias birras Moretti y una pizza de salmón y nata después, afrontamos la recta final hasta nuestro hotel a las afueras de Milán.
Imaginaos como llegamos al hotel de cansados… aseo personal, pijama y a la cama. Y por la mañana… ¡Precioso rincón escogido para nuestro descanso!
Y lo mejor… aún estaba por llegar. Pese a que conozco casi toda Italia de norte a sur, nunca había estado en Milán y me sentía ansiosa por disfrutar del Duomo di Milano, de un buen capuccino y de un auténtico helado italiano. La vista de la catedral, tengo que reconocer que es increíblemente abrumadora. ¡Emocionante!

Durante la primera parte de la jornada hubo mucho más de fútbol que de turismo, pero también disfrutamos del ambiente que se vivía en las calles de Milán llenas de españoles animando a sus equipos.
Cuando todos partían para el estadio, Angélica -italiana que vive en Milán y que se prestó gustosa a hacerme de guía por la ciudad -y yo aprovechamos la tarde para pasear, tomar un helado en la Piazza del Duomo -10 euros por un helado, el más caro que he tomado jamás, pero mereció la pena -hacer algunas compras por las fantásticas zonas comerciales de la ciudad y hasta pude cumplir algunas tradiciones del lugar. En cuanto al shopping, como imaginaréis para mucho no dio, pero sí que me hice con un bonito vestido negro midi de encaje con un estilo muy italiano (ya pondré foto), además de regalitos varios para familia y amigos. Después localizamos un local estratégico para tomar una cerveza mientras disfrutábamos del partido.
La tarde fue estupenda, pero he de reconocer que la compañía lo fue más. ¡Gracias Angélica!
La vuelta la hicimos felices, yo por disfrutar de los encantos de Milán y ‘mi madridista’ porque volvía con la undécima a casa. Pero aún nos quedaba una fantástica velada más en Barcelona disfrutando de uno de los sitios de moda en el barrio del Born con nuestros anfitriones en la ciudad condal: Virginia y Gerard. ¡Chicos sois geniales! ¡Gracias por todo!

Como veis, aunque no me gusta el fútbol, no hay mal que por bien no venga…
Como regalo os dejo la canción que puso la banda sonora a nuestro Road Trip a la italiana.


He de confesar que no estoy siguiendo demasiado esta campaña electoral, que pocos defienden y menos aún apoyan, porque de todo se cansa una; aunque otrora -y no descarto que así vuelva a ser- la comunicación política haya sido uno de mis principales intereses. Y es que hubiese sido más razonable, económico, saludable y hasta, probablemente, democrático que un pacto entre partidos hubiese acabado con este ‘desgobierno’. Pero no sufran que no faltaré a mis principios en este artículo hablando de política al uso y mucho menos un viernes de mediados de junio, que los calores en Murcia no perdonan. Pero me apetecía mucho reflexionar en voz alta sobre el nuevo modelo o formato de campaña al que desde hace unos años vamos derivando, en el que más que buscar un presidente de Gobierno parece que hacemos casting para compañero de piso.
Si alguna vez os habéis preguntado por qué elijo o decido escribir, habitualmente, este Café Con Moka sobre asuntos, cuestiones y dilemas no excesivamente transcendentales, por decirlo de algún modo, se debe a que yo misma me reconozco; después de la intensidad de los días que vivimos, del bombardeo de información que recibimos y la densidad de la misma; fan absoluta de lecturas frescas, desenfadadas, triviales e incluso frívolas, que una puede leer sin más implicaciones, complicaciones o consecuencias. Como dice una amiga mía: “A veces necesito 15 días de pronto para desintoxicar” -refiriéndose a la revista- . Sin ir más lejos, hace un par de días, mientras ojeaba Facebook, pues esta red, junto a twitter, se ha convertido casi en mi resumen diario de noticias cuando acaba la jornada, encontré un artículo que intentaba analizar en la visión de varias mujeres lo que a nosotras nos resulta sexy de los hombres. Cual fue mi sorpresa al descubrir que no tenía mucho en común con la mayoría de las cosas que apuntaban mis compañeras. Así que decidí hacer mi propio estudio de mercado a través de whatsapp preguntando a mis amigas y valorando mis propias percepciones.